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Ofrecen en Salamanca, México, refugio a los migrantes

Salamanca, México. Correo.mx. | 3 de Enero de 2009 a las 00:00
Un oasis en el desierto, es para los centroamericanos que buscan cruzar los Estado Unidos, la casa del migrante "San Carlos Borromeo". Y es que aunque se desconocen las cifras exactas de la migración de centroamericanos hacia Estados Unidos, se estima que unos 200 mil pasan por este país, una parte de ellos pisa tierra guanajuatense. Ante la necesidad de ayudar a estas personas, el sacerdote de la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, Gerardo Velázquez Solís impulsó la construcción de este asilo que recientemente, el 28 de septiembre del 2008 y con la bendición del nuncio apostólico Christophe Pierre, inició actividades. A la fecha, esta casa ha ofrecido alojamiento a 254 migrantes en su mayoría de El Salvador, Nicaragua, Guatemala, Honduras, Perú, Cuba e incluso mexicanos provenientes de la parte sur del país. El sacerdote sostiene que "México tiene una tradición de ser un país hermano para muchos latinos, un país hospitalario, ello ha llevado a la Iglesia Católica a colaborar con las personas que buscan el "sueño americano", ofreciéndoles la oportunidad de comer, asearse y descansar para proseguir con su viaje", expresó. Pero, no es sólo la necesidad de alimento y atención medica lo que motiva al párroco a ayudar a los migrantes, sino los abusos que se comenten contra ellos, "a través del acercamiento nos damos cuenta de todo el drama que vive esta gente, en sus rutas son violentados en muchas forma, secuestrados, extorsionados y las mujeres, hasta violadas, por grupos delictivos como la mara salvatrucha y hasta por las propias autoridades". Es así que en la casa "San Carlos Borromeo", los migrantes encuentran un refugio después de toda su travesía; pues como expresó el padre Gerardo, éste será siempre sitio abierto "a personas de cualquier credo, donde se les tratará con cariño y respeto". Historias de sueños rotos Derrotados en su intento de cruzar a Estados Unidos, Balbino Mejía Gómez y Denis Díaz, hondureños de nacimiento, han decidido regresar a su país, entregándose a migración. Balbino, de 30 años de edad, dedicado a la construcción, estudió hasta cuarto grado de primaria, pues tuvo que dejar la escuela y ayudar a su madre, a quien le diagnosticaron cáncer. Ante la falta de oportunidades en su país, decidió tratar de probar fortuna en Norteamérica, pues el sueldo que ganaba como albañil, no le alcanzaba ni para mantenerse a sí mismo. La historia de Denis Díaz no es muy diferente, motivada por darle a sus tres hijos una vida mejor, decidió enfilar sus pasos hacia Estados Unidos. Ella, junto con Balbino, su compañero de viaje, ha recorrido grandes distancias, sin embargo, ahora el optimismo por conseguir el "sueño americano" se ha acabado. Ambos, alojados en la casa del migrante, esperan recuperase del cansancio de tantos días de viaje, para tomar el tren que los lleve a la Ciudad de México y entregarse a las autoridades migratorias, quienes esperaran los regresen pronto a su patria.

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