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Disminuye el empleo de jornaleros en Nueva Orleans

Nueva Orleáns. El Diario (NY). | 17 de Febrero de 2008 a las 00:00
El frío es abrumador, especialmente en los meses de otoño e invierno, pero desde a las 6:00 a.m., cientos de jornaleros llegan diariamente a una esquina de las 20 que el Centro de Justicia Racial de los Trabajadores de New Orleans (CJRTNO) ha contabilizado después de Katrina. En su mayoría son mexicanos, pero hay un gran número de trabajadores de El Salvador, Nicaragua, Honduras y Guatemala. Muchos de ellos llegaron directamente de sus países de origen y otros de diferentes estados de la Unión Americana. A poco más de dos años y medio de la tragedia, el trabajo de limpieza y demolición se ha detenido y el de construcción está por llegar, es por eso que desde el año pasado, la demanda de mano de obra ha disminuido. Lazaro De León, originario de Guatemala, llegó a New Orleans un mes después del huracán, y un día más tarde ya estaba levantando árboles y tirando casas con compañías de gobierno y privadas. "Al inicio los cheques nos salían hasta mil dólares a la semana. Eso sí, no descansábamos ni un solo día", expresó De León. "El trabajo era tanto que hasta nos iban a buscar a nuestras casas, pero sólo duró unos ocho meses y ya después bajó". Jacinta González y Dennis Soriano, miembros del Congreso de Jornaleros tratan de organizar a los 20 mil, o posiblemente hasta 60 mil trabajadores que llegaron a Nueva Orleans después del huracán. "Lo que sabemos es que antes del huracán no había esquinas de jornaleros y ahora tenemos por lo menos 20 esquinas identificadas en donde hasta 100 trabajadores buscan empleo", explicó González. Con el nombre de CJRTNO, los activistas buscan evitar que las personas que vienen a trabajar y a reconstruir la ciudad no sean calificados de criminales y mucho menos se les explote. Soriano indicó que en tres meses que llevan organizando a los trabajadores, por lo menos han recibido 120 quejas de jornaleros a los que han hecho trabajar sin paga o que han sido detenidos por la policía sólo por solicitar empleo en la vía pública. "Este es uno de nuestros objetivos, tratar de buscar un lugar donde los trabajadores puedan conseguir trabajo sin temor a ser detenidos por las autoridades y donde se les asegure que los contratistas o personas que se los llevan a trabajar les paguen por su labor", indicó Soriano. Los activistas indicaron que debido a que el fenómeno de los jornaleros es nuevo en Nueva Orleans, buscarán crear canales de comunicación con las autoridades para que conozcan más del trabajador que contribuye a la sociedad. Desafortunadamente no todos los jornaleros llegaron con fortuna. Un grupo de 80 inmigrantes de Perú y Bolivia fueron engañados con jugosos sueldos y al final dijeron sentirse como esclavos porque no les pagaban y los hacían trabajar horas extras. Uno de ellos fue Carlos, quien prefirió no revelar su apellido porque en estos momentos se ventila en el juzgado una demanda contra la compañía hotelera Decatur, que fue la que los trajo.

Esperan más trabajo

Ray Nagin, alcalde de New Orleans, indicó recientemente en su propuesta del presupuesto de 2008 que la era de recuperación había terminado y en el presente año venía la era de la reconstrucción Martín Rodríguez, director del Apostolado Latino, explicó que después del huracán Katrina hubo mucho trabajo de limpieza y demolición, pero ahora las cosas empezaban a cambiar. "El trabajo se detuvo un poco porque las constructoras y contratistas estaban en espera de los fondos federales, pero se espera que en los siguientes meses se reactive el proceso de construcción y el trabajo se vuelva a incrementar", dijo Rodríguez. "Creemos que el trabajo que viene será para personas más calificadas, así que los que conozcan un oficio serán los que posiblemente puedan tomar ventaja de la situación". Peter Ricchiuti, decano de la Universidad de Tulane, explicó que muy posiblemente surja la necesidad de más trabajadores porque la demanda de mano de obra para reconstruir la ciudad será enorme. "Los jornaleros han venido a llenar un vacío que quedó en la ciudad. Ellos han sido muy benéficos para la economía porque vinieron a aportar. Con el inicio de la fase de reconstrucción de la ciudad, no dudaría que la comunidad latina se siga multiplicando y con ello enriqueciendo la diversidad y economía de Nueva Orleans".

Problemas

Uno de los mayores problemas que tienen los jornaleros es la falta de cuidado médico. Jennifer Whitney, coordinadora para la salud y la justicia es una de las voluntarias que desde hace dos años se ha preocupado porque los jornaleros, por lo menos cuenten con chequeos médicos gratis. Uno de los retos es presionar a las autoridades, dijo Whitney, para que contrate personal bilingüe porque, en muchas ocasiones, los trabajadores no pueden ser atendidos por no hablar inglés. "Es increíble que en una ciudad donde hay mas inmigrantes latinos, en un hospital tengan un traductor del idioma portugués y no de español", expresó. Según Whitney, las barreras culturales o legales en muchas ocasiones obligan a los trabajadores a no ir al hospital hasta que la situación es de emergencia, multiplicando el costo y riesgo para la salud. Respecto a las autoridades, un oficial que prefirió no dar su nombre, dijo que ellos no trabajan con inmigración y que su enfoque es evitar la violencia, no enfocarse en el estado legal de las personas. "No vamos a detener a nadie por su color de piel o porque no habla inglés. Si lo detenemos es porque cometió una violación de tránsito o cometió un delito", expresó el oficial, quien agregó que los robos han aumentado, pero en muchas ocasiones es contra los mismos jornaleros, quienes cambian su cheque en pequeños negocios o tiendas. De acuerdo con decenas de trabajadores latinos que desde muy temprano llegan al estacionamiento de Lowes, en algunos barrios los afroamericanos son quienes más los roban. Debido a la baja demanda de mano de obra actualmente, algunos jornaleros dijeron que han pensado irse de New Orleans, pero otros se mantienen optimistas. "Si miras alrededor, todavía hay mucho trabajo, posiblemente para los siguientes 10 años, pero lo que pasa es que hasta ahorita el gobierno federal y el local no han querido soltar el billete, pero estamos seguros que pronto lo harán", dijo José Páez, jornalero de Honduras.

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