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Latinoamérica, la otra tierra de oportunidades

Ciudad de México. Diario El Universal. | 23 de Marzo de 2008 a las 00:00
Estados Unidos ya no es la única tierra de oportunidades y donde los sueños se realizan. En América del Sur, Brasil y Chile son atractivos para quienes carecen de empleo, mientras Costa Rica se convierte en un polo de atracción en Centroamérica por la disponibilidad de trabajos para carpinteros, choferes o albañiles. Aunque la tradición dicta que miles de latinoamericanos ven al norte como su destino ideal, la expansión de algunas economías de Centro y Sudamérica las convierten en una alternativa para mejorar su condición, sin enfrentarse a las duras políticas migratorias de Estados Unidos, o correr los riesgos de quien intenta ingresar sin papeles al país. En Centroamérica, región que anualmente expulsa a miles de migrantes, empresas costarricenses buscan en el exterior trabajadores especializados para cubrir la falta de mano de obra en actividades en crecimiento. Varios grupos productivos han pedido al gobierno autorizar el ingreso de extranjeros capacitados en cocina de alto nivel, transporte público e, incluso, ingeniería en informática. El sector de la construcción además requiere técnicos especializados en electricidad, topografía, dibujo técnico y carpintería fina. Se trata de puestos que tradicionalmente no han sido cubiertos por inmigrantes y que, además, requieren de título profesional o técnico. Los empresarios incluso piden al gobierno su aval para buscar personal más allá de Centroamérica (su mercado laboral inmediato), pues consideran que pueden encontrar las personas que requieren en el sur de México o en países como Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela. Mario Zamora, director de Migración y Extranjería de Costa Rica, confirmó que ha recibido peticiones para otorgar permisos temporales de trabajo en las áreas citadas. Por ejemplo, una sola empresa de autobuses solicitó aprobar el ingreso de 300 choferes nicaragüenses. Costa Rica vive en este momento una tasa de desempleo de sólo 4.6% pero, a la vez, faltan trabajadores calificados. Rónald Jiménez Lara, vicepresidente de la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación, confirmó que este sector decidió "importar talento" como medida de corto plazo para aplacar la escasez de profesionales. "Hay una falta de mano de obra calificada en Costa Rica, muy bien por el país porque las generaciones nuevas tienen empleo, pero se pueden ir destapando negocios y en el largo plazo puede ser peligroso", dijo Jiménez. En noviembre pasado, el Ministerio de Trabajo autorizó el ingreso de 10 mil trabajadores centroamericanos para laborar en construcción. Ese sector crecerá entre 10% y 15% este año, de acuerdo con cálculos empresariales. El petróleo es motor Los años de crecimiento económico y revaluación de la moneda provocaron una inversión en el flujo migratorio en Brasil. Al mismo tiempo en que el sueño de la vida en el exterior ya no seduce tanto a los brasileños como en la década pasada, el país ve crecer la proporción de extranjeros que quieren aprovechar en el buen momento de la economía verde y amarilla en el mercado formal o informal. En 2007, el Ministerio del Trabajo brasileño concedió casi 30 mil autorizaciones de trabajo permanentes y temporales a extranjeros. El número es 46.2% mayor que en 2004, cuando fueron dadas cerca de 20 mil concesiones. Ese fenómeno está conectado al aumento de inversiones de empresas extranjeras en Brasil y de empresas nacionales en equipamientos y tecnología. Ambos casos resultaron en la importación de mano de obra calificada, venida principalmente de Estados Unidos y Reino Unido. "Es un flujo que se da principalmente en función del sector petrolero. Las empresas extranjeras trajeron técnicos para implementar sus proyectos y productos. Los brasileños adquirieron equipamientos, como plataformas de perforación de pozos y necesitan de especialistas para operarlas", afirma Paulo Sérgio de Almeida, coordinador general de Inmigración del Ministerio del Trabajo. Pero esa no es la cara más visible de ese fenómeno, que puede revertir una tendencia de caída que viene desde la década de los 70. En el país del futbol llamó la