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Incertidumbre domina a butaneses en albergue de Guatemala

Ciudad Guatemala. Prensa Libre.com. | 11 de Abril de 2009 a las 00:00
Aunque permanecen desde hace casi un mes en un albergue de la Dirección General de Migración, los tres migrantes Babú, Ramichi y Limbo, de origen butanés, que residieron un mes en el área internacional del aeropuerto La Aurora, aún viven en la incertidumbre sobre su destino. Las dudas de los tres migrantes se agudizan mientras transcurren los días, pues las autoridades de Aeronáutica Civil, responsables de su situación, deben establecer qué línea aérea los trajo para que ésta se haga cargo de retornarlos. El 14 de marzo pasados, la Dirección General de Migración y de Aeronáutica Civil, firmaron un convenio para trasladar a los tres migrantes, cuyos nombres reales son Babú Rai, de 22 años, Ram Meche, de 25, y Umesh Limbu, de 23, a un albergue, mientas que se resuelve su situación migratoria. Los tres asiáticos ya se hicieron idea de vivir y trabajar en Guatemala, pues su situación es bastante complicada, ya que Bután no los reconoce como ciudadanos, tampoco Nepal, pues habitaban en esa tierra como refugiados. Uno de los tres migrantes, Babú Rai, expresó que ya no desea llegar a Canadá, a donde se dirigían los asiáticos. En tono desesperado, manifestó que después de todo lo que han pasado, es mejor quedarse en Guatemala y buscar un trabajo en el país. Con señas, los tres butaneses indicaron que pueden realizar trabajos de limpieza y hotelería, trabajaron como pilotos de automóvil o microbús, actividades que realizaban en Nepal. Ram Meche, relató que antes de aventurarse a su viaje, laboraba como ayudante de piloto de microbús en Nepal. Hacía gestos que demostraban que su trabajo consistía en cobrar el dinero a los pasajeros. Babú explicó que desde los 9 años laboraba en el hotel “Matza Butchije”, en el área de limpieza y que no le importaría trabajar en lo que sea con tal de salir a la calle. Casi un mes después de haber sido trasladado, los asiáticos han aprendido a hablar un poco de español, ya que otros albergados centroamericanos se han tomado la tarea de enseñarles el idioma. Conocen palabras como “hola, cansado, trabajo y nombres de comida, tal como, arroz, pollo y chile”. Prensa Libre realizó una entrevista con los butaneses sin necesidad de un traductor, pues su estadía en Guatemala, les ha ayudado a desenvolverse en este idioma y utilizar bastantes ademanes para comunicarse. Pese a que en el albergue les brindan alimentos, tienen televisión, camas donde reposar, baños y libertad para dormir y despertar a la hora que quieran, el estrés y el miedo de no tener patria ni un futuro seguro, les ha ocasionado enfermedades. Babú, el migrante que ya presentaba enfermedades en el aeropuerto, no se encuentra nada bien, luce pálido, demacrado y más delgado que hace un mes. Constantemente se queja de dolores de cabeza y muestra un papel manchado de sangre, con el cual se limpiaba los oídos. El joven indicó con señas que ha vomitado sangre, razón por la cual fue trasladado dos veces a la emergencia del hospital San Juan de Dios. El médico de Migración lo examina constantemente, y su cuadro clínico apunta a enfermedades pépticas derivadas del estrés y malestar por la altura y presión atmosférica de Guatemala, que es muy distinta a la de Nepal. La paciencia de los migrantes se está acabando y constantemente preguntan al delegado de Migración sobre cuándo los dejarán salir. Las respuestas siempre son: “Tranquilos, paciencia, no más de un mes”. Limbu, aunque es el más tímido, coincidió con sus amigos en solicitar un refugio político en Guatemala, pero el director de Migración, Renato Durán, aseveró que debido a la situación de ilegalidad en que entraron al país, difícilmente se les podrá dar asilo político. “Se debe encontrar la línea aérea que los trajo y retornarlos, pero eso es tarea de Aeronáutica Civil, nosotros les dimos refugio para que estuvieran saludables, pero el asilo político va a estar difícil”, argumentó. Un trabajador del albergue, ubicado en la zona 5, relató que los tres butaneses son muy tranquilos en comparación de otros jóvenes de nacionalidades latinas. “No molestan, aprenden rápido el español y no comen carne. A ellos les tenemos que dar platos vegetarianos porque no acostumbran a comer carnes debido a las tradiciones de su cultura”, enfatizó. Mientras se llevaba a cabo la entrevista ocurrió un temblor. Los tres se miraron las caras y luego sonrieron tímidamente. Babú recordó los temblores del sábado pasado con rostro asustado.

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