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Las razones de los inmigrantes para marchar

Néstor Ikeda, agencia AP. Desde Washington. | 7 de Septiembre de 2006 a las 00:00
Gedeón Castañeda Alvarado tuvo el jueves buenas razones para estar presente entre la multitud de inmigrantes que pedían la legalización. Arropado con la bandera de El Salvador, el ex policía salvadoreño de 32 años estaba preocupado porque si deportaban a los indocumentados ya no tendría a quién dar de comer: vive de la venta de comidas a obreros de la construcción, mayormente ilegales. Nativo de Santa Tecla, en La Libertad, Castañeda Alvarado participó en la manifestación como distribuidor de una carta dirigida al presidente de la Cámara de Representantes Dennis Hastert, republicano de Illinois, para que promueva "una ley justa y más realista" sobre la situación de 11 millones de inmigrantes en Estados Unidos. Su misión en el mitin que concentró a más de 5.000 personas en las cercanías del Capitolio era lograr que el mayor número de inmigrantes firme la carta, y según sus propios cálculos lo estuvieron haciendo a un promedio de "por lo menos 500 en media hora". "Si botan a mi gente a quién voy a dar de comer...", declaró a un reportero. El Senado y la Cámara de Representantes han aprobado proyectos opuestos. Mientras que la cámara alta abre una posibilidad de residencia a millones de indocumentados, la otra la cierra y pide el amurallamiento de la frontera con México, acciones policiales drásticas y penalizar la presencia ilegal en el país. El Congreso ha iniciado sesiones el martes después de su receso de agosto, pero no tiene en agenda el debate migratorio. Dentro de tres semanas volverá al receso para que sus miembros se dediquen a la campaña para las elecciones del 6 de noviembre. El líder del bloque mayoritario en el Senado, Bill Frist, el legislador que fija la agenda de la cámara alta, dijo el miércoles que "es casi imposible" que el Congreso apruebe la reforma migratoria este mes. El senador Edward Kennedy, un demócrata de Massachusetts que promueve una apertura a la legalización, estuvo entre los varios legisladores, dirigentes sindicales y activistas que hablaron durante la manifestación, una de casi una decena realizada en una semana en toda la nación. La historia de Castañeda Alvarado, contada por él mismo, es apasionante como la de casi todo inmigrante en Estados Unidos. Dijo que vino por primera vez a Estados Unidos por cortesía del presidente estadounidense Bill Clinton como agradecimiento a la custodia que le proporcionó una división motorizada de la policía en su visita a El Salvador en 1999. Clinton entregó a seis miembros de esa división una carta para visitar Estados Unidos, agregó. Los seis vinieron al poco tiempo y retornaron a su país. Castañeda Alvarado vino otra vez en 2000 como turista y se quedó. Al año siguiente se benefició con el estatus de permanencia temporal que el presidente George W. Bush, sucesor de Clinton, aprobó para miles de salvadoreños que emigraron a Estados Unidos por razones humanitarias. El salvadoreño dijo que ha "hecho de todo para sobrevivir" después que los ataques terroristas de septiembre de 2001 bloquearon sus gestiones para integrarse a algún cuerpo policial en Estados Unidos. "Ahora tengo un negocio de comidas, cuatro camiones, una casa y una familia con cuatro hijos", dijo. "Otros familiares, incluyendo mis suegros, están por venir".

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