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«Elvira no es una criminal». Y debemos seguir su ejemplo

| 24 de Agosto de 2006 a las 00:00
A miles de kilómetros de Chicago, ajenos al debate migratorio, Gregorio Arellano y Francisca Olayo no alcanzan a comprender por qué en las noticias hablan de la menor de sus hijas, Elvira Arellano, como "una fugitiva". "Ella no es una criminal, sino una madre que quiere un buen futuro para su hijo", comentó su madre, de 60 años de edad. "Es una buena hija, que no se fue al norte por gusto, sino por necesidad", añadió.

Por Leticia Espinosa, diario Hoy. (filial de The Tribune Company en Chicago, Nueva York y Los Ángeles). Desde Chicago, Illinois.

Los Arellano lidian cada día con sus enfermedades y carencias en el humilde poblado de San Miguel Curahuango, Michoacán, donde con ayuda de sus cinco hijos establecieron una pequeña tienda de abarrotes. Gregorio y Francisca se enteraron de que Elvira, de 31 años de edad, se encuentra refugiada con su hijo Saúl, en una iglesia de Chicago tratando de no ser deportada, porque un periódico local llegó a vender la publicación con altavoces en las calles del pueblo. Posteriormente conocieron los detalles, cuando Elvira les llamó por teléfono. "En el periódico hablaron de mi hija como si ella fuera la peor criminal del mundo. Nosotros confiamos en ella, sabemos que no hizo nada malo, sólo buscar el pan para su hijo, pues ella está sola en Estados Unidos", dijo su madre. Los padres de la activista, que ha desatado una controversia nacional al desacatar la orden de deportación y evidenciar el problema por el que atraviesan al menos 3.1 millones de niños estadounidenses, con familias con estatus mixto, dicen no comprender por qué la ley separa a niños de sus padres. Afectado con distrofia muscular y prácticamente inmovilizado, Gregorio Arellano, de 64 años, dice que cada día ora por ella y que quisiera estar a su lado, "pero como no puedo, le pido a toda esa gente de Chicago que no me la dejen sola". En la tenencia de San Miguel Curahuango, municipio de Maravatío, a dos horas de Morelia, "la vida es muy difícil", dice don Gregorio. "Antes la venta del petate y las sillas mantenía a las familias; eso se acabó, la gente no tiene de qué vivir aquí, por eso se van a Estados Unidos". Para el señor Arellano, si deportan a Elvira "me dará mucho gusto verla. Pero la realidad es que allá el niño tiene más oportunidades para ser alguien en la vida". En tanto, ante los improductivos esfuerzos de congresistas, activistas y líderes religiosos, ayer nuevos abogados en el caso de Elvira Arellano anunciaron que presentaron una demanda federal a favor de su hijo Saúl, de siete años de edad, como un recurso para salvar de la deportación a su madre. La demanda argumenta que los derechos del menor, ciudadano estadounidense, serían violados si su madre es deportada a México. La demanda busca un alto temporal a los esfuerzos de la Oficina de Inmigración y Aduanas (BICE) de deportar a Arellano. "Si deportas a la madre, deportas al hijo", comentó Joe Mathews, abogado de Saúl Arellano. Por otro lado, el comisionado del condado de Cook, Roberto Maldonado (D–8), anunció en un comunicado de prensa que presentará una resolución para declarar el condado como un "Santuario de Inmigrantes".

