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Extranjeros encuentran un hogar en club de corredores de Nueva York

Washington. Agencias | 3 de Diciembre de 2019 a las 16:13

Un verdadero don nadie se inscribió en el maratón de Nueva York del mes pasado, la carrera que más participantes atrae en todo el mundo, y terminó tercero.

Una semana después, el corredor, el etíope Girma Bekele Gebre, contó cómo fue que subió al podio en la casa de Bill Staab, un octogenario que preside el West Side Runners Club de Nueva York.

“Le cambió la vida”, dijo Staab.

En sus 42 años al frente del club del Upper West Side de Manhattan, Staab ayudó a impulsar las carreras de muchos inmigrantes, abriéndoles las puertas al sueño americano.

Ejecutivo de ventas jubilado, fanático del atletismo, Staab es un referente indispensable de numerosos atletas sudamericanos y africanos. Ha escrito cientos de cartas apoyando pedidos de visa y dice que gastó casi un millón de dólares de su propio bolsillo en inscripciones y otros trámites para corredores como Girma.

No recibe un centavo de las ganancias de los atletas, como los 61.000 dólares que percibió Girma o los 10.000 que se llevó su compatriota Diriba Degefa Yigezu tras ganar el maratón de Filadelfia la semana pasada. Staab ayuda a los corredores a cobrar sus cheques y usa el dinero para financiar sus viajes o apoyar a otros en sus países.

“Cuando vine aquí, no tenía familia”, dice Diriba. “Este señor me ayudó mucho. Por eso corro para él”.

El éxito de Girma coloca al West Side Runners en otro nivel. Antes de la carrera, era “uno más entre nuestros corredores”, dijo Staab. “Uno del montón”.

Girma venía a Estados Unidos por tres o cuatro meses y se regresaba a su país. Staab lo hacía correr casi todas las semanas en competencias por todo el país. Ganaba 500 dólares aquí, 1.000 allí. Su premio más grande había sido de 8.000 dólares. Enviaba el dinero a su familia, que lo ayuda a criar a su hija de cuatro años en una granja.

Esta rutina fue interrumpida este año al fallecer uno de los seis hermanos de Girma. Acortó su estadía en Estados Unidos y regresó a Etiopía. En lugar de participar en medio maratones y en carreras de 10 kilómetros, se entrenó en la altura de la capital, Addis Ababa.

El maratón de Nueva York fue la primera prueba en que participó tras volver a Estados Unidos y logró un sorprendente registro de dos horas, ocho minutos y 38 segundos. Más de cinco minutos menos que su vieja marca personal.

“Si me decía que iba a hacer un tiempo de 2:08, le habría dicho que estaba loco”, asegura Staab.

Girma dice que le gustaría usar el dinero para comprar una casa en Etiopía. Ya sido contactado por agentes y patrocinadores y Staab espera que consiga la residencia, lo que le permitiría vivir y competir permanentemente en Estados Unidos. Actualmente tiene una visa P1 para atletas.

Considera competir en el maratón de Boston, que atrae menos gente y donde le costará más sobresalir. Por ahora permanecerá en su país, enfocándose en su nuevo objetivo: Rebajar en algunos minutos su mejor registro.


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