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Un parque mexicano ofrece ser inmigrante por un día con apoyo de indígenas

Agencias EFE y Reuters. Desde Parque Eco-Alberto, Hidalgo, México. | 27 de Septiembre de 2006 a las 00:00
Indígenas mexicanos de la etnia hnahnu, en el centro del país, venden a turistas extranjeros la experiencia simulada de cruzar a medianoche la frontera hacia EEUU a escondidas. Los "cruces" tienen lugar desde hace dos años en el parque ecológico Eco Alberto, en el estado de Hidalgo, centro del país, una extensión de tierra administrada por los habitantes de la zona. Los habitantes se valen de su experiencia de cruces repetidos de la frontera con Estados Unidos para que los turistas vivan personalmente los rigores del viaje. Luis Santiago Hernández, uno de los líderes comunitarios e impulsores del proyecto, dijo en entrevista a Efe que las caminatas nocturnas se organizan con grupos de un mínimo de veinte turistas, "porque la actividad requiere del trabajo de unas 72 personas de la comunidad". Según Hernández la caminata, que comienza siempre a las 20.00 horas y suele terminar a las 2.00 de la madrugada siguiente, incluye que los turistas se arrastren por el piso, atraviesen túneles, se escondan en campos de maíz e incluso sean secuestrados por "polleros" (traficante de personas) ficticios. Los empleados del parque se turnan para servir de guías, vigilantes, encender antorchas, emular los ruidos de la Patrulla Fronteriza estadounidense, y hacer los "levantones" (secuestros en camioneta) de los excitados turistas. Hernández afirma que a la fecha han recibido turistas de Argentina, Chile, Perú, Colombia, EEUU, Canadá y Francia, entre otros, que se sienten atraídos por la emoción de vivir una noche como inmigrantes indocumentados. Además, junto a Eco Alberto, en el municipio de Ixmiquilpan, a unas dos horas de la capital mexicana, corre el cauce del río Tula a modo de Río Grande, lo que asemeja aún más el recorrido a la realidad. Fuentes de la Secretaría de Turismo de Hidalgo, consultados por Efe dijeron que la representación "es parte de los recorridos turísticos, ya que la geografía de la comunidad (árida y montañosa) se puede prestar a la simulación del cruce fronterizo". Hernández, quien ha cruzado la frontera en cinco ocasiones y permaneció un total de 15 años en territorio estadounidense, sostiene que la iniciativa se creó con el propósito de "generar empleo para que las personas de la comunidad no tengan que emigrar hacia EEUU en busca de oportunidades y para concientizar a los turistas del fenómeno migratorio". En este sentido explicó que durante el paseo a los turistas se les "va platicando y dando a conocer quiénes somos y por qué somos, para que entiendan que luchamos solamente por un mejor nivel de vida". El promotor opina que el simulacro de "espalda mojada" (como se le dice despectivamente en EEUU a los inmigrantes que cruzan el río Bravo), que tiene un costo de 150 pesos (unos 14 dólares) sirve "para hacer ejercicio corporal para la gente que viene de la ciudad, para vencer el miedo, ser disciplinado, obediente y ponerse de acuerdo para hacer bien las cosas".

Una experiencia «excitante»

La orden vino en un susurro seco, cortante: "¡Agáchense, apaguen las luces, ahí viene la 'migra' (Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos)!". Unas 20 personas, cubiertas de lodo y con el cansancio reflejado en los rostros corrieron a esconderse en un matorral, mientras muy cerca una sirena de policía rompía el silencio de la desierta ribera del río. La escena se parece a la que viven día a día miles de emigrantes que buscan cruzar ilegalmente a Estados Unidos por el Río Bravo, guiados por "polleros" o "coyotes", traficantes de personas que por un precio prometen acercarlos al "sueño americano" dejando atrás a la Patrulla Fronteriza. En el Parque EcoAlberto, a unos 168 kilómetros al norte de Ciudad de México, la comunidad indígena hñahñu le ofrece a los turistas y curiosos una prueba de las dificultades que pasan los emigrantes, muchos de los cuales mueren de sed, cansancio, ahogados o son atrapados por las autoridades en su camino. Mientras el grupo se escondía, dos hombres vestidos con chaquetas militares con banderas estadounidenses cosidas en el hombro salieron de la vegetación llevando linternas, y hablando con un fuerte acento estadounidense: "Guys (chicos) salgan de ahí, es muy peligroso, vengan, tenemos agua, comida para ustedes". Sólo el silencio les respondió y al poco rato dejaron el camino libre para que el grupo continuara su marcha. "Esta experiencia es para concienciar a las personas que quieren cruzar hacia el otro lado", dijo a Reuters Javier García, uno de los guías de la "caminata nocturna" del parque, oculto tras un pasamontañas y un sombrero de ala ancha. Javier habla por experiencia: el año pasado cruzó la dura frontera, en una odisea de 15 días en la que muchas veces le faltó el agua para beber y debió atravesar el desierto, montañas y barrancos sin tener donde refugiarse. El año pasado alrededor de 1,2 millones de inmigrantes ilegales fueron sorprendidos cruzando la porosa frontera de México con Estados Unidos, de 3.200 kilómetros de largo. La mayoría atraviesa por el desértico sur del estado de Arizona. Los participantes de la caminata vadean lodazales, cruzan "acantilados" formados por viejos canales de riego a lo largo de un río, se ocultan en arbustos y maizales e incluso atraviesan un túnel, todo en medio de la oscuridad y usando escasamente sus linternas para no alertar a "la migra". "La migra", palabra que suele inspirar terror entre los indocumentados, es el Servicio de Inmigración y Naturalización de Estados Unidos, pero también es extensiva entre los emigrantes a las patrullas de frontera. El grupo, la mayoría turistas de la capital, que participó en una reciente caminata también rodó en camionetas 'pick up' y en más de una ocasión aceleraron para evadir a los "patrulleros estadounidenses". Los turistas pagan 150 pesos, unos 11 euros, por participar en una experiencia que ha sido calificada desde Estados Unidos como un "entrenamiento" para inmigrantes, según un diario de ese país. De acuerdo con los organizadores, el parque EcoAlberto tiene el respaldo de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI) del gobierno federal y es financiado parcialmente por el municipio.

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