Escúchenos en línea

Trabajadores indocumentados sufren abandono de sus patrones cuando se accidentan o se enferman

Stephen Franklin y Darnell Little, Chicago Tribune. Desde Chicago. | 23 de Septiembre de 2006 a las 00:00
Antes del accidente, Mario le había advertido al dueño de la pequeña tintorería en Diversey Avenue, en Chicago, que la máquina de planchar camisas estaba vieja y era peligrosa. Pero el jefe le dijo que se olvidara de eso y Mario, temeroso de quedarse sin empleo, no dijo ni una palabra más. Un día del invierno pasado, la masiva plancha de vapor se desplomó, atrapando el brazo izquierdo de Mario, derritiéndole la piel, machucándole el puño y costándole la pérdida de su empleo de $5.70 por hora. No había seguro médico, ni beneficios de compensación laboral, ni le ofrecieron pago de separación, dijo Mario. "Si no tienes papeles, trabajas ocho y diez horas diarias, seis días por semana, y no te quejas", dijo el inmigrante indocumentado mexicano. Debido a sus lesiones no puede hacer el tipo de trabajo de lavandería que ha hecho en los últimos 15 años en Chicago, y a otros patrones les asustan sus cicatrices. Ocho meses después del accidente, vive de la ayuda de sus parientes y lava carros, mientras que un abogado trata de cobrar lo que según él le deben. Para casi todos los estadounidenses la seguridad en los centros de trabajo ha aumentado en la pasada década, y son menos las personas lesionadas o que mueren en el trabajo. Pero ése no es el caso de todos los latinos, ya que algunos de ellos siguen atrapados en una era industrial anterior y mucho más brutal. Durante la última década las tasas de mortalidad entre los obreros latinos se han disparado, superando desproporcionadamente su presencia en la fuerza laboral. Con el auge de su participación los latinos también sufren lesiones en cifras notables en algunos de los empleos más peligrosos. Los latinos son vulnerables porque muchos de ellos son inmigrantes, no hablan inglés, entienden poco de la cultura estadounidense y agradecen cualquier tipo de trabajo por peligroso que sea. Aparte del debate nacional en torno a las reformas inmigratorias, estos inmigrantes indocumentados continúan viviendo, trabajando y sufriendo lesiones entre las sombras, muchos de ellos con la vida en un hilo. "No tienen el mismo derecho a quejarse. Siendo ilegales temen las represalias", dijo Jordan Barab, un defensor de los derechos en los centros de trabajo en Washington, D.C. Al no ser parte de la vertiente principal de la sociedad, no hay un cuadro claro de cuántos latinos indocumentados son lesionados o mueren en su trabajo. Cualquier evidencia estadística que haya es incompleta. Pero se calcula que los latinos indocumentados constituyen la mayor parte de los 7.2 millones de trabajadores no autorizados que hay en el país y la mayoría de los expertos dicen que ellos han elevado el número de bajas. Los que más saben y están dispuestos a hablar son los médicos que tratan de curarlos, los abogados de compensación laboral que tratan de conseguir que les paguen los gastos médicos y esa red variopinta de centros para jornaleros y otros que bregan por darles ayuda y protección. En el Hospital Stroger, de Chicago, la doctora Rachel Rubin registró los archivos recientes del hospital y señaló una serie de lesiones sufridas por obreros latinos. Había un obrero de construcción que no tenía el equipo necesario para levantar una pared con la ayuda de otros en un día de mucho viento. La mitad de los obreros faltó ese día, pero la cuadrilla tenía que hacer el mismo trabajo. Una pared le cayó encima, y hubo que sacarla de abajo. Se lesionó la espalda. Aunque el Hospital Stroger dijo que no podía proporcionar estadísticas detalladas sobre cuáles pacientes eran trabajadores indocumentados, Rubin describió los casos en sus archivos como representativos de personas "que son explotadas y puestas en situaciones difíciles sin tener el entrenamiento apropiado". El abogado John Budin, que regularmente da consultas a obreros lesionados, dijo que es algo común que los patrones se niegan a pagar cuentas médicas y que advierten a los empleados indocumentados que no presenten demandas. "Esta semana me vino a ver un hombre a quien el jefe le dijo, 'Si presentas una demanda, voy a llamar a Inmigración para que te deporten'", dijo Budin. Cuando Antonio Cabrera, un guatemalteco de 25 años, se lesionó de gravedad en un accidente de construcción en Chicago, se quedó tan aterrado que se escondió en vez de buscar atención inmediatamente. "Estaba asustado y mis compañeros también", recordó. Ansioso de trabajar y con una deuda de $6,000 con el coyote que lo trajo de contrabando a Chicago, tomó un empleo de pintor en el norte de la primavera pasada. El salario era de $7 por hora. En su tierra, un área rural de Guatemala, donde todavía viven su mujer y cuatro hijos, ganaba $4 diarios como agricultor. Cabrera tuvo la suerte de ir a un hospital y el seguro médico de la compañía de pintura en la que trabajaba pagó los gastos médicos. Mientras que las muertes en el trabajo de empleados no latinos decayeron un 16 por ciento entre 1992 y 2005, las de los trabajadores latinos subieron un 72 por ciento durante el mismo tiempo. El año pasado la tasa de mortalidad para los latinos fue de 4.9 por cada 100,000 trabajadores, una tasa sin rival entre ningún otro grupo. Eso representa más del 16 por ciento de todas las muertes, a pesar de sólo ser el 13 por ciento de la fuerza laboral. De todas las muertes en centros de trabajo investigadas por la Administración de Salud y Seguridad Ocupacional de Estados Unidos (OSHA) del área de Chicago en los últimos tres años, en la mitad de ellas hubo inmigrantes involucrados, y funcionarios federales dicen que casi todos ellos eran latinos.

Descarga la aplicación

en google play en google play