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Un roto en la retórica patriótica

George Díaz, El Sentinel, Florida. | 13 de Agosto de 2006 a las 00:00
Juan era un excelente "prep chef" -- el ayudante que hace trabajos como adobar la comida -- para el chef principal, en un restaurante cubano de la Florida Central. El mexicano llevaba algunos años empleado cuando en el restaurante notaron una discrepancia en su número de Seguro Social. Era falso. Fue despedido inmediatamente. "Ni siquiera sé dónde estará ahora", dice su ex empleador, Rubén Pérez. Alan Beggerow, de Rock Falls, Illinois, está felizmente desempleado. Tiene 53 años y no ha trabajado con regularidad desde que la fábrica de acero que lo empleó por tres décadas cerró hace cinco años. Pasa los días tocando el piano, leyendo historias y biografías, aunque se cerciora diariamente de dedicar suficiente tiempo a la siesta. Se despierta a eso de las 11 a.m. "Me he dado cuenta de que mi tiempo libre vale mucho para mí", dijo recientemente a The New York Times. "Si la cosa se pone mala, quizás tendré que tomar un trabajo de salario bajo, y no quiero hacer eso". La semblanza de Beggerow apareció en un artículo del periódico acerca de millones de hombres en Estados Unidos entre las edades de 30 y 55 años que rechazan trabajos que piensan están por debajo de su nivel. Traducción: Son unos haraganes. La cruel ironía es fácil de captar: EE.UU. están apretando a los inmigrantes ilegales desesperados por trabajar, mientras Alan Vagoneta duerme durante horas laborables. Yo diría que esto le pone un roto del tamaño de una enchilada a la retórica patriótica de que "les quitan los trabajos a los estadounidenses honestos y trabajadores". No digo que tenemos que darle carta blanca de inmunidad a los estimados 12 millones de inmigrantes ilegales. La reforma de inmigración discutida por el Senado, que ofrece una reforma general y balanceada, es un compromiso razonable en la contienda del debate. Pero es obvio que muchos inmigrantes ilegales simplemente buscan una oportunidad económica y aceptan trabajos por poca paga: el tipo de trabajos que Alan y sus amigos consideran degradante. Más de 6.5 millones de hombres y mujeres reciben mensualmente fondos por incapacidad, más de 3 millones más que en 1990. En algunos casos, la única incapacidad se debe a la aversión a trabajos de poca paga. Mientras ellos extraen dinero del gobierno, los funcionarios federales y estatales ponen en marcha esfuerzos para alejar a los empleadores de los trabajadores inmigrantes. El Concejo Municipal de Palm Bay recientemente dio un paso adelante en la aprobación de una ordenanza que contempla $500 de multa por infracción a los empleadores de inmigrantes ilegales, e impone un castigo de suspensión de negocios por dos años en la ciudad a quienes la incumplan. Además de meterse en asuntos que pertenecen al gobierno federal, Palm Bay está alimentando el frenesí de los prejuicios, aplicando las palabras del ex presidente Teddy Roosevelt. "No hay lugar en este país para americanos con guión", dijo Roosevelt. "Un americano con guión no es americano. Eso es tan cierto para el que pone 'nativo' antes del guión, como para el que pone alemán, o irlandés, o inglés o francés antes del guión. . . . Nuestro compromiso debe ser sólo con Estados Unidos". Pero Roosevelt también dijo: "Si un inmigrante no está apto para convertirse en ciudadano, no le debe ser permitido venir aquí. Pero si está apto, se le debe dar todo el derecho de ganarse la vida, y mejorarse . . . ". Por lo que parece, Juan estaba tratando de mejorar, a pesar de los líos legales. En el caso de Alan, el canal por cable TV Land tiene maratones de comedias de otras generaciones durante el día completo. Green Acres comienza el domingo a las 11 a.m., por si se ha levantado a esa hora.

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