Escúchenos en línea

Choques entre negros y latinos en Nueva Orleans, a un año del Katrina

Ana Baron, diario Clarín, de Argentina. Enviada Especial a New Orleans. | 27 de Agosto de 2006 a las 00:00
Luego de la catástrofe, una ola de latinoamericanos llegó para trabajar en la reconstrucción de la ciudad, en condiciones similares a la esclavitud. Y se agravaron las tensiones con la comunidad negra. "Trabajé durante 13 días. Me debe 1.422 dólares. Se negó a pagarme y cuando se los reclamé sacó su pistola y me dijo que si lo denunciaba me mataba". Con jeans rotos, una remera blanca sucia y zapatillas totalmente deformadas, Francisco, un mexicano de 32 años, mira a esta corresponsal con ojos desesperados. "¿Qué puedo hacer? Vine a Nueva Orleans porque me dijeron que había mucho trabajo en la demolición y reconstrucción de las casas. Pero nos tratan como animales, nos no dan de comer, no nos pagan. Si nos enfermamos no nos dan atención médica. Somos los nuevos esclavos". Son las 6 de la mañana. En la esquina de la avenida Martin Luther King y la avenida Clairbourne, en el corazón de Nueva Orleans, ya hay más de un centenar de inmigrantes jornaleros que, como Francisco, han venido en busca de trabajo. Preparados para realizar todo tipo de tareas, frecuentemente en condiciones insalubres y peligrosas, entre víboras, asbesto y un calor de 35 grados, todos son conscientes de que al final del día pueden llegar a tener en sus bolsillos hasta 200 dólares, menos de lo que les corresponde, o simplemente nada. Así como hace un año el huracán Katrina arrasó Nueva Orleans —el aniversario es el martes 29— dejando al descubierto la pobreza y las históricas divisiones raciales entre blancos y negros que existen desde hace siglos, ahora la reconstrucción de la ciudad ha dejado al descubierto esta nueva tragedia social. Una gran cantidad de inmigrantes latinos están siendo explotados, como Francisco, por empresas constructoras que están haciendo un gran negocio con el desastre y la miseria que dejó Katrina. "Los peores son los patrones negros. Son muy violentos", denuncia José, otro mexicano, sin percibir que detrás de él, en el jardín de una de las casas del barrio, hay irónicamente una réplica de la Estatua de Libertad que está rota. "Nunca vi una cosa igual ni en Texas, ni en California ni en Alabama. Nos tratan como si fuéramos basura. Hay mucha hipocresía. No nos deportan porque nos necesitan, pero nos explotan, abusan de nosotros". "Ni lo dudes: aquí los negros son peores que los blancos. Los mexicanos los llaman 'los moyos' (los mosquitos)", me explica Ramón Acentares, 61 años, el único trabajador rubio que hay entre los mexicanos. "¿De qué país soy? De Argentina, che, ¿y vos?" Acentares llegó a EE.UU. cuando todavía no era necesario tener una visa. Y luego se fue quedando. En Argentina era el pastor evangelista del Templo Movimiento Fe Cristiana en Acción. Ahora se gana la vida trabajando de jornalero. La vida no le resulta fácil. "Estuve a punto de suicidarme —contó—; me acabo de separar de mi mujer que está en Alabama y estoy pensando en volverme a la Argentina". El huracán Katrina no sólo se llevó la vida de casi 1.500 personas, provocó el desplazamiento de 378.733 de los 437.186 habitante de Nueva Orleans y destruyó 70.906 de sus casas, sino que además cambio la composición étnica de la ciudad. Antes de Katrina el 60% de sus habitantes eran negros. Basta pasearse por las calles de la ciudad para ver que como la mayoría de los que se fueron son negros, la ciudad ahora es más blanca que antes. No hay estadísticas de cuántos mexicanos llegaron en busca de trabajo, muchos son indocumentados, pero el fenómeno es tan significativo que el intendente negro de Nueva Orleans, Ray Nagin, predijo que "muy pronto los mexicanos van a predominar en la ciudad". Y recientemente prometió que la ciudad "volverá a ser chocolate", lo que provocó una reacción violenta de la prensa local donde lo acusaron de racista y xenófobo. La United Fruit Company trajo a Nueva Orleans a los primeros hispanos. Eran hondureños Venían a trabajar en el puerto. "Seguimos siendo la mayoría", dijo a Clarín Alfonso Mitchel, un constructor hondureño que el viernes estaba reclutando jornaleros en la esquina de Luther King y Clairbourne. "Antes estas esquinas no existían. Son producto del Katrina. Y hay cada vez más y, consecuentemente, también hay más abusos", dijo. Jennifer Rosenbaum, una abogada del Centro Legal de los Pobres del Sur, dijo a Clarín que no es específicamente un problema racial, sino que se trata de empresarios, ya sean blancos o negros, abusando de sus trabajadores. De hecho, junto a los inmigrantes que llegan de México u otros estados de este país por las suyas y buscan trabajo en la calle, están "los inmigrantes que son contratados por las grandes empresas directamente en nuestros países a través de consultoras como Interlatina y llegan con una visa de trabajo temporaria. Ellos también son objeto de abusos", dijo la abogada. "Avíseles a los argentinos que no vengan a EE.UU. a través de Interlatina. La empresa por la que conseguí trabajo aquí (Decatur) no nos paga todas las horas que trabajamos y ahora me han despedido por reclamar mis derechos. También he recibido amenazas de muerte", dijo a Clarín Daniel Castellano, un peruano que acaba de presentar una demanda en contra de Decatur. "Soy ingeniero. Fui contratado para trabajar en la construcción pero me pusieron a limpiar baños en los hoteles", contó a este diario. Castellano considera que está atrapado en "un sistema de esclavitud moderna". Y lo explica: "Con la visa H2 B —dice— sólo podemos trabajar para la empresa que nos la consiguió, no podemos cambiar de trabajo y la empresa puede pagarnos lo que quiere". Ramón Acentares Tiene 61 años y llegó a Estados Unidos hace muchos años, cuando todavía no se precisaba visa. En la Argentina era pastor evangélico y ahora trabaja como jornalero. Dice que su vida no es fácil. "Aquí los negros son peores que los blancos", le dijo a Clarín. Alfonso Mitchel Es un constructor y desde hace meses recluta jornaleros en una esquina del centro de Nueva Orleans. Dice que la mayoría de los latinos que llegan son de su país. "Antes del Katrina estas esquinas no existían. Cada vez hay más y también más abusos", dijo.

