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Niños gringos hijos de inmigrantes, blanco de xenofóbicos

Washington. EFE. | 27 de Enero de 2009 a las 00:00
Los niños inmigrantes legales se han convertido en el nuevo blanco de grupos xenofóbicos en Estados Unidos, que han montado una campaña de presión para que el Congreso los prive de cobertura médica. El campo de batalla se ha trasladado a los pasillos del Senado, que esta semana prevé votar un proyecto de ley que amplía la cobertura médica a alrededor de once millones de niños pobres y elimina las restricciones impuestas a niños inmigrantes legales. El pasado 14 de enero, la Cámara de Representantes aprobó ese proyecto, que fue vetado en dos ocasiones anteriores, desde 2007, por el ahora ex presidente George W. Bush. Pero la expansión del programa federal, conocido por su sigla en inglés SCHIP, ha alzado en armas a grupos que ven en cada niño inmigrante una amenaza a la salud fiscal del país. Estos grupos se oponen a una cláusula que permite que los gobiernos estatales eliminen la espera de cinco años -impuesta desde 1996- que afrontan los inmigrantes legales y mujeres embarazadas bajo el SCHIP y el programa de "Medicaid". El proyecto tiene un costo de 33.000 millones de dólares en los próximos cuatro años y se financiaría principalmente a través de un incremento en los impuestos federales a los paquetes de cigarrillos, de 61 centavos a un dólar. Pero para los grupos anti-inmigrantes el problema no es únicamente cómo se financia la legislación sino también a quiénes beneficia. De nada sirve argumentar sobre los efectos nefastos a la salud pública de negarle cuidado médico a tan sólo un inmigrante. Después de todo, los niños inmigrantes respiran el mismo aire y comparten útiles escolares, el patio de recreo y hasta golosinas y comidas con el resto de la población estudiantil. En ese entorno, una enfermedad crónica transmisible se propagaría a velocidad de rayo. La salud de toda una población depende del bienestar y el acceso al cuidado médico que tengan sus grupos más vulnerables. Pero algunos republicanos, quizá con la mirada puesta ya en sus campañas de reelección el próximo año, defienden medidas draconianas con el son de que los inmigrantes son una carga para el sistema de salud pública. No toman en cuenta estudios que indican que quienes carecen de seguro médico acuden a salas de emergencia con enfermedades ya avanzadas y, al final, los gobiernos locales y estatales terminan absorbiendo un costo aún más prohibitivo. Cinco años es una eternidad para obtener cuidado médico, y ni la diabetes, ni el asma y otras enfermedades crónicas desaparecen por arte de magia. El líder de la mayoría demócrata en el Senado, Harry Reid, ha advertido a los detractores del proyecto de ley que eviten convertirlo en "un debate sobre inmigración" -que ya da para su propio capítulo-, porque se trata "de un debate sobre el cuidado de nuestros niños". La legislación no menciona en ningún lado a niños indocumentados. Sin embargo, republicanos como el líder de la minoría en la Cámara de Representantes, John Boehner, han abogado por restricciones "para prevenir el fraude" de familias que se hicieran pasar por ciudadanos o inmigrantes legales para recibir beneficios. Según el grupo progresista "First Focus", el 67 por ciento de los estadounidenses favorece el levantamiento de la espera de cinco años para los niños legales, y sólo el 19 por ciento se opone. Y el presidente Barack Obama "cree que niños saludables son clave para una economía saludable y un futuro saludable para nuestro país", aseguró Charles Johnson, el secretario interino de Salud. Alrededor de 7,4 millones de niños reciben beneficios del SCHIP, creado en 1997 para ayudar a los gobiernos estatales a que mejoren la cobertura médica de su población de escasos recursos. El programa ayuda a familias que no son lo suficientemente pobres para recibir subsidios del Gobierno pero tampoco tienen suficiente dinero para costearse un plan de salud privado. De ser aprobada, la ampliación del SCHIP incluirá a otros cuatro millones de niños, para un total de once millones. Según el Censo, ya antes de que se agravara la crisis económica, había al menos 8,6 millones de niños sin cobertura médica en Estados Unidos.

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