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Resurge polémica por persecuciones contra inmigrantes

Valeria Fernández y Samuel Murillo, La Voz. | 25 de Agosto de 2006 a las 00:00
La investigación de la volcadura en la que perdieron la vida diez migrantes y un bebé que aún se encontraba dentro del vientre de su madre, se mantiene en completo hermetismo, mientras que resurge la polémica en torno a las tácticas utilizadas por la Patrulla Fronteriza para interceptar vehículos con indocumentados. Mientras que cuatro migrantes se recuperan lentamente de las lesiones sufridas en el percance, familiares y activistas pro inmigrantes exigen un freno a las persecuciones a alta velocidad y a la utilización de cintas de clavos. El pasado 7 de agosto, la Patrulla Fronteriza intentó interceptar un vehículo repleto de migrantes que viajaba a más de 80 millas por hora, en un camino adyacente a la carretera 95, al norte de Yuma. Presuntamente el conductor intentó esquivar una cinta de clavos y perdió el control del vehículo provocando que se volcara. A dos semanas del accidente, las autoridades no han dado a conocer un reporte oficial de las circunstancias en que ocurrió. La oficina del sheriff del Condado de Yuma informó que hasta el momento no se ha concluido la investigación que iniciaron para establecer si el conductor del vehículo tipo Suburban, en el que viajaban 21 migrantes, fue responsable de la volcadura. Por su parte, la oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas inglés), realiza una investigación paralela para determinar la responsabilidad del conductor en la muerte de los migrantes. Ambas investigaciones se centran en el conductor, pero ninguna en el proceder de los agentes de la Patrulla Fronteriza. "Lo que normalmente sucede en estos casos es que alargan la investigación para que se olvide el asunto", dijo Isabel García, directora de la Coalición Alianza Indígena sin Fronteras en Arizona. La activista recordó una volcadura ocurrida el año pasado en el sur del estado en la que murieron 14 migrantes, y la que al parecer se debió a una persecución a alta velocidad por parte de autoridades. ¿Qué delito tan grande han cometido que tienen que perseguirlos? Cuestionó. García mencionó que en muchos casos el conductor no trabaja para los "coyotes", sino que es un inmigrante del grupo que maneja para conseguir un descuento. Por su parte, Claudia Smith, directora de la Fundación de Asistencia Legal Rural de California, calificó como una necedad las persecuciones a alta velocidad y el uso de cintas de clavos. Esa organización junto a otras ha denunciado en varias ocasiones las tácticas de la Patrulla Fronteriza para detener a los inmigrantes. Mientras tanto el cónsul de México en Yuma, Miguel Escobar Valdez, dijo que mientras la investigación se mantenga abierta "no podemos especular sobre lo que ocurrió". Víctor Hugo Olivos toca el brazo de su hermano mayor Luis Dantón sin respuesta. El cuerpo de Luis, un joven de 30 años, yace inerte sobre la cama del Hospital Buen Samaritano, su vida depende de cada uno de los tubos que lo conectan a la realidad. Su torso está cubierto con vendas blancas, sus dos brazos dejan entrever las marcas de la fricción del vuelco. Sus piernas están quebradas. Un par de rasguños en su cara minimizan la magnitud de su accidente. Luis es padre pero todavía no lo sabe, su esposa Teresa Chávez, de 21 años de edad, dio a luz a una bebé que pesó un kilo, Maria Soledad por el nombre de sus dos abuelas. Los doctores le agregaron "de los Milagros". En otro cuarto en la esquina de una sala de estar que interconecta las habitaciones en el hospital, está Teresa, con el cuerpo acurrucado en la cama inmensa. Un pequeño tubito le llega a la nariz para alimentarla. Su suegra Soledad Goméz Cortés dice que tuvieron que operarla varias veces para sanar la herida de su cesárea. Está desorientada y piensa que se encuentra en un hotel. En otros cuartos están Clarissa Amanda Escobar, de 25 años, una inmigrante de origen salvadoreño y Julián García, un mexicano de la misma edad. "Jamás nos imaginamos, uno quedó con la ilusión de que iban a pasar", dice Soledad. Víctor Hugo y su mamá viajaron de inmediato desde Zamora, Michoacán, México, para verlos cuando recibieron la noticia inverosímil y siniestra. Desde hace poco menos de diez días no se separan de su lado, pero la visa humanitaria que les dieron para ingresar al país vence este viernes. El encargado de Protección del Consulado mexicano en Phoenix, Jorge Solchaga, informó que realizarán gestiones ante las autoridades para conseguir una extensión o nuevas visas humanitarias para los familiares de los sobrevivientes, aunque no especificó si podrán permanecer en el país de forma ininterrumpida. Víctor Hugo, de 28 años, se gana la vida como peluquero como puede en México. Su hermano había conocido a Teresa no hace mucho, ella quedó embarazada y se casaron a los dos meses de novios. Desde hace siete meses Luis no tenía trabajo, antes era empleado de una compañía para autofinanciamiento. A Luis le preocupaba cómo iba a mantener a su futura familia, por eso decidió viajar a los Estados Unidos, contó Soledad, su madre.

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