«Los latinos son como trabajadores esclavos»El día en que Katrina arrasó Nueva Orleans, Malik Rahim, uno de los íconos de la lucha por lo derechos civiles, estaba en su casa cuando un amiga golpeó la puerta gritando: "Hay vigilantes recorriendo el barrio". Rahim no necesitó ninguna explicación. En el sur de EE.UU. llaman "vigilantes" a los blancos racistas, generalmente ex Ku-Klux-Klan, que andan armados siempre a la "caza de un negro". Rahim saltó sobre su bicicleta y salió a enfrentarlos. Rápidamente, descubrió que los "vigilantes" habían construido barricadas para impedir que los negros saquearan las tiendas y los supermercados. "¿Quién les dio autorización para hacer esto?", les gritó. Los "vigilantes" desenfundaron sus armas y apuntaron contra él justo cuando llegó al lugar un policía: "Estos hombres están actuando como vigilantes", explicó Rahim. El policía dijo entonces: "Tienen derecho a defender el barrio". Ex Pantera Negra que participó activamente en la lucha por los derechos civiles durante la década de los 60, Rahim recibió a Clarín en un complejo de 361 departamentos muy modestos que su organización "Common Ground" está reconstruyendo. "Queremos usar estos departamentos para que las familias afroamericanas que perdieron sus casas puedan vivir transitoriamente hasta que encontremos una solución mejor", dijo Malik. «—¿Hubo racismo durante el huracán? —Lo que hubo y hay aquí es una mentalidad de la época de la esclavitud. Nueva Orleans es una ciudad que ha sido siempre gobernada por el dinero de las plantaciones, el old money. Entonces les importa poco y nada lo que les pasa a los negros. «—Entonces siempre hubo problemas, pero el Katrina los agravó... —Hay ahora dos sectores: el que se recupera y el que está sumido en la desesperación, que perdió todo y al que no le llega la ayuda. Si no hacemos nada volveremos a la época de la reconstrucción y del Ku-Klux-Klan. Katrina desató nuevamente el espíritu racista que reinaba en esa época. «—Muchos latinos que vinieron a trabajar se quejan de empresarios negros que los tratan como esclavos. —Los negros y los latinos siempre han competido por los mismos trabajos. Yo creo que la gente aquí ha sufrido tanto que debe tener derecho a tener un trabajo antes que los latinos. «—Pero en Nueva Orleans hay pocos negros ahora, han sido desplazados. —Si hicieran el mismo esfuerzo para traer a los desplazados de vuelta como el que hacen para traer inmigrantes, las cosas serían distintas. Actualmente hay empresas que van a América latina a contratar trabajadores, los traen con permisos de trabajo temporarios porque son más baratos, más explotables, en realidad son los nuevos esclavos. No tiene derecho a la atención médica ni a la jubilación. Son ilegales. Son como trabajadores prisioneros. Hacen con ellos lo que quieren. «—¿Y cómo explica que haya también empresarios negros que los explotan? —En nuestra historia siempre hubo negros que tenían esclavos, de la misma manera que hubo judíos que ayudaron a los nazis a enviar a otros judíos a las cámaras de gas... Pero también hay que ser honestos: los latinos llegan a este país y no se quieren mezclar con los negros... y eso también es racismo. En California la guerra entre las barras latinas y las negras está que arde. Todo esto es producto de la arrogancia. Hay gente que se siente superior a otra y ésa es la base del racismo. Nosotros luchamos en contra de eso. Deudas Eran rostros desencajados de hambre y angustia. La mayoría eran negros, pobres y marginados del espíritu de triunfo tan propio de EE.UU. Se iban con lo puesto y algunos intentaban llevar consigo objetos atrapados a ciegas durante la huida, muchos desesperadamente inútiles pero tal vez el último vínculo con el que había sido su hogar. Las decenas de miles de evacuados del Katrina que subían a los micros no sabían a dónde iban y mucho menos cuándo podrían volver a casa. La gran mayoría aún no pudo. El Estado no hizo efectivos los subsidios otorgados y para la mayor parte de las familias la vida transcurre todavía en un refugio o en un trailer. "Todos hemos visto por TV la persistente pobreza de años que hay en la región", dijo con gesto sorprendido el presidente Bush, un año atrás. Pues bien: esa deuda sigue impaga.


Descarga la aplicación

en google play en google play