atención en el inicio del año "la invasión" de los jugadores extranjeros — principalmente sudamericanos — en los clubes de mayor hinchada del país. Los 15 mayores equipos ya contrataron 30 extranjeros en 2008, que hicieron del portuñol la segunda lengua de los céspedes brasileños. El intenso flujo migratorio también trae preocupaciones al gobierno brasileño. Hay relatos permanentes de casos de explotación de la mano de obra de inmigrantes en las principales capitales brasileñas. En particular, de bolivianos que trabajan hasta 17 horas por día en confecciones de pequeño y mediano tamaño en Sao Paulo. La jornada no es pagada con salarios, sólo con refugio y comida. Según el gobierno brasileño, cerca de 40 mil bolivianos tuvieron su situación regularizada en los últimos años en un intento de mejorar su calidad de vida. "La explotación se da mucho en función de la situación migratoria irregular. Sin documentos, el inmigrante tiene miedo de que su patrono lo denuncie a la Policía Federal y se hace presa fácil. Sabemos que aún hay muchos problemas", dice Paulo Sérgio de Almeida. Hoy, cerca de 820 mil extranjeros viven legalmente en Brasil, según datos de la Policía Federal. Pero sumando a los sin documentos puede que ese número pase a un millón. Chile, casa para vecinos La estabilidad de la economía chilena brinda la posibilidad de salir adelante que muchos latinoamericanos buscan. Entre 1999 y 2002 el flujo migratorio hacia Chile se incrementó en 75% de acuerdo con el censo poblacional realizado por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Así, mientras en 1999 los extranjeros llegaban a 105 mil, en 2002 sumaron 185 mil. La gran mayoría de inmigrantes sigue llegando de países vecinos como Perú, Bolivia y Argentina. "Este cambio llama la atención. Chile se puede transformar en un país receptor y tiene que poner ojo en sus políticas sociales para ver cómo hace para recibir a todo ese nuevo grupo humano", comenta la investigadora de la Universidad Diego Portales, Andrea Cerda. De acuerdo con recientes datos de las autoridades migratorias, los extranjeros en Chile representan 1.6% de la población total. La cifra en 2008 supera las 290 mil personas. La gran masa migratoria residente en Chile proviene de Perú. Unos 66 mil peruanos residen en el país, aunque su consulado estima que la cifra podría fácilmente llegar a 100 mil. Esta cantidad desplazó a los argentinos, que hasta 2002 conformaban la colonia extranjera más numerosa en Chile. Fueron los peruanos quienes más se beneficiaron con la amnistía migratoria entregada recientemente por el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, y que otorgó una visa de residencia temporal a todos aquellos que aún no tenían sus papeles en regla: 32 mil peruanos se acogieron, de un total de 50 mil visas; 60% del grupo de peruanos en Chile está integrado por mujeres —la mitad de ellas con algún título profesional o técnico—, que son en su mayoría preferidas para el trabajo doméstico. Respecto de Bolivia, nación que quedó sin acceso al mar luego de la contienda bélica con Chile en 1879, sus inmigrantes pasan por similar situación que quienes vienen de Perú: poco porcentaje de profesionales y mayor cantidad de mano de obra. Peruanos y bolivianos también son el motor del agro en algunas partes de Chile. La Asociación de Exportadores (Asoex) ya ha alertado sobre la escasez de mano de obra en los campos (especialmente en Atacama y Coquimbo, norte del país) y planteó la conveniencia de facilitar la incorporación de extranjeros para llenar las vacantes. Ronald Bown, el presidente de dicha institución, ha pedido al gobierno revisar la norma que limita a 15% la contratación de personas de otros países en las empresas nacionales. Colombia, Ecuador y Perú, al igual que los cubanos (más de 3 mil) y mexicanos (2 mil) que también habitan este país, no sólo han llegado a trabajar en rubros comunes. Hay profesores de baile ecuatorianos, salsotecas dirigidas por caribeños que son la sensación de las noches santiaguinas. Es común ver en ellas a adultos contemporáneos aprendiendo nuevos ritmos, y también es habitual que las familias chilenas abarroten los restaurantes peruanos todos los fines de semana. Así que, "Si va para Chile", podrá ver como el país está dejando conquistar