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Cura reafirma: miles desaparecen al pasar por México

EFE. Desde Ciudad de México. | 1 de Febrero de 2008 a las 00:00
Un sacerdote mexicano, aterrado por las brutales vejaciones que sufren los inmigrantes centroamericanos en su travesía por México hacia EEUU, denuncia “miles” de desapariciones de indocumentados en el país azteca. Hace ya dos meses que Luis Ángel Nieto, director de la ONG Lazos de Sangre, dejó temporalmente su parroquia de Clairmont, en Los Ángeles (California, EEUU), para realizar una “emigración inversa”, de norte a sur, por territorio mexicano, siguiendo las líneas del tren que recorren en su mayoría hondureños, guatemaltecos y nicaragüenses. En entrevista con la agencia de noticias Efe, el religioso, de 47 años, relató cómo ha recorrido más de 10,000 kilómetros en los últimos días, la mayor parte del tiempo acompañado sólo de una cámara de vídeo, para mostrar lo que considera “depredación de la dignidad humana” que ocurre a diario en México. La Asociación Mexicana de Ferrocarriles (AMF) calcula que en un tren, que sale cada tres días del sureste de México rumbo a la frontera con EEUU, viajan entre 400 y 500 centroamericanos indocumentados, que tardan hasta un mes y medio en finalizar su travesía. Los inmigrantes inician el periplo desde sus países de origen y pagan entre 3,000 y 6,000 dólares a los llamados “coyotes” (traficantes de personas) para completar su viaje a Estados Unidos, aunque también hay suramericanos que abonan hasta 12,000 dólares, como es el caso de los ecuatorianos, según Nieto. Para tomar el tren, los centroamericanos se internan a México por Tapachula o Tenosique, dos puntos fronterizos desde los cuales pueden alcanzar los 1,340 kilómetros del ferrocarril del Mayab, parte del cual fue arrasado por el huracán Stan en 2005. “Cruzar México es como un parto, un completo infierno, en el que los inmigrantes no saben en qué momento serán abortados”, relató este sacerdote, quien aseguró que sólo el 50 por ciento de los indocumentados logran transitar por territorio mexicano para llegar a EEUU, porque el resto es repatriado por México, muere o desaparece. En el trayecto los inmigrantes son sujetos de agresiones, asaltos, secuestros, violaciones, extorsiones y asesinatos, cometidos por traficantes de personas, agentes migratorios, policías, cuerpos de seguridad privada, soldados, delincuentes, pandilleros, chóferes de autobuses y hasta maquinistas de tren. Todos ellos forman una “inmensa red de cómplices que se lucran con el sufrimiento de los inmigrantes”, denunció el religioso. Además, las personas que cruzan el país deben luchar contra el hambre y la sed y evitar quedarse dormidos sobre “La bestia”, como algunos se refieren indistintamente a los trenes de los que se cuelgan para atravesar el país. Datos de algunas organizaciones civiles apuntan a que cada año más de 1,000 centroamericanos que viajan como polizones en esos trenes sufren mutilaciones en accidentes, cuando caen a las vías por cansancio o cuando son empujados. Jaime Valdez, portavoz de la empresa de ferrocarriles Kansas City Southern de México, reconoció en declaraciones a Efe que “cada mes” esa compañía captura, a través de sus agentes privados de seguridad, “entre 60 y 70 ilegales centroamericanos” que entregan después “a la policía o a las autoridades de migración”. Por esta razón Nieto considera que México “no tiene autoridad moral, jurídica o legislativa para exigir a EEUU el respeto a los derechos de los inmigrantes”, por el trato que da a los centroamericanos y porque sus leyes criminalizan la inmigración ilegal con dos años de cárcel y con diez a los reincidentes, penas que en la práctica raramente se aplican. El Gobierno registra nada más las muertes de inmigrantes en la frontera norte, unos 500 según la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), pero no existen cifras oficiales sobre las que se producen en el trayecto por territorio mexicano, que las ONG calculan en “miles”. Luis Ángel Nieto viajará esta semana a Guatemala, El Salvador y Honduras, para recibir de las autoridades gubernamentales datos oficiales sobre los centroamericanos que abandonan sus países y desaparecen en el camino hacia EEUU. México expulsó en 2006 a 179,345 personas, el 47.2% guatemaltecos y el 32.9% hondureños, y repatrió a 67,330, el 76.3% en el sureño estado de Chiapas, fronterizo con Guatemala.

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