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Río Bravo, un muro natural fácil de penetrar en Texas

Redford, Texas. La Voz.com. | 12 de Septiembre de 2008 a las 00:00
El río Bravo enfila hacia el sur al llegar al occidente del estado de Texas, como si no quisiese que haya una línea bien demarcada entre Estados Unidos y México. A los residentes de la zona eso les sienta bien. La gente que vive a ambos lados de la gran curva están complacidos de que el muro fronterizo que se planea construir a lo largo de 1,126 kilómetros (700 millas) no pase por allí, por más que ello aumente el riesgo de que la región se llene de indocumentados que intentan ingresar al país por ese sector a medida que se van sellando otros más usados. "El río no nos separa aquí", expresó el historiador local Enrique Madrid ante un grupo de niños de ambos lados de la frontera, que golpeaban una piñata durante una reciente fiesta de cumpleaños en este pequeño pueblo ribereño de Redford. "Lo cruzábamos mucho antes de que existiesen los Estados Unidos y lo seguiremos cruzando cuando Estados Unidos haya desaparecido", manifestó. Tras la construcción de nuevos muros en California, Arizona, Nuevo México y las zonas más pobladas de Texas, esta curva del río, conocida en Estados Unidos como Big Bend, quedará como el tramo más largo sin vallas en la frontera sur. El río representa un muro natural, con riberas repletas de mimbres de un lado y de altos acantilados del otro. Es una barrera que dificulta la vida de familias repartidas entre ambos países y complica la economía de pueblos aislados que sobreviven con el aporte de personas de las dos naciones. Redford, un poblado de casas de adobe y plantaciones de alfalfa a 580 kilómetros (300 millas) de El Paso, es el sitio donde en 1997 un infante de marina que realizaba una misión secreta en la lucha contra las drogas baleó por error a Esequiel Hernández, un estudiante de secundaria que cuidaba cabras. Su muerte motivó la suspensión de una operación antidrogas y avivó el debate acerca de si un soldado entrenado para matar a enemigos extranjeros puede distinguir entre un amigo y un enemigo en esta difusa frontera. La propia familia Hernández refleja lo complejo de las relaciones en la frontera: un hermano se declaró culpable de traer indocumentados al país, mientras que un sobrino está tratando de ser admitido en la Patrulla de Fronteras. Así es la vida en este tramo del río, donde los nativos construyeron el primer asentamiento en lo que es hoy Redford en el año 1200. La gente de la zona cruzó el río libremente con la anuencia tácita de la Patrulla de Fronteras hasta el 2001. Luego de los ataques del 11 de septiembre de ese año, se prohibió el cruce y se instalaron rocas en las riberas. Las rocas no frenan a Amado Bustamante, un anciano de 79 años que vive del otro lado del río, en El Mulato, y sigue viniendo a Redford una vez al mes a comprar grasa de cerdo. "Es más barata en Estados Unidos y nunca me han pillado", comenta. La Patrulla Fronteriza tiene 373 agentes para vigilar un tramo de 820 kilómetros (510 millas) y más que nada instala retenes en la carretera entre la frontera y la ruta interestatal 10, unos 160 kilómetros (100 millas) al norte. Los agentes patrullan asimismo carreteras secundarias y se aparecen por poblados como Redford muy esporádicamente. "La naturaleza nos ha agraciado con un muro natural", expresó el agente de la Patrulla Fronteriza John Smietana. "No podemos vigilar el río. Es fácil cruzarlo en algunos sitios. Lo difícil es llegar del río a una carretera para seguir camino". Los relatos que circulan hacen pensar que mucha gente está dispuesta a intentarlo. Es difícil distinguir tendencias en esta zona ya que una operación grande puede tener un impacto enorme en los números y resultar engañosa. Pero una cosa está clara: este año ha habido un aumento del 16% en la confiscación de marihuana y fueron rescatados 11 indocumentados varados en el desierto. Es la cifra más alta registrada hasta ahora, pero ínfima comparado con los cientos que logran llegar a Arizona, al norte, todos los años. Y hay otras referencias importantes. Ojinaga, poblado mexicano frente a la localidad estadounidense de Presidio, vive una ola de violencia sin precedentes en la que este año murieron diez personas en matanzas relacionadas con el tráfico de drogas. La violencia es un fenómeno circunscrito al lado mexicano de la frontera. No se ha propagado al lado estadounidense, por más que el contrabando de drogas y personas sea alto. En marzo la Patrulla Fronteriza desbarató una banda de contrabandistas que empleaba a Francisco Hernández, hermano de Esequiel, y a su esposa Paula. Francisco Hernández admitió que trajo al menos 29 indocumentados en los últimos tres años y que por cada uno recibió 400 dólares del jefe de la banda, José Franco. Según los investigadores, Franco le pagaba a un vaquero de la zona para que transportase a los indocumentados por rutas secundarias, burlando los retenes de la Patrulla Fronteriza. El vaquero fue liberado tras ayudar a las autoridades a desarticular la banda. Franco negoció una pena de solo 21 meses de prisión y declaró en contra del matrimonio Hernández. La pareja se declaró culpable de transportar indocumentados y espera ser sentenciada. Los fiscales dicen que Paula le daba ropa seca a los indocumentados después de que cruzaron el río a nado. El vaquero dijo que se ha corrido rápidamente la voz de que es fácil ingresar al país a través de la Big Bend para encaminarse luego por las carreteras secundarias de la región, sin necesidad de hacer peligrosas travesías por el desierto ni ser encerrados en camiones. "Se corrió la voz de que no solo es más seguro, sino que los tratan bien", afirmó el vaquero. Agregó que los indocumentados generalmente eran transportados al norte en el piso de una Chevy Suburban. "No los envuelven en alfombras. Se les da de comer. Pueden ir al baño", señaló. El dinero del contrabando de personas es a menudo bienvenido en el condado de Presidio, donde una tercera parte de sus 8.000 habitantes viven en la pobreza. La familia de Hernández demandó al gobierno y recibió una compensación de 1.900.000 dólares, pero el dinero fue destinado al cuidado de los padres y Francisco no vio nada, según su hermano mayor, Margarito, quien es un policía de Presidio. Francisco "no tiene un trabajo estable y debe alimentar cinco hijos", comentó Margarito. "Los delincuentes se aprovechan de esos factores, de las necesidades que tiene la gente". Las autoridades se proponen destinar más agentes e instalar barreras para vehículos en 30 puntos de la frontera. Un proyecto de construir un muro a la altura de Presidio quedó en suspenso al sobrepasarse el presupuesto. Pero estas medidas no impedirán que los lugareños sigan cruzando de un lado al otro, como hicieron sus antepasados. Margarito Hernández hijo, hijo del policía de Presidio, relata que junto con sus primos iba en bicicleta al río "para ver quiénes lograban cruzarlo". Margarito, de 19 años, dice que quiere trabajar con la Patrulla Fronteriza y que sueña con ser asignado a su pueblo, pues conoce bien los secretos de la región. Cuando se le muestra la cruz blanca que marca el lugar donde fue abatido Esequiel, dice: "No sé por qué no podía haber un agente en ese sector".

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