Escúchenos en línea

Migrantes echan raíces temporalmente en México

Ciudad de México. Agencias | 15 de Marzo de 2020 a las 11:50

El bar más genial en el sur de México —o al menos el más genial fundado por migrantes de Camerún— estaba escondido en un barrio de Tapachula, una ciudad cerca de la frontera con Guatemala.

Estaba al fondo de un corredor sucio, pero ofrecía consuelo y camaradería a los migrantes del África subsahariana que se encontraban atrapados lejos de casa y del lugar al que querían ir.

“Sufrimos de estrés”, afirmó Banks, un cliente del bar de 25 años que había sido maestro de bachillerato de física y química en Uganda, pero que huyó porque el Gobierno lo perseguía por ser homosexual.

Una noche de febrero, era uno de los parroquianos, todos migrantes africanos, que bebían cerveza en el bar. Una bocina portátil reproducía música afropop. El bar, y su clientela base, eran una consecuencia indirecta de las recientes medidas enérgicas de México contra la inmigración indocumentada.

En la primavera pasada, las autoridades mexicanas, bajo presión de la Administración Trump, comenzaron a reforzar la seguridad fronteriza y a aumentar las detenciones en todo el país.

Debido al cambio en políticas, muchos migrantes, enfrentando una posible deportación y sin camino fácil a Estados Unidos, ahora buscan asilo o algún otro estatus legal en México. Y están apareciendo nuevas comunidades migrantes a medida que gente de todo el mundo echa raíces en México.

En Tapachula, la composición demográfica ha cambiado, al tiempo que a los migrantes de Centroamérica —fuente de la mayoría de los migrantes— se les han unido otros de Haití, Cuba, Venezuela, el sur de Asia y África Subsahariana.

Mientras aguardan a que sus solicitudes sean revisadas, algunos ganan pesos como jornaleros. Sin embargo, otros han abierto negocios, una expresión de la ambición, creatividad y valentía que impulsó a muchos migrantes a abandonar su hogar en busca de una vida mejor.

Un restaurante ganés ha estado sirviendo fufu y otros platillos africanos. Peluqueros cubanos atienden en las barberías de la ciudad y mujeres haitianas trenzan el cabello de sus clientas en la plaza principal.

A medida que las poblaciones migrantes crecen y disminuyen, los negocios también van y vienen, como un restaurante que servía comida del sur de Asia y un bar gay atendido por cubanos, que triunfaron y luego cerraron.

Kwende Pekings, un buscador de asilo originario de Camerún y cofundador del bar, dijo que quería crear “un lugar de africanos, para africanos”.

Pekings, de 29 años, quien estudiaba ciencias computacionales en Camerún, llegó a México en junio. Al igual que muchos cameruneses que han llegado a México, huía de la violencia política en casa.

Pekings había tenido la esperanza de obtener asilo en Estados Unidos, pero se mudó a una casa que costaba 2 dólares la noche.

Un día, subió al techo de la casa y divisó una choza en el lote trasero y tuvo una visión del bar.

“Me imaginé este espacio como está ahora”, recordó Pekings, quien ha solicitado una visa humanitaria en México.

Era una calurosa noche a principios de febrero, y Pekings no se imaginaba que eran los últimos días del negocio. Como sucede con otros establecimientos de migrantes que han florecido y se han desvanecido, la mayoría de los visitantes del bar pronto se irían, con documentos migratorios recién adquiridos en mano, y el negocio cerraría antes de fin de mes.


Descarga la aplicación

en google play en google play