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Phoenix, una historia muy hispana

Por: Valeria Fernández. The Associated Press. | 29 de Septiembre de 2006 a las 00:00

Primera Parte.

El centro de Phoenix "reventaba" de gente una noche de viernes, cuando era día de cobro. Transeúntes apresurados corrían a gastar sus "pesetas". El tranvía sobre la Calle Washington se paseaba tranquilo, descubriendo en su ruta, unas tras otras las pequeñas tienditas. En la esquina de la Calle 2 empezaban los negocios mexicanos: La Casa Blanca, El Paso Restaurant, Azteca Café y Ramona Theatre. El Phoenix de los 40 todavía está vivo en la mente de Rudy Domenzain, de 81 años de edad, porque lo conoció como la palma de su mano repartiendo el correo a pie, con morral sobre el hombro. "Ahora puedes tirar una bola de boliche desde la Calle 7 hasta el Capitolio de Arizona y llega sin que toque a nadie", dice Rudy. Las fiestas patrias, las noches en el salón de baile Riverside al ritmo de los corridos, las tardes en el barrio, la segregación en las piscinas, cines e iglesias, son todos retazos de la historia de los latinos en Phoenix que todavía no se leen en los libros. La herencia hispana en Phoenix es rica, pero poco se ha documentado sobre la misma. Este año la Ciudad de Phoenix encomendó al grupo de consultoría Athenaeum identificar edificios y barrios históricos que preserven la memoria de la historia latina en la ciudad, con el objetivo de salvaguardarlos. "La idea era identificar propiedades que pudieran ser declaradas históricas, pero por los cambios históricos que han ocurrido en el área, muchos lugares ya no están", dice Christine Marin, historiadora y archivista de la Colección de Investigación Chicana, del Departamento de Archivos y Colecciones Especiales de la Biblioteca Hayden en la Universidad Estatal de Arizona (ASU). Los expertos investigaron distintos puntos de vista de la historia de los latinos en Phoenix, como la religión, la organización política, la cultura, la educación, la música, y los negocios. Marin se especializó en el área del Sur de Phoenix, donde todavía perduran muchos de los barrios históricos para los latinos. "Siempre ha habido una comunidad latina aquí que ha sido emprendedora, siendo dueños de sus propios negocios, contribuyendo como trabajadores y tratando de convertirse en americanos", dice Marin. Con la reciente inmigración por el estado de Arizona que se ha convertido en el principal portal para los indocumentados hacia el resto del país existe la noción que la presencia de los latinos es un fenómeno reciente. "Está la idea de que los mexicanos son extranjeros, pero no lo son", dice Pete Dimas, historiador que participó en el estudio y profesor de Phoenix College, durante una presentación preliminar de los hallazgos de esta investigación. "Lo que tenemos aquí es una continuidad, no una amenaza".

Las hondas raíces de los latinos

La Ciudad de Phoenix se fundó en 1868, 20 años después de que culminará la Guerra con México con el tratado Guadalupe Hidalgo donde los mexicanos cedieron gran parte de su territorio hacia el Sur del Río Grande a los Estados Unidos. Jack Swillings, un empresario junto a su esposa Trinidad Escalante, de origen mexicano, son considerados los fundadores de la ciudad, aunque Phoenix no se convirtió en capital del estado hasta 1889. En ese entonces Phoenix no era más que un conglomerado de granjas, dispersas en el basto territorio desértico que pertenecían posiblemente a algunos mexicanos que habían estado allí desde antes que el territorio de Arizona pasara a formar parte de los Estados Unidos, según la historiadora Marin. Las fronteras estaban abiertas y el flujo de trabajadores mexicanos llegaba a asentarse en la agricultura con la experiencia adquirida en México. El sur de Phoenix era netamente un área de campitos para la agricultura, ubicados en las proximidades del Salt River. En 1870 los hispanos representaban un 52 por ciento de la población en la Ciudad de Phoenix. Una gran mayoría de las casas eran hechas de adobe al estilo de la construcción mexicana que se utilizaba en la época. La llegada del ferrocarril entre 1879 y 1895 aumentó las posibilidades de trabajo, ahora los productos de la agricultura tenían una forma de salir de Arizona. "Tenía que haber trabajadores. ¿Y quiénes iban a ser los trabajadores? Los mexicanos", dice Marin. Los mexicanos fueron desde siempre una clase trabajadora, tanto en las granjas como en la agricultura, pero no se ha documentado lo suficiente bien porque la historia se ha contado desde un punto de vista anglosajón, opina el profesor de geografía, Daniel Arreola, especializado en estudios de la identidad, orígenes y tendencias de los México–americanos en ASU.

La historia se repite

Los periódicos en español y hasta las transmisiones de radio en español en Phoenix no son un fenómeno reciente, como se cree. Hacia principios del Siglo XIX, la ciudad gozaba de una proliferación de publicaciones como El Mensajero, la Justicia y Machete. Posteriormente a fines de los 30 llegaría "El Sol", uno de los más recordados por la participación en la comunidad de su editor, el cónsul de México, Jesús Franco, y su esposa Josefina, quienes organizaban la celebración anual de las Fiestas Patrias. Las tensiones entre la comunidad inmigrante y los anglosajones tampoco son una historia nueva, afirmó Frank Barrios, investigador para el estudio y miembro de la junta directiva de Central Arizona Project. Con la llegada de los anglosajones de otras áreas del país atraídos por los empleos, la población hispana disminuyó e iniciaron los problemas, explicó. De la mano de los ataques a la comunidad inmigrante y mexicana surgieron las primeras organizaciones de defensa a los mexicanos como la Liga Protectora Latina, a principios del siglo XIX, según un reporte del historiador James D. McBride. Hacia 1914 la Legislatura estatal comenzó a impulsar leyes negativas para los mexicanos. Una de las leyes del representante W. D Claypool, prohibía que se empleara en trabajos de alto riesgo a cualquier persona sorda o muda, o que no pudiese hablar inglés. Esta medida eliminaba la oportunidad de muchos mexicanos de poder trabajar en empleos como las minas, dice McBride en su estudio. La propuesta fue de inmediato percibida como un ataque para la comunidad mexicana, y en oposición surgió la Liga Protectora Latina liderada por Pedro G. de la Lama, un ex oficial del ejército mexicano que se mudó a Phoenix. La "liga" comenzó a enlistar integrantes con el slogan "uno para todos y todos para uno". La liga implementó programas educativos en inglés y español para contrarrestar los efectos de las leyes. Durante la época de la Depresión de 1921 la mano de obra de los inmigrantes dejó de ser bien recibida, mientras los estadounidenses buscaban desesperados un empleo. En las primeras décadas del siglo XX los barrios mexicanos comenzaron a crecer empujados por la segregación hacia el sur de la calle Van Buren.

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