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Claman en Viernes Santo por unión de las familias inmigrantes

Diario La Opinión de Los Angeles. | 22 de Marzo de 2008 a las 00:00
El redoble de un tambor fue el encargado de ir rompiendo el silencio. Atrás, una muchedumbre vestida con camisetas blancas en las que podía leerse la frase "familias juntas" fue avanzando con paso sereno, encabezada por una enorme cruz que sostenían en volandas seis hombres vestidos de morado. Para muchas familias latinas, la Semana Santa es un tiempo de devoción en el que se celebra la pasión, muerte y resurrección de Cristo, pero también un recordatorio simbólico de la cruz que algunos, particularmente los indocumentados, deben aguantar durante todo el año. El vía crucis organizado por la Misión Dolores para conmemorar el Viernes Santo de este año tuvo ayer un aliciente añadido a los celebrados en ediciones anteriores. Las más de 200 personas que participaron en la procesión recorrieron las 1.3 millas que separan la iglesia en Boyle Heights hasta el Edificio Federal de Los Ángeles para exigir respeto a las familias. Como si ese edificio, el que alberga las oficinas de Inmigración, representara un calvario para quienes no tienen papeles. "Los inmigrantes se identifican con Jesús en el sufrimiento de ver separar a las familias cuando lo viven en carne propia", dijo Sean Carroll, pastor asociado de la Misión Dolores. "Muchos no pueden regresar a sus tierras, pero tampoco aquí pueden ganar un sueldo digno porque el sistema migratorio les da la espalda". Los carteles que clamaban por un alto a las redadas y a la separación de familias se entremezclaban entre los caminantes con aquellas otras pancartas que escenifican los 14 pasos del vía crucis que relatan los últimos momentos de Jesús en la Tierra. "El pueblo latino ha despertado y está clamando justicia", dijo Giovanni Bizzotto, párroco de la iglesia del Santo Rosario. "Los inmigrantes aportan mucha cultura y tradiciones a este país, pero arrastran décadas de historia en las que no se les ha considerado favoritos pese a que en muchos casos ya sean la mayoría". "Para mí es un orgullo cargar la cruz en esta Semana Santa porque con ello quiero mandar un mensaje a los legisladores de que es hora de aprobar una amnistía, de que den la oportunidad de trabajar a todo el mundo y de reunificar a nuestras familias", comentó José Amador Jacobo, uno de los costaleros que llevaban la cruz de 13 pies de alto a hombros. "Muchos hemos salido de nuestros países, no porque queramos, sino por las guerras o por la situación económica", dijo por su parte María Quintana, que acudió a la procesión junto a su familia. "Nosotros no tenemos la culpa de tener que buscar una mejor vida, pero a muchos les falta el conocimiento de que no venimos a hacer daño a nadie. A ellos les digo que Dios les perdone porque no saben lo que hacen". Se calcula que el 80% de los inmigrantes no cumplen sus sueños para establecer "una vida con dignidad", según Bizzotto. Tanto a ellos, como a quienes pasan por precariedades económicas o problemas familiares, incluyendo a los casi 90 mil indigentes que hay en Los Ángeles, fue dedicada la procesión del Viernes Santo. "Todos nuestros hermanos y hermanas merecen ser tratados con dignidad y respeto", reseñó Gabino Zavala, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Los Ángeles en la región de San Gabriel. "Jesucristo murió en la cruz por todos nosotros, sin tener en cuenta el estatus migratorio. Pero el sistema actual está creando miedo y sufrimiento en nuestras comunidades, forzando a que más gente viva en la sombra y en los márgenes de la sociedad". Conforme avanzaba la procesión, que escoltada por las autoridades se adueñó de la calle Primera durante un buen tiempo del día de ayer, se fueron leyendo pasajes bíblicos, a la vez que los caminantes alternaban entre rezos del Padre Nuestro, el Santo Rosario y el Ave María. Con una vela en la mano, y su hija portando un plato con la imagen del Jesús de la Misericordia, Guillermina González se hacía hueco en la procesión "para pedirle a Dios que nos dé su luz con la que protegernos de los ataques". "Jesús derramó su sangre por todos. Dios ve a través de cada ser humano", añadió esta residente que en los últimos años ha asistido a cada uno de los vía crucis organizado por la Misión Dolores. Los menores no estuvieron ausentes del recorrido. Un grupo de niños sostenía una de las pancartas que abrían la procesión, mientras otros más pequeños se sumaban empujados en los carritos que llevaban sus madres. Por momentos, el desfile hizo sus paradas para respetar y dar lectura a cada una de las 14 estaciones, a lo que seguía el canto solemne en el que se le pide a Dios Padre que escuche el grito de su pueblo. Un grito que ayer, en forma de procesión y de unión, clamó por un mayor respeto a los inmigrantes y a favor de una integración que reconozca a quienes están indocumentados. "Jesús también fue inmigrante. Y cuando vieron lo que hablaba muchos se pusieron en su contra", dijo Quintana. "Eso mismo nos pasa a los latinos. Somos gente de paz. Si tan sólo nos conocieran un poquito más, todos estaríamos mejor. Tenemos respeto, amor y entrega por este país. Pero como somos latinos, estamos llamados a ser el problema".

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