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Inmigrante hondureña desea ser deportada

Diario HOY. Desde Los Ángeles. | 24 de Enero de 2008 a las 00:00
Una inmigrante hondureña, que firmó su salida voluntaria después de cumplir una sentencia de tres meses en una cárcel del condado de Los Ángeles busca ansiosamente que el Servicio de Inmigración la deporte a su país. Sin embargo, esta dependencia federal declina cumplir su deseo. “No entiendo por que no me pueden deportar. Yo me quiero ir, no tengo nada que hacer aquí. Llevo seis meses sin trabajar, no tengo a nadie, mi madre y mis hijos están en Honduras y ellos quieren que me regrese”, dijo a HOY Hermelita Muñoz, de 43 años. La situación de Muñoz comenzó a mediados del año pasado, cuando se perdió ropa en el almacén que trabajaba. Ella asegura que no tuvo nada que ver con el incidente. Aún así, relató que fue arrestada, compareció ante un juez para responder a las acusaciones de robo y un abogado público le sugirió declararse culpable. Lo hizo y cumplió tres meses y 15 días de cárcel. El 13 de noviembre agentes de la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) la recogieron en la cárcel y la trasladaron a una de sus dependencias para iniciar el tramite de su deportación. “Yo ya estaba desesperada de estar detenida, nunca había estado metida en un problema así. Lo que quería era irme. Le dije al oficial «¿donde le firmo, para que me manden mañana?» y firmé mi salida voluntaria”, contó Muñoz. “Él me dijo que aunque firmara, debería ver a un juez y que él decidiría cuando sería mi deportación”. La inmigrante permaneció detenida dos días en un centro de Inmigración y la dejaron en libertad bajo el Programa de Presencia Supervisada Intensiva (ISAP), por lo que debía de utilizar un brazalete electrónico localizador en su tobillo. “No sé cómo fue que me dejaron salir pero me alegro. Los oficiales de Inmigración se portaron muy bien conmigo, siempre se han portado bien, incluso ahora que tengo que estarme reportando cada semana”, comentó Muñoz. El brazalete se lo quitaron hace tres semanas. Con él, solo podía salir de su casa de 9:00 de la mañana a 1:00 de la tarde y de 6:00 de la tarde a 9:00 de la noche. Dentro de la casa no podía alejarse de la cama a más de cien pies. “Un día fui a sacar algo del garaje y llamaron, cuando contesté me dijeron que el aparato había pitado”, recordó Muñoz.

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