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Madre refugiada en iglesia de NYC: “No soy ninguna fugitiva”

Washington. Agencias. | 30 de Marzo de 2018 a las 16:36

En octubre pasado la guatemalteca Aura Hernández se presentó en el edificio de Inmigración 26 de Federal Plaza, en el Bajo Manhattan, como había hecho regularmente desde el 2013, cuando se enteró que tenía una orden de deportación. Allí le dieron un ultimátum: “el 30 de noviembre te tienes que ir, porque ya no te vamos a dar más tiempo”. Pero ella no se fue y logró conseguir que las autoridades de Inmigración le extendieran el plazo de salida para el 1 de marzo.

Angustiada y tratando de protegerse para que ‘La Migra’ no cumpliera su advertencia, la madre de Daniel, de 10 años, y Camila, de 15 meses, decidió con su esposo que lo mejor era dejar su casa en Westchester y refugiarse en una iglesia para protegerse. Ya conocía el caso de su paisana, Amanda Morales, quien lleva siete meses en la iglesia Holyrood de Washington Heights, y por ello golpeó las puertas allí y la albergaron durante dos semanas.

Luego, el templo Fourth Universalist Society, al lado oeste de Central Park le ofreció refugio hace casi un mes. Desde allí, la mujer de 37 años promete dar una dura batalla para que no la separen de sus hijos ciudadanos y no los manden a ellos directo a “lo que sería una tumba”.

“Yo no puedo irme por mis dos hijos y si nos vamos a Guatemala, la vida sería desastrosa y fatal para ellos”, comentó la atribulada madre, sentada en las gradas del templo, que se ha vuelto su hogar, mientras abraza a sus dos pequeños. “Allá, o le entras a las maras o te mueres. Mandar a los niños allá es a que los obliguen o a que los maten, como pasó con mi hermano, que hace dos años lo mataron por no volverse pandillero”.

La centroamericana sabe que su lucha no será fácil y aunque el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) confirmó que por desacatar la orden final, Aura es considerada “una fugitiva”, a la que podrían detener en cualquier momento, con el pecho en alto, ella insiste en que no va a dejar que le pisoteen sus derechos ni su dignidad de mujer, como denuncia que ya hizo ICE.

Denuncia violación

“Yo digo que con fe, yo voy a salir de aquí pronto. Yo quiero que me hagan justicia. No quiero suplicarles que me regalen nada, pero como Jesús, yo estoy cargando mi cruz con dignidad porque no soy ni fugitiva ni criminal, solo soy una mujer que luchan por sus hijos y de aquí solo me sacan con los pies por delante”, manifestó la inmigrante, al tiempo que denunció haber sido violada.

“A mí me hicieron algo en la patrulla. Ahí en el centro de detención. Yo nunca hablé, pero es humillante. Fue cuando entré aquí, en el 2005. Un agente de la Patrulla Fronteriza abusó sexualmente de mí”, dijo la madre. “En el 2013 hice la denuncia y ellos me dijeron que el tiempo se había acabado porque hablé muy tarde, pero yo tenía mucho miedo y vergüenza de decir algo tan horrible. Me tragué sola ese dolor por tanto tiempo y ahora me quieren tirar, pero esa rabia ahora se me volvió coraje para seguir luchando”.

Aura, quien se enteró de la orden de deportación apenas en el 2013 cuando tuvo una infracción de tránsito y el policía que la detuvo le informó que debía presentar ante ICE, explicó que le ordenaron la salida del país por no haber acudido a la corte de inmigración en el 2005, cuando la detuvieron en la frontera y le dieron fecha de comparecencia. Ahora, con un nuevo abogado y después de haber invertido sin frutos más de $15,000 en defensores, de los que uno incluso se murió, la madre anhela un respiro migratorio por haber sido víctima.

 “No solo fui abusada aquí. También sufrí tres años de violencia doméstica en Guatemala y yo prácticamente salí huyendo de allá para que no me mataran”, dijo la mujer, quien cierra los ojos con fuerza y tras tomar aire, asegura que su fe es más enorme que su dolor para sacar a sus hijos adelante.

“Cuando estás casi al filo de la muerte uno da la pelea con más furia y yo siento que esta pesadilla va a terminar pronto y que un día mi hija va a ser la futura presidenta de Estados Unidos, y actuará con justicia y mi hijo será un abogado que defenderá a quienes lo necesiten”, dijo la centroamericana. Su hijito de 10 años la miró fijamente y dijo: “no… yo voy a ser luchador… y a mi mamá no la van a deportar”.

Amanda está muy deprimida

Aura Hernández, quien compartió dos semanas con Amanda Morales, refugiada desde agosto del 2017 para no ser deportada, en la iglesia Holyrood, aseguró que su compatriota está muy deprimida y siente que va a tirar pronto la toalla. “Esto es desesperante, y a ella la vi muy mal. Yo apenas estoy comenzando, pero le digo a todos los que viven situaciones similares a causa de este gobierno de Trump, que tenemos que seguir luchando y no podemos desfallecer”, concluyó la inmigrante.

El reverendo Juan Carlos Ruíz, cofundador de la organización Coalición Nuevo Santuario, aseguró que el caso de Aura es una muestra más de los efectos que ha tenido en la comunidad inmigrante la política de persecución del gobierno Trump.

“Esa retórica racista permite y otorga licencia a la injusticia perpetrada contra nuestras comunidades de inmigrantes”, dijo el líder religioso, quien a su vez destacó que seguirán ayudando y auxiliando a todas las familias que se sienten aterrorizadas con las acciones de la Casa Blanca.

La oficina de ICE de Nueva York no respondió a las denuncias de Aura sobre abuso sexual en el 2005 cuando estuvo detenida tres días bajo personal de ICE.


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