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La caravana de migrantes

Ciudad Guatemala. Jonathan Menkos Zeissig/Prensa Libre | 10 de Abril de 2018 a las 10:14

Este martes llegará la caravana de migrantes a la Ciudad de México, marcha que, con el apoyo del grupo Pueblo Sin Fronteras, intenta por quinto año visibilizar el drama que conduce a una migración ilegal hacia Norteamérica. Los participantes —entre mil y  mil 500, según noticieros mexicanos— iniciaron su viaje en Tapachula, el pasado 25 de marzo, y en su mayoría provienen de Guatemala, El Salvador y Honduras, Estados en los que se concentra el 80% de los pobres y el 85% de los pobres extremos de toda Centroamérica; con tasas de homicidios por cada cien mil habitantes que en 2017 fueron de 32 para Guatemala, 42.7 para Honduras y 60 para El Salvador.

Los participantes en la caravana exigen su derecho a un trabajo digno y a ser tratados como refugiados al partir de sociedades violentas y excluyentes. No desean privilegios fiscales, solo quieren utilizar sus fuerzas y conocimientos para garantizar el bienestar de sus familias. También reclaman el fin de la corrupción e impunidad en sus naciones, y acabar con la violencia contra las mujeres y con el reclutamiento de adolescentes y jóvenes por las maras. Al Gobierno de Estados Unidos le piden terminar con los abusos y la represión contra los inmigrantes y que cesen las deportaciones que destruyen familias y sueños.

Sin embargo, el rumbo de la política de migración estadounidense parece tener como objetivo un trato más duro hacia los migrantes ilegales. En la última década, el presupuesto de la Patrulla Fronteriza de los Estados Unidos se ha casi duplicado. En 2017 alcanzó los USD3,805.2 millones, equivalentes a 12 veces el presupuesto destinado a la cooperación que este país envía hacia los tres países del norte centroamericano. Con esto la Patrulla Fronteriza mantuvo 16,605 agentes concentrados en la frontera sur de los Estados Unidos; es decir, el 85% del total de agentes que laboran en esta institución. En 2017 fueron detenidas 71,145 personas provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras, por cruzar la frontera de forma ilegal. Lo más preocupante es que de este total, 31,754 fueron menores migrantes no acompañados. Aunque este número es inferior a los 51,705 menores que fueron detenidos durante 2014, la cifra sigue siendo apremiante y da muestra de la difícil situación que se vive en estos países centroamericanos.

Por otra parte, la intención de construir un muro fronterizo, el anuncio de terminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para El Salvador —con lo que 200 mil salvadoreños enfrentan la posibilidad de deportación—, y el discurso del presidente Trump obligan a pensar que la posibilidad de solución por medio de una reforma migratoria es poco probable.

En todo caso, la “caravana de migrantes” debe ayudar a todos los Estados involucrados a reflexionar sobre las condiciones que generan la migración y el trato que reciben los migrantes en su intento de buscar una vida digna. Estados Unidos debe comprender que el muro y el cierre de fronteras serán políticas costosas e inefectivas. Sería más barato y efectivo apoyar esfuerzos para que Guatemala, Honduras y El Salvador avancen en la implementación de agendas concretas de nación para cumplir metas —como los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030— que eleven el bienestar social y consigan un sólido e inclusivo crecimiento económico. Los empresarios, los trabajadores y los ciudadanos de estos países deben tomar conciencia de que sin reformas profundas y democratizadoras en lo económico, lo fiscal y lo político es imposible pensar en sociedades exitosas y competitivas, y tampoco en disminuir la migración forzada.


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