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Pese a vallas, inmigrantes siguen cruzando la frontera

San Luis, Arizona. Agencia Reuters. | 6 de Marzo de 2008 a las 00:00
Diariamente, los agentes fronterizos del pueblo de San Luis en Arizona enfrentaban a grupos de hasta 200 inmigrantes ilegales que cruzaban a toda velocidad la frontera desde México, buscando una nueva vida en Estados Unidos. Pero hace 18 meses una solitaria valla fue reforzada por dos barreras de acero más altas, un sistema de vigilancia con cámaras de video e iluminación similar a la de un estadio. "Fue aplastante," dijo el agente Andrew Patterson. "Esta solía ser un área muy conflictiva, y ahora estamos casi en cero," agregó. San Luis, un pueblo en la región oeste de Arizona, es uno de tantos a lo largo de la frontera de 3,200 kilómetros que divide a Estados Unidos de México, en los que se están instalando vallas nuevas como parte de una iniciativa gubernamental para frenar el flujo de inmigrantes ilegales. Washington planea construir 1,070 kilómetros de vallas, incluyendo cercas peatonales y vehiculares, hacia el final del 2008. Hasta el momento han sido instalados más de 480 kilómetros, y el Gobierno está resuelto a terminar la tarea en este año electoral, como decretó el Congreso. La medida ha generado controversia. Mientras algunos habitantes de la zona la ven como una intromisión gubernamental y protectores del medio ambiente argumentan que obstruye el flujo de la fauna local, los agentes aseguran que es muy efectiva. "Ha sido un éxito enorme. Ha permitido a nuestros agentes ganar el control del área y ha funcionado como disuasivo para la gente que piensa cruzar," dijo Jeremy Schappell, portavoz de la Patrulla Fronteriza en Yuma, al que pertenece San Luis. La inmigración ilegal es un tema candente. La promesa de asegurar la porosa frontera con nuevas barreras, más personal y nuevas tecnologías es hecha a menudo tanto por candidatos republicanos y demócratas que buscan representar a su partido en las elecciones presidenciales de noviembre. La barrera construida en San Luis es similar en diseño a las instaladas en San Diego, California, o El Paso, Texas, en la década de 1990, que permitieron a la Patrulla Fronteriza recuperar el control de las que entonces eran las áreas más afectadas por la inmigración ilegal. Según habitantes de El Paso, el cerco reforzado ayudó a disminuir los cruces ilegales y los delitos en la ciudad. Pero sin la vigilancia de 24 horas, la iluminación y las cámaras conectadas a un cuarto de control manejado por la Guardia Nacional, la cerca de El Paso sería poco intimidante. "A lo largo de esta extensión, la valla por si misma no detiene a nadie, pero los frena y nos da tiempo para reaccionar. Esos segundos adicionales son vitales y mucha gente no se percata de eso," dijo el agente José Cisneros. "No puedes poner una cerca y decir que ahí termina el asunto," agregó. Diariamente, los agentes de El Paso encaran a traficantes de personas que forman grupos en el lado mexicano del Río Bravo a plena luz del día, esperando el momento adecuado para saltar la valla y correr unos metros hacia las calles de la ciudad. "Mientras que en las zonas despobladas cruzan bajo el manto de la oscuridad, en la ciudad esperan la luz del día para poder mezclarse con la población," explicó el agente Joe Romero a Reuters, durante un reciente recorrido por el área para observar el cerco en acción. Corresponsales de Reuters fueron testigos de cómo dos hombres cruzaron las aguas del Río Bravo, saltaron la valla y corrieron hacia una transitada autopista en El Paso, donde fueron arrestados. "Cada vez que los traficantes piensan que un agente está distraído o una cámara está averiada, le dicen a los inmigrantes que es el momento de intentar el cruce," dijo Romero, resaltando la necesidad de la vigilancia y respuesta acelerada para que las vallas sean eficaces en la zona urbana. Pero no todos los tramos del nuevo cerco son efectivos. En el pequeño pueblo de Naco, Arizona, se instaló una renovada valla metálica de entre tres y cuatro metros de altura, que a decir de la Patrulla Fronteriza ha ayudado a lograr arrestos, pero los pobladores dicen ha servido de poco. Durante dos visitas recientes a la zona, corresponsales de Reuters encontraron improvisadas escaleras de madera usadas por los inmigrantes para cruzar la frontera. Según John Ladd, propietario de un rancho en el área, diariamente saltan la flamante valla entre 300 y 400 personas. "Es muy sencillo escalarla, he visto a dos mujeres embarazadas, varias mujeres de unos 60 años y niños de entre 5 y 10 años hacerlo," dijo Ladd. "Ellos reciben ayuda, pero cuando lo pones en perspectiva, es muy impresionante tener a una mujer con nueve meses de embarazo saltando la cerca y creer que esta va a ser la respuesta a nuestro problema de inmigración." agregó.

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