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La esperanza en Nueva Orleáns: habla español

EFE. Desde Nueva Orleáns. | 28 de Agosto de 2006 a las 00:00
El huracán "Katrina" destrozó la ciudad de Nueva Orleans y arruinó las vidas de miles de personas, pero al guatemalteco Gumersindo Manzano y a unos cuantos hispanos como él les dio la oportunidad de su vida. "Gracias al "Katrina", he podido cumplir mi sueño desde pequeñito, que era venir a trabajar a Estados Unidos" asegura a Efe Manzano, de 33 años. Este albañil consiguió en su propio país un visado especial por nueve meses que le permitió trasladarse a la "Ciudad del Jazz" junto a otros once compañeros de trabajo. Ahora vive en condiciones algo más que precarias en una casa junto a sus colegas, que han pasado ya a ser una parte de su familia. Como él, alrededor de 50.000 hispanos han llegado a Nueva Orleans en el último año desde el interior de EEUU y de otros países atraídos por la necesidad de mano de obra en sectores que cuentan con una masiva presencia de latinos, como la construcción o la hostelería. Manzano apura una cerveza en la calle Bourbon, en el Barrio Francés, junto a uno de sus "hermanos", Rubén López, pese a que se trata de un día laborable y es la una de la tarde. "Tan solo nos dejan trabajar cuatro días a la semana, diez horas al día. Ojalá pudiésemos trabajar de lunes a domingo", señala López, quien dejó a su mujer y sus hijos en Guatemala y no pasa un día sin que llore su ausencia. Y aunque ambos se encuentran agradecidos por la oportunidad que les ha dado la vida, no olvidan el gran número de inconvenientes y problemas que tienen que afrontar a diario. El primero, la incomunicación. "¿Hablas inglés, verdad? ¿Podrías pedirle a la camarera que nos sirva las cervezas frías y no calientes?", pregunta Manzano a este reportero. Se quejan de que el desconocimiento del idioma les deja indefensos ante los abusos de sus superiores, sobre todo, de los traductores, y de que eso les hará muy complicado buscar un trabajo para poder quedarse cuando expire su visado, en enero. Sin embargo, la mayoría de los peones recién llegados son inmigrantes indocumentados, que ganan, según los datos del profesor en la universidad local de Tulane, Wesley Hedden, unos 10,50 dólares por hora trabajada y tienen que aguantar condiciones aún peores que las de Manzano y López. Para Hedden, el estatus legal, el acceso a la sanidad y el idioma son los tres grandes problemas de la creciente comunidad de indocumentados hispano en la ciudad. Graciela –que prefiere mantener su apellido en secreto por temor a las autoridades migratorias– es una nicaragüense que llegó con su marido desde Austin (Texas) para trabajar como empleada en un hotel. Vive en un apartamento minúsculo con otras tres personas por el que pagan 600 dólares, y se siente una afortunada. Puede que lo sea, si se tiene en cuenta que muchos de los recién llegados a la ciudad han tenido que ocupar casas abandonadas cuyas estructuras están seriamente dañadas y que han provocado ya un número indeterminado de muertes. Sin embargo, ni siquiera las precarias condiciones han arredrado a los miles de hispanos llegados principalmente de El Salvador, Honduras, México, Nicaragua, y estados aledaños como Florida y Texas. Por ahora, hay trabajo para todos, el desempleo ha bajado del 5,6 por ciento de antes del "Katrina" al 4,2 por ciento después del huracán, pero aquí muchos se preguntan qué sucederá cuando Nueva Orleans recupere la normalidad. Como advertía hace unos meses en el periódico local "El Diario-La Prensa" la politóloga de la Universidad de Nueva Orleans, Susan Howell, "la ciudad es ahora tierra de nadie, muchas leyes y regulaciones no se están cumpliendo y las autoridades prefieren mirar a otro lado". Y lanzó una advertencia: "La confrontación entre negros e hispanos aún no ha comenzado porque hay muchos trabajos disponibles". Suceda lo que suceda, está claro que a Gumersindo Manzano ya nadie le puede arrebatar su sueño. Vive en él.

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