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Miles de indocumentado bolivianos viven como esclavos en Brasil y Argentina

Varias agencias. Desde La Paz. | 29 de Agosto de 2006 a las 00:00
Miles de indocumentados viven en condiciones miserables en Buenos Aires y Sao Paulo, pese a las medidas adoptadas después de la muerte de seis personas, señala una nota publicada por El Mercurio de Chile, que da cuenta de la situación de los bolivianos que trabajan como esclavos. En el sótano de una casa bonaerense, 20 hombres, mujeres y niños morenos, pequeños y mal alimentados trabajan desde las 7:00 A.M. a las 2:00 A.M. cosiendo prendas de vestir. Siempre están en el mismo lugar, no manipulan dinero, casi no ven luz solar y no salen del edificio a menos que se enfermen gravemente. Todos son bolivianos, parte de una realidad creciente de miles de inmigrantes que trabajan en condiciones remozadas de esclavitud en Buenos Aires y Sao Paulo. Hace casi cinco meses un incendio que dejó seis carbonizados -cuatro de ellos menores de edad- en uno de los talleres ilegales destapó un problema creciente aunque conocido por las autoridades argentinas. De los dos millones de bolivianos que viven en Argentina, el principal trabajo es en fábricas textiles y la mayoría en Buenos Aires. Oficialmente hay 15.000 bolivianos trabajando ilegalmente en Buenos Aires, pero estimaciones extraoficiales multiplican esa cifra varias veces. La razón de por qué no se ven mucho a los inmigrantes en las calles es sencilla; viven encerrados en el subsuelo y, como en los albores de la revolución industrial, en un entorno de explotación, promiscuidad y pletórico en enfermedades. El fenómeno se exportó a Sao Paulo luego de la crisis de 2002 en Argentina, y el tráfico laboral también ha prosperado en esa urbe, donde viven unos 80.000 bolivianos. Fabián Pico, vocero del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, dice a este diario que luego del incendio del 30 de marzo, se censaron 1.500 talleres ilegales en la capital argentina. Las autoridades duplicaron los 50 inspectores disponibles, revisaron 973 de esas instalaciones, de las cuales cerraron 502, y luego reubicaron a algunos cientos de trabajadores. Pero algunos talleres se han reinstalado en Buenos Aires o desplazado al resto de la provincia. "Algunos lugares clausurados se han vuelto a instalar, por eso los rechequeamos todos los días", dice Pico. "Es un fenómeno que se ha incrementado en los últimos años", reconoce a "El Mercurio" el vicecanciller boliviano, Mauricio Dorfler. El personero comenta que para enfrentar el tráfico de personas "Bolivia está comprometida en la lucha con campañas de información y prevención". Dorfler dice que el gobierno de Evo Morales estableció un decreto a través del cual, mediante un "pago simbólico", los bolivianos en Argentina adquieren rápidamente los documentos que necesitan, lo que ya benefició a 22.000 personas. También destaca que se creó un observatorio de derechos humanos para sus compatriotas en Buenos Aires. Pero el problema es difícil de erradicar porque miles de bolivianos marginales buscan desesperadamente mejorar su calidad de vida y los empresarios textiles venden cien veces más cara cada prenda que elaboran en los talleres ilegales, según el gobierno bonaerense. "Lo que más me golpeó fue que los trabajadores no pusieran un pie afuera de la puerta, porque cuando veían a un policía se orinaban de miedo, por temor a que los metieran presos. Pero ellos ya vivían en una prisión, incluso mental", dice a este diario el periodista boliviano Roberto Navia. En los talleres de costura ilegales conoció a Eugenia Vargas, una paceña de 25 años, que tras trabajar cinco sin salir de un taller bonaerense fue expulsada porque le dio tuberculosis y sus patrones temían que muriera. Y a Maribel Aguilar, de 17 años, quien también fue expulsada de una plantación de frutillas en Mar del Plata cuando a los 15 años quedó embarazada, luego de trabajar desde los 10.

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