el corazón por sus vecinos. Salen por un sueño y encuentran una pesadilla La ambición por mejorar la calidad de vida sigue siendo la trampa de las organizaciones criminales de trata de personas internacionales para atrapar víctimas, ya sea para explotarlas sexual o laboralmente en el extranjero. Con engaños, mediante atractivas ofertas de trabajo y remuneradas en moneda extranjera, mujeres son atraídas por bandas organizadas para esclavizarlas en prostíbulos o engañarlas y enviarlas a alguna ciudad que las víctimas no conocen, como ocurre en La Triple Frontera, zona en la que confluyen los límites de Paraguay, Brasil y Argentina. En México, en la población de Pedro Escobedo, en el estado de Querétaro, la pesadilla comenzó cuando algunos de sus pobladores fueron contratados como albañiles en una isla llamada Bimini, en las Bahamas. Cinco meses después, en los diarios nacionales circuló la noticia de que seis mexicanos denunciaron condiciones de esclavitud en sus trabajos. La Triple Frontera Cynthia Bendlin, consultora de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en la Triple Frontera, explicó: "La porosidad de la frontera y los distintos niveles de gobierno que tienen jurisdicción en la zona complican muchísimo la lucha contra la trata de personas. La intención es apuntar a la prevención. Poner luz sobre este delito para que la comunidad esté atenta". La Triple Frontera es una región con una realidad sociopolítica y cultural compleja, donde varios ríos, así como tres aeropuertos y dos puentes internacionales, separan los países, por lo que la zona se hace más vulnerable a las redes criminales que operan la trata de personas. Bendlin, elegida como la mujer del año por el Departamento de Estado estadounidense por su trabajo en la región, contó que unas 500 mil personas viven en la zona. Aunque las estadísticas de casos de trata con fines de explotación sexual son escasas, personal de Migraciones de Puerto Iguazú estima que 20% de las personas captadas tiene menos de 18 años. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en la Triple Frontera al menos 3 mil 500 chicos y chicas de menos de 18 años están en situación de explotación sexual. El Centro de Atención y Prevención a Niños, Niñas y Adolescentes en Situación de Explotación Sexual Comercial de Paraguay aseguró que en 2007 atendió a más de 120 víctimas de explotación sexual infantil en Ciudad del Este; 70% fueron casos de trata. Brasil, por caso, tiene un potencial de 6 mil víctimas de trata en la triple frontera. La OIM identifica a Misiones como el área principal de reclutamiento. Las chicas son llevadas para ser explotadas en prostíbulos de Buenos Aires, Córdoba, La Pampa, Entre Ríos, Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego. "Hay un predominio de la trata interna, pero también se detectaron casos de trata internacional, sobre todo de mujeres de Paraguay que ingresan por Misiones y Entre Ríos", dice el informe. Los jóvenes tienen entre 8 y 18 años, trabajan en las calles, sobre todo en los alrededores de zonas aduaneras y del paso fronterizo de La Amistad, y son reclutados cuando están en la vía pública, clubes nocturnos, cabarets, bares, burdeles, discotecas e incluso en hoteles, indica la OIT. Pero no sólo la explotación sexual preocupa. También, el reclutamiento mediante engaño con fines laborales. Y es uno de los temas que más preocupa, ya que se trata del tercer negocio más redituable del mundo, luego del tráfico de drogas y de armas, con ingresos estimados en 32 mil millones de dólares, indica la OIT. Pesadilla en Bahamas Un caso de esclavitud laboral lo vivieron habitantes de Pedro Escobedo, municipio localizado a 45 minutos de la capital de Querétaro, que se ubica a tres horas de la ciudad de México. En marzo pasado, Ana Isabel Mata y su esposo, Juan Gabriel Martínez, tocaron a la puerta de una mujer que manejaba la esperanza entre sus manos y la usaba de manera engañosa para atraer aspirantes y contratarlos para trabajar en una isla. Ana Isabel quería escuchar con sus propios oídos lo que su esposo le había contado horas antes con los sueños envueltos en las cifras de 450 dólares o 500 como salario semanal. Cuando tocaron la puerta les abrió una mujer: Leonarda Olvera Torres. "Contigo, ya tengo dos. Nos faltan