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Esta política inmigratoria viola la confidencialidad sagrada entre paciente y médico

Washington. Agencias | 2 de Marzo de 2020 a las 17:31

Cuando la violencia fuerza a la gente a huir de sus hogares y a cruzar fronteras, legal o ilegalmente, en busca de asilo u otras formas de refugio en un lugar pacífico, llevan sus traumas consigo. Eso es verdad sin duda para muchos de los inmigrantes centroamericanos que han intentado emigrar a Estados Unidos en años recientes. Muchos de ellos han presenciado o sufrido horrores como la violación, tortura y asesinato.

Además, muchos de ellos —incluyendo niños y adolescentes— han sido forzados a participar en actos de violencia antes de huir. Cuando llegan a Estados Unidos son puestos bajo custodia, gracias a la relativamente nueva política aprobada por Scott Lloyd, el exdirector de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR en inglés) de Trump. Como parte de un acuerdo ordenado por la corte en 1997 que establece estándares mínimos en la detención de menores, a aquellos niños y adolescentes se les dice que necesitan buscar terapia; están obligados a reunirse con terapeutas.

Según la explicación ofrecida al Congreso por Steven Wagner, que en ese entonces supervisaba a la ORR, a los niños les dicen que es esencial ser honestos sobre ellos mismos con sus terapeutas. Pero bajo el gobierno de Trump, según un informe reciente de The Washington Post, funcionarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE en inglés) toman las notas de los terapeutas y las usan como arma contra los migrantes adolescentes. Según Wagner, los terapeutas deben presentar un informe no más de cuatro horas después de sus sesiones que serán entregadas a ICE en menos de un día. A los adolescentes les afirman que lo que digan puede afectar su estatus, pero también les dicen que es “esencial” ser honestos en estas reuniones obligatorias, según The Washington Post.

Esta supuesta práctica podrá ser legal, pero no es una postura ética en la cual poner a migrantes adolescentes que desesperadamente necesitan apoyo terapéutico. De hecho, es una violación atroz de la base central de confidencialidad que hace posible la terapia efectiva y es otro horror insertado en el sistema inmigratorio por funcionarios de Trump que abusa de los más vulnerables.

Algún día, cuando tengamos la suerte de estar en una era pos-Trump, tendremos que confrontar lo que funcionarios gubernamentales hicieron a los más vulnerables en nombre del pueblo estadounidense. No podremos avanzar a menos que juzguemos el pasado y hagamos que los responsables rindan cuentas por la miseria que causan.

No está claro en este momento cuánto hay que culpar a los terapeutas, aunque la Asociación Estadounidense de Psicología ha pedido un freno inmediato a la práctica de compartir las notas de terapeutas con ICE. Sin duda, las revelaciones requieren dos pasos inmediatos para cualquier terapeuta. Primero, no prometan confidencialidad a la gente que corre peligro de persecución estatal. Segundo, si el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de los Estados Unidos no les da otra opción más que compartir sus notas, no tomen notas.

Las revelaciones sobre el mal uso de notas de terapia surgieron en una historia de The Washington Post de Hannah Dreier que fue publicada a principios de este mes. The Washington Post informó que algunos de los terapeutas en refugios están enterados de la política y dicen que trabajan activamente para proteger la privacidad de los niños, teniendo dos juegos de notas clínicas u omitiendo cosas por completo. En un refugio en Nueva York, algunos terapeutas conservan trabajo artístico perturbador por el riesgo de que sea malentendido como violento en los archivos oficiales. El diario también señaló que es altamente probable que algunos terapeutas de refugios estén prometiendo cierto nivel de confidencialidad con los niños que la política no les permitirá cumplir.

La nota de Dreier contó la historia de Kevin, un adolescente que halló un terapeuta en quien podía confiar mientras estaba detenido en un refugio de ORR en Texas. Le contó al diario que su terapeuta le dijo: “Esta es tu oportunidad de contarnos tu historia” y le aseguró que su conversación se mantendría en privado a menos que describiera un daño a sí mismo o a otros. A raíz de que le contó al terapeuta de que fue forzado a participar de actividades pandilleras, ORR lo transfirió del refugio a un centro de detención de mayor seguridad.

Kevin se sintió traicionado, pero aún necesitaba terapia. En detención, eventualmente conoció a otro terapeuta y de a poco aprendió a confiar en él, divulgando más y más de su historia.


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