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Camino al infierno: los inmigrantes pasan por muchas calamidades en su trayecto

Diario El Heraldo, de Honduras, desde Tenosique, Tabasco. | 27 de Agosto de 2006 a las 00:00
Cientos de inmigrantes procedentes de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua se arriesgan a morir ahogados en el río Usumacinta, asesinados por bandas de asaltantes de indocumentados y despedazados por el ferrocarril, en el desesperado intento por llegar a Estados Unidos. Esta ciudad, que se ubica a 56 kilómetros de la frontera El Ceibo, del lado mexicano y El Naranjo, de Guatemala, se ha convertido en el segundo paso que utilizan los inmigrantes para llegar por tren a la frontera con Estados Unidos, luego de que el huracán Stan destruyó carreteras y puentes ferrocarrileros en el sureño estado de Chiapas. Para llegar a esta localidad, los "sin papeles" tienen que caminar por montañas y pantanos, padeciendo durante el camino toda clase de vejaciones, extorsiones, asaltos y violaciones, por parte de las autoridades y bandas de asaltantes de indocumentados. También tienen que soportar el ataque de moscos, garrapatas, piojos, reptiles y otros animales que habitan en las montañas y pantanos. Aquí, unos 500 inmigrantes centroamericanos, la mayoría con los pies ampollados, descansan y se bañan, mientras esperan la salida del ferrocarril que los acercará a la frontera con Estados Unidos. Regáleme para un taco, pide un hondureño, procedente de San Pedro Sula, quien dice que ya fue deportado en más de cuatro ocasiones, pero seguirá intentando el "sueño americano". "Mi familia confía en mí, tengo que llegar a Estados Unidos, allá dejé muchas deudas" señala, con cierto entusiasmo al enterarse que su historia será publicada en EL HERALDO. Los inmigrantes caminan largas distancias y los caminos en su mayoría son peligrosos. No es extraño que los ilegales vibren de emoción al encontrarse con miembros de los medios de comunicación, ya que esta es la única forma en que sus parientes pueden enterarse de que aún están con vida. La mayoría de ellos ya no tiene ni un tan solo peso en la bolsa. Comen por la caridad de los pobladores de la zona o por el gesto de buena voluntad de una que otra organización humanitaria que suele llegar a las estaciones de tren o a la línea para regalar comida y prestar algún servicio médico. Cuando los alimentos llegan, los "sin papeles" los devoran y lo que menos hay es tiempo para hablar. Mientras un par de hondureños se lleva la tortilla a la boca, con exquisitos frijoles y huevo revuelto con chorizo, un voluntario les toma los pies para desinfectar las heridas provocadas por horas y horas de extenuantes caminatas a través de zonas escabrosas y espinosas en la frontera sur. Con las energías repuestas, los compatriotas siguen en busca de la temible "bestia de acero", el tren que los puede llevar a alcanzar sus sueños o convertir sus vidas en la peor pesadilla. Abordar el tren no es fácil. Caminar decenas de kilómetros con hambre, sin dinero, con sueño y con el temor de ser víctimas de los pandilleros, asaltantes y policías, hace que la jornada se convierta en el preámbulo de un infierno que apenas asoma. Por las noches, las temperaturas bajan y no hay con qué cobijarse. Es aquí donde la aclamada integración de la que tanto han hablado los políticos se cumple. Grupos conformados por centroamericanos se unen para darse protección. Por las noches, mientras unos duermen otros quedan en vigilia. Duermen junto al ganado y los escuchamos quejarse cuando las garrapatas comenzaban a hacer fiesta en sus cuerpos maltratados y cubiertos con ropas harapientas. Se bañan en pozos de agua sucia que apenas logran refrescarlos. Ahí lavan sus ropas y calcetines llenos de hoyos y manchados con sangre y pus. Finalmente logran divisar la línea de tren, el cual abordan encomendados a Dios y conscientes de que el reto es vivir, morir o ser mutilados. En Tenosique las estadísticas comienzan a mostrar el dramatismo de la inmigración ilegal. Este año hay más lesionados y heridos, extraviados y mutilados. México y EE UU. Para este año se espera que los deportados sean 130 mil. Para el caso, en el 2005 se reportaron 63 lesionados y heridos, en lo que va del 2006 ya reportan 51. El año pasado se repatriaron 437 ilegales y en lo que va del 2006 han sido devueltos a sus países 1,847, cifra que muestra el repunte que ha tenido esta zona en el tráfico ilegal de personas. Un dato que preocupa es que en el 2005 hubo 22 mutilados y solo en lo que va del año ya se reportan 21 personas que han perdido alguno de sus miembros. Además, el año pasado murieron 13 indocumentados y este año la cifra ya se elevó a 20.

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