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Inmigrantes soportan brutales travesías para abandonar Bangladesh

La Voz.com. | 5 de Mayo de 2009 a las 00:00
Al caer la noche, le dijo el hombre, vaya hacia las lanchas. Le aseguró que el viaje sería fácil: Cuatro días en barco a Tailandia, luego, una corta caminata a través de las colinas boscosas de Malasia. Y después, dijo el hombre, nadará en dinero. En cambio, Mohamed Sharif quedó cautivo en la bodega de una embarcación junto con cerca de 100 personas. Sólo pudo comer arroz y beber agua, mientras la tripulación amenazaba con palizas y la lancha estuvo a la deriva durante semanas, perdida en el mar, cajo un sol que parecía una brasa ardiente. Sharif, un taxista de 26 años, había sido víctima de una red de contrabandistas de seres humanos que han emergido en comunidades costeras de Bangladesh para servir a clientes dispuestos a arriesgar sus vidas con tal de llegar a costas más propicias. La suerte corrida por las personas de Bangladesh que intentan ingresar de manera ilegal a Tailandia ha causado indignación internacional. Se ha denunciado que las autoridades de Tailandia obligaron en fecha reciente a casi 1.000 inmigrantes a retornar al mar en embarcaciones sin motores, tras proveerlos de algunos sacos de arroz. Centenares murieron ahogados. Muchos de los que huyen de Bangladesh son rohingyas, un grupo musulmán que huyó originalmente de Mianmar para escapar a la persecución. Cientos de miles de rohingyas viven en Bangladesh. Las autoridades tailandesas atraparon a 1.025 inmigrantes rohingya en el 2006, a 2.700 en el 2007 y a casi a 5.000 el año pasado, según el Proyecto Arakan, con sede en Bangkok, que defiende los derechos de los rohingyas. Se cree que la mayoría de esos rohingyas enfilaron hacia Malasia. Los militares tailandeses dicen que nunca obligaron a los inmigrantes a retornar al mar, y que se limitan a detenerlos y a repatriarlos. Pero el primer ministro Abhisit Vejjajiva ha dicho que las autoridades están investigando los cargos. Las autoridades indias rescataron a más de 300 inmigrantes a fines de diciembre y de comienzos de enero, y las internaron en las islas Andaman. Las autoridades indonesias tienen en prisiones a unos 200 inmigrantes que llegaron a la isla de Sabang. Sharif, que hizo su viaje en mayo pasado, tenía como propósito viajar a Tailandia y luego a Malasia, que depende de inmigrantes para toda clase de trabajos, desde sirvientas hasta obreros de la construcción. El fue uno de los aproximadamente 95 hombres que remaron en lanchas de madera desde Teknaf, rumbo hacia una gran barca de pesca que se dirigía a Tailandia. Tuvo que pedir prestado dinero a sus familiares para pagar al agente unos 20.000 takas (300 dólares) a fin de conseguir un sitio en la embarcación. El resto del dinero, 50.000 takas (740 dólares) debía ser pagado más tarde. El agente "me dijo que podría ganar unos 2.000 ringgits (554 dólares) mensuales como conductor", dice Sharif. Ese sueldo es cinco veces lo que ganaba para mantener a tres hijos pequeños, a su madre viuda y a tres hermanos más jóvenes. Una vez a bordo del barco de pesca, la tripulación ordenó a los emigrantes que se escondieran en la pequeña bodega debajo de la cubierta, y que no volvieran a salir. Recibieron arroz seco y agua, la única comida del día. Sólo al caer la noche se les permitió salir a cubierta para estirarse y darse una ducha. Si intentaban salir a cubierta durante el día, eran golpeados con palos. Los contrabandistas de seres humanos dijeron que si eran vistos, serían detenidos por patrullas navales. Luego de algunos días, el motor de la lancha dejó de funcionar, y la embarcación quedó a la deriva, en medio de un sol candente. "Cuando comenzamos a hacer preguntas, (los tripulantes) amenazaron con arrojarnos al mar", dijo Sharif. Tras ir a la deriva durante unas cuatro semanas, una embarcación de una patrulla naval descubrió la lancha y las autoridades arrestaron a los tripulantes y a sus pasajeros. Dos semanas más tarde, docenas de rohingyas y de ciudadanos de Bangladesh, entre ellos Sharif, fueron sacados de la prisión y puestos en una pequeña embarcación, sin comida alguna. Las autoridades les ordenaron "retornar a su casa". La embarcación llegó a la costa de Mianmar, donde las autoridades volvieron a arrestar a los emigrantes y los mantuvieron en celdas en condiciones aún peores. Los emigrantes fueron informados que debían juntar 80.000 takas (1.185 dólares) para conseguir su liberación. Demoró un mes, pero los familiares de Sharif vendieron sus tierras y pidieron préstamos para conseguir el dinero. Sharif y los otros fueron trasladados de Yangon a Dacca, la capital de Bangladesh. A centenares de kilómetros de su hogar, Sharif tuvo que pedir limosna a extraños, hasta que consiguió suficiente dinero para retornar a Teknaf. En la actualidad, Sharif ha retornado a su trabajo, y transporta a pescadores, aldeanos y carga en su destartalado taxi a lo largo de la costa. Debe 100.000 takas (1.500 dólares) a sus familiares, y estima que demorará unos ocho años en devolver toda la suma. "Espero que algún día me perdonen y que se olviden de la deuda", dijo Sharif. "He sufrido mucho".

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