otros cuatro porque tengo que enviar grupos de seis. ¿Qué eres?". "Albañil", respondió él. La mujer les mostró unas fotografías de trabajadores comiendo alrededor de una hoguera y trabajando frente al mar. Así, él decidió irse. Cinco meses después, en los diarios nacionales circuló la noticia de que seis mexicanos denunciaron condiciones de esclavitud laboral en la isla Bimini, en las Bahamas. Dijeron haber sido enganchados por contratistas de las empresa Rav Bahamas. EL UNIVERSAL comprobó que les retenían el pasaporte hasta que cumplieran su contrato, que si alguien quería regresar a México tendría que trabajar tres meses sin sueldo. "Nosotros no traemos a nadie engañado, damos contrato. Traemos a mexicanos desde 1997. Pero muchos vienen a echarle ganas y otros no", habría dicho la vicepresidenta de Rav Bahamas, Mercedes Thomas. Luego de meses de lucha, Ana Isabel logró que el caso de su marido llegara a la Secretaría (ministerio) de Relaciones Exteriores. Era finales de julio. En la primera semana de agosto, por el mismo llano que se fue, sus hijos lo vieron venir. Juan Gabriel era el primero de los seis mexicanos en regresar, gracias a su esposa. Uruguayos de ida y vuelta Natalia Vigneri y Eduardo Collins limpiaban dormitorios, atendían huéspedes y eran mozos en el hotel Conrad de Punta del Este a inicios de 2002. Cada uno ganaba 6 mil pesos uruguayos, unos 285 dólares. El fatídico año de la crisis bancaria que desplomó a Uruguay los dejó pensando. No pasaban hambre y tenían empleo, pero aprovecharon el empuje de la ola migratoria para probar suerte en Europa. La pareja se casó y en abril de 2002, cuando los noticieros no paraban de hablar de una de las crisis económico-financieras más importantes en la historia del país, ellos volaron a Tenerife, a la casa de unos amigos. Fueron dos de las casi 29 mil personas que ese año salieron con o sin papeles del Aeropuerto Internacional de Carrasco. El matrimonio se fue con la ciudadanía italiana de ella y la esperanza de documentación de residencia para él. Vigneri consiguió empleo en un restaurante a la semana siguiente de estar en la isla española; su marido obtuvo un empleo seis meses después, cuando tuvo el permiso de residencia. Este año regresaron al país. Se compraron un rancho en Punta del Diablo, un balneario de moda en el oceánico departamento de Rocha, para alquiler y descanso; mientras, estudian ofertas para adquirir una casa de residencia en el barrio de clase media Capurro, el mejor lugar del mundo para vivir según el escritor Mario Benedetti. "Eso lo pudimos hacer con los ahorros que trajimos de allá. La idea es quedarnos a vivir en nuestro país y educar acá a nuestro hijo Máximo, de dos años. Y si se puede, volver a Europa pero a pasear y seguir conociendo", dijo Vigneri. Según la Encuesta Nacional de Hogares Ampliada del Instituto Nacional de Estadísticas de 2006, los migrantes de retorno —como Vigneri y Collins— son el 3.7% del total de la población uruguaya, es decir, unas 122 mil personas. En 1996 los emigrantes uruguayos eran 14% de la población, refirió el politólogo Martín Koolhaas. "Podemos decir que ha retornado uno de cada cuatro migrantes uruguayos, y no es poca cosa". Según Koolhaas, el perfil del "retornante" uruguayo indica que está en su etapa laboral activa, con una edad promedio de 44 años desde 2000 a la fecha. Es un perfil muy similar al del emigrante: en su mayoría jóvenes (más de la mitad tenía menos de 30 al emigrar) y hombres, con un nivel educativo mayor al de la población residente en el país. La demógrafa Adela Pellegrino, tutora del informe de Koolhaas: Magnitud y características de la migración de retorno en Uruguay (1986-2006), dijo que su investigación desvirtúa algunas creencias arraigadas en el país en los años poscrisis. "El mito ese del médico que se va a España a manejar taxis no lo encontramos". El stock de emigrantes uruguayos en el exterior, hasta 1996, era de 480 mil personas, según Pellegrino. Datos de la Dirección Nacional de Migración de 2004 indican que se fueron entre 7 mil y 7 mil 500 uruguayos, y en 2005, alrededor de 9 mil. A partir de 2006 se fueron 17 mil 497 personas del Aeropuerto de Carrasco, que no volvieron, y el año pasado, 16 mil 603.

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