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División familiar, el precio de la emigración de millones de latinos

Oaxaca, México. Agencia AFP. | 19 de Marzo de 2008 a las 00:00
Millones de mexicanos y centroamericanos tienen como principal sustento las remesas que reciben desde el exterior, pero el alivio económico que llega es fruto de una dolorosa división familiar. Es el caso de María Rodríguez, de 40 años, quien vive al cuidado de sus cuatro hijos en el poblado de La Cienega Zimatlan, en el estado de Oaxaca, sureste de México, mientras su marido Ramiro Martínez trabaja como jardinero en Los Angeles, Estados Unidos, lo que permite enviarle unos 300 dólares al mes. "Al mes me manda entre 250 y 300 dólares, casi nunca falla, pero ese dinero no alcanza para nuestros gastos, por lo que tengo que vender tortillas (el pan de los mexicanos) todos los días", dijo María a la AFP. "Desde que mi marido se fue hace ocho años, ha regresado como seis veces, pero dice que ya no vuelve a trabajar en nuestra tierra, porque aunque allí está muy difícil la situación con la migra (policía fronteriza), al menos tiene un trabajo", dijo la mujer, quien afirma que sin las remesas no podría enviar a sus hijos a la escuela. María comenta que con la venta de las tortillas gana entre 10 y 15 dólares al día, lo que apenas le alcanza para comprar parte de la comida y otras necesidades, aunque a la vez debe multiplicarse en varias tareas cotidianas debido a la ausencia de su marido. "El trabajo nos aumenta, tenemos que cuidar a los hijos, hacer los quehaceres de la casa, cultivar nuestro pedazo de tierra, colaborar en los trabajos de la comunidad y todavía salir a trabajar para que nos alcance el dinero que nos mandan nuestros hombres", se lamenta. Desde Oaxaca, uno de los estados más pobres de México, han emigrado a Estados Unidos unos 500.000 de los 1,6 millones de habitantes del distrito, donde un levantamiento popular en 2006 disminuyó abruptamente el turismo estadounidense y europeo, su principal fuente de ingresos. Las dificultades económicas en Estados Unidos repercuten por ejemplo en el estado mexicano de Chiapas, donde familias de indígenas campesinos han dejado de recibir este año las remesas que les enviaban semanalmente los jefes de familia que emigraron a ese país. Wilfredo Hernández, vocero del Movimiento Campesino Regional Independiente, señaló que la situación empieza a desesperar a las familias, ya que para algunos era el único sustento, y señaló que muchas mujeres han optado por volver a trabajar en el campo que dejó el emigrante. Esta situación coincide con una tendencia a la desaceleración en el flujo general de remesas hacia América Latina, que recibió unos 66.500 millones de dólares en total en 2007, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). En el caso de México, sus ciudadanos afincados en Estados Unidos enviaron a sus familiares un total de 23.900 millones de dólares en 2007, lo que representa una de las principales fuentes de ingreso del país. Alrededor de 12 millones de mexicanos viven en Estados Unidos, de los cuales casi la mitad son indocumentados. También para los países centroamericanos los fondos enviados por sus emigrados constituyen pilares de las economías y sustento principal para miles de familias. En Honduras, las remesas pasaron de 536,7 millones de dólares en 2000 a 2.621,8 en 2007, según el Banco Central. De un millón de hondureños que residen en el exterior (el 14% de su población), unos 850.000 radican en Estados Unidos. Los 2,8 millones de salvadoreños emigrados enviaron en 2007 a sus familiares 3.695,3 millones de dólares, equivalente a 18,1% del Producto Interno Bruto. Para Guatemala, las remesas de sus 1,3 millones de emigrantes -de los cuales 95% vive en Estados Unidos- constituyen la segunda fuente divisas alcanzando más de 4.000 millones de dólares en 2007.

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