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Un bar ‘africano’: así se quedan en México algunos inmigrantes

Ciudad de México. Agencias | 4 de Marzo de 2020 a las 15:49

El bar de barrio de moda en el sur de México —o al menos el más genial fundado por migrantes de Camerún— estaba escondido en un barrio mayormente residencial de Tapachula, una ciudad cercana a la frontera de Guatemala.

Costó trabajo encontrarlo, ya que estaba escondido tras una puerta de metal amarilla sin ninguna señal y al fondo de un corredor sucio. Pero ofrecía consuelo y camaradería a los migrantes del África subsahariana que se encontraban atrapados lejos de casa y del lugar al que querían ir.

“Padecemos estrés”, afirmó Banks, un cliente del bar de 25 años que había sido maestro de bachillerato de Física y Química en Uganda, pero que huyó debido a que el gobierno lo perseguía por ser homosexual.

Dijo que las fuerzas gubernamentales asesinaron a su amante e iban tras él. “Por eso estoy bebiendo”, dijo Banks, quien pidió que sólo se le identificara por su nombre por temor de que el gobierno ugandés lo encontrara incluso aquí.

Una noche de febrero se encontraba entre la decena de clientes, todos migrantes africanos, que bebían cerveza en el bar y se disponían a comer platos de fideos con plátanos fritos preparados en una cocina improvisada. Una bocina portátil reproducía música afropop.

El bar, y sus clientes habituales, eran una consecuencia indirecta de la reciente política de mano dura de México contra los indocumentados.

Bajo presión del gobierno del presidente estadounidense, Donald Trump, a principios del año pasado, las autoridades mexicanas comenzaron a reforzar la seguridad fronteriza, la aplicación de sus leyes migratorias y a aumentar las detenciones en todo el país.

Debido al cambio en las políticas, muchos migrantes —ante la posibilidad de la deportación y sin un camino fácil a EEUU— ahora buscan asilo o algún otro estatus legal en México, lo cual ha dado origen a nuevas comunidades migrantes, que aparecen de repente a medida que gente de todo el mundo echa raíces en México.

La estrategia migratoria del gobierno de Trump sufrió un revés en un tribunal estadounidense el 28 de febrero, pero no se espera que eso incida en la reciente estrategia de línea dura en México.

En Tapachula, una entrada para los viajeros que llegan de Guatemala, la composición demográfica cambió, de manera moderada pero evidente, ya que a los migrantes de Centroamérica —la fuente de una abrumadora mayoría de migrantes— se les han unido otros del hemisferio y de otros confines. Entre los que llegan se encuentran haitianos, cubanos, venezolanos, surasiáticos y africanos subsaharianos.

Mientras esperan que se revisen sus solicitudes, algunos ganan algunos pesos como jornaleros. Sin embargo, otros han abierto negocios, cada empeño, una expresión de ambición, creatividad y valentía que impulsa a muchos migrantes del mundo a abandonar su hogar en busca de una vida mejor.

Un restaurante ganés sirve fufu y otros platos africanos desde hace meses. Peluqueros cubanos atienden en las barberías de la ciudad. Mujeres haitianas trenzan el cabello de sus clientes en la orilla de la plaza principal.

Los negocios crecen y desaparecen al ritmo de la migración, como un restaurante especializado en comida del sur de Asia y un bar gay atendido por cubanos que triunfó y luego cerró.

Kwende Pekings, solicitante de asilo camerunés y cofundador del bar, dijo que quería crear “un lugar hecho por africanos y para africanos”.


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