Elvira por Elvira

Jorge Mújica Murias. Diario Siglo 21, Nueva Inglaterra

La recientemente formada Alianza Nacional por los Derechos de los Inmigrantes ya lanzó la consigna de que cada inmigrante que tenga procesos pendientes y esté en riesgo de deportación agarre sus chivas y se vaya directamente a la iglesia más cercana a su corazón y su fe. A simple vista, Elvira Arellano no tiene nada que la distinga de los cientos de miles de michoacanos que viven de este lado del Río. Morena, de apariencia normal, pasados apenas los 31 años. Pero más allá de la primera impresión, Elvira se va distinguiendo poco a poco, y a veces mucho a mucho, del resto de sus paisanos y de los mexicanos y los latinos en general. Para empezar, es indocumentada. Es público y sabido, pero no por sabido se calla. Por el contrario, se dice alto y fuerte. Elvira apareció en la escena pública hace cuatro años, cuando pidió ayuda para evitar que la deportaran, después de haber sido arrestada en su casa, en la madrugada, por agentes del FBI que la esposaron y le preguntaron que "en dónde tenía las armas". La pregunta venía por la paranoia típica del momento relacionada con los aviones. Elvira trabajaba limpiando aviones, trabajo exclusivo para ciudadanos, y obviamente el FBI la cachó y la acusó de terrorismo. Gracias a que no se calló la boca, Elvira fue la única de su grupo de compañeros de trabajo que no salió del país. El movimiento pro inmigrante la defendió y consiguió una prórroga a su deportación. Por años, Elvira consiguió extensiones a su permiso provisional para quedarse en México del Norte, entre otros argumentos porque su hijo Saúl, ahora de seis años de edad, ciudadano de Estados Unidos, tenía problemas de salud. En los cuatro años de chance, Elvira se convirtió en una notoria activista a favor de los derechos de los inmigrantes, viajó a varios estados del país, hizo presentaciones y dio discursos dentro del movimiento migrante. En la ciudad de Cicero, hace dos años, se enfrentó a Vicente Fox y le dijo que no aceptábamos de ninguna manera su posición agachona de un nuevo plan de braceros. Literalmente, Elvira le pidió que "agarrara al toro por los cuernos y peleara por nuestra demanda, la legalización para todos los indocumentados", a lo cual Chentito respondió con una de sus habituales burradas, de que "más valía tener el pájaro en la mano" y agarrar lo que había (albur original de Vicente, no mío.) Iglesia por Iglesia Desde hace una semana, Elvira está refugiada, literalmente pidió asilo, en una iglesia metodista en Chicago. Su permiso para permanecer en el país termina en un mes, e Inmigración la llamó para decirle que se tenía que ir. Y Elvira fue, pero no a las oficinas de la Migra para que la deportaran, sino a la iglesia. El reverendo del lugar, Walter Coleman, declaró que la iglesia era un santuario y que Elvira puede vivir ahí el tiempo que necesite. Inmigración dice que les vale gorro el santuario, y que deportarán a Elvira "en el momento en que lo decidan". Alguien dejó salir por ahí una cifra, según la cual hay 350 mil niños estadounidenses en la situación de Saúl, ciudadanos estadounidenses con padres indocumentados. Son niños y niñas hijos de inmigrantes que, en caso de que sus padres sean deportados, tendrían que dejar el país junto con los autores de sus días, lo cual equivale prácticamente a deportar ciudadanos. La ley actual no dice nada al respecto, otra razón más para luchar por la reforma integral de inmigración, y los niños no pueden pelear por sus padres. En el caso concreto de Elvira, ni hijos ni esposo ciudadanos podrían hacer nada por ella, porque a estas alturas Elvira prácticamente está violando la ley por no presentarse voluntariamente a que la deporten. Si la Migra quiere, podrían incluso acusarla de un crimen y meterla 4 años a la cárcel. Por eso urge la solidaridad con Elvira y con los 350 mil chamacos. La recientemente formada Alianza Nacional por los Derechos de los Inmigrantes ya lanzó la consigna de que cada inmigrante que tenga procesos pendientes y esté en riesgo de deportación agarre sus chivas y se vaya directamente a la iglesia más cercana a su corazón y su fe, ya sea católica, episcopal, metodista o, para el caso, budista. Al mismo tiempo, el movimiento inmigrante llama a las iglesias a dar santuario y refugio a los indocumentados que lo soliciten. La cuestión es multiplicar a Elvira por mil, por 20 mil, a nivel nacional, para no tener que arreglar caso por caso, sino para arreglarlos a todos juntos de una vez.

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