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La guerra de los muros

Agencia de Información Nacional (AIN), de Cuba. | 9 de Octubre de 2006 a las 00:00
¡Ah, los muros, las cercas, las alambradas... ! Cuánto no se ha hablado en los medios de prensa occidentales de la imaginaria "cortina de hierro", que, decían, separaba a la ex Unión Soviética del titulado mundo libre. O de la "cortina de bagazo", que alejaba a Cuba del "occidente cristiano y democrático". O del Muro de Berlín, devenido frontera entre el ya extinto socialismo real de Europa del este y las naciones de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, en el Viejo Continente.

Por Néstor Núñez, Agencia de Información Nacional (AIN), de Cuba.

A la luz de la propaganda mediática del imperio, han sido los malos, los diabólicos, los opresores, los anti democráticos, los dados a levantar barreras artificiales para ocultar sus pretendidas felonías y privar a su gente de las "bondades" del único mundo civilizado y feliz: el capitalismo con égida en Washington. Pero a la vuelta de unos pocos años todo parece haberse trastocado, y quienes criticaron, atacaron y vilipendiaron las presuntas barreras represivas del socialismo, resultan los grandes cultores de los paredones, las aspilleras y las murallas, esta vez no solo de ladrillos y cemento, sino incluso con todos los artilugios de la electrónica y la informática para detectar hasta una mosca intrusa. Así, el Israel sionista adelanta su gran barrera "defensiva" en torno a las zonas árabes y palestinas ocupadas, a contrapelo incluso de las reclamaciones y dictámenes de la ONU y de los tribunales internacionales, y desde luego, con el siempre generoso apoyo financiero de los Estados Unidos. Mientras, el propio gobierno norteamericano se da a la tarea de establecer sus propios muros, esta vez al sur, sobre el originario territorio mexicano usurpado e incorporado a viva fuerza a la Unión. Con desechos de la primera guerra del Golfo Pérsico ya se habían levantado tramos de barreras metálicas acompañadas de garitas y sistemas de alarma en una importante porción de la frontera con México, con el interés de frenar la llegada a decenas de miles de inmigrantes ilegales procedentes del sur. Mientras, grupos de pretendidos "ciudadanos leales", incorporados a bandas armadas como la llamada Minuteman, con plena anuencia de las autoridades, hacen de las suyas con los recién llegados, desde vejarles hasta privarlos de la vida, en una verdadera guerra xenófoba. Las autoridades mexicanas, que bajo el gobierno de Vicente Fox se han preciado de amigas de la Casa Blanca, enviaron tímidas protestas, pero en Washington las ideas eran otras. Y a tono con sus políticas extremas, George W. Bush acaba de dar curso a la ley que establece la construcción de otros mil 200 kilómetros de muro entre México y los Estados Unidos. Para los neoconservadores se trata de un rotundo triunfo. Según parlamentarios republicanos, ahora la "frontera estará defendida contra la entrada de ilegales por una valla y una sofisticada barrera electrónica". Con ese paso la Casa Blanca ha dado el gusto a los grupos recalcitrantes que dentro de la Unión medran a cuenta del racismo, y que ya en no pocos estados han establecido leyes regionales de extrema virulencia contra los extranjeros llegados desde las naciones subdesarrolladas, y en especial desde México y el resto de América Latina. Al final la gran causa de la emigración queda como la eterna asignatura pendiente: la pobreza y la carencia de esperanzas que empujan a millones de seres humanos a dejar sus territorios originales para marchar a las metrópolis a intentar ganarse la vida.

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