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El muro de Bush como arma arrojadiza

Alfonso Armada, enviado especial del Diario ABC, de España. Desde Tucson, Arizona. | 1 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Para desolación de fervientes demócratas de Arizona, como el «sheriff» de Nogales, Tony Estrada, el encono entre republicanos y demócratas ha encontrado en el miedo a los inmigrantes ilegales un extraño aliado de cama. El muro de 1.200 kilómetros entre México y Estados Unidos, aprobado por el Congreso y recién ratificado por el presidente George W. Bush a unos días de las elecciones legislativas como parte de la estrategia republicana, «no es la solución», dice suavemente Estrada. «Ojalá en vez de tirar tanto dinero en muros y guerras lo gastaran en construir puentes». Al menos 286 personas murieron el año pasado intentando cruzar desde México a Estados Unidos a través del desierto de Arizona a pesar de ser el sector más vigilado de una frontera de 3.141 kilómetros que separa dos mundos de abismal desigualdad, pero que se necesitan como el cactus y las espinas. El «sheriff» Estrada y el pastor protestante Ben Wenke son los antípodas políticos de Nogales, paso fronterizo de Mariposa entre la villa de Arizona y la de Sonora, prácticamente el mismo lugar de casas de humilde ladrillo reptando por colinas resecas que un escuálido arroyo que a veces se subleva y un muro de hojalata y alambre de espino tratan de dividir. Mientras Estrada, elegido «sheriff» por primera vez en 1993, piensa que «los muros no han tenido éxito en ninguna parte. El deseo y la necesidad de los hispanos que quieren trabajar no la va a detener nadie», y que lo único que hará el muro será que «busquen caminos más peligrosos y hacer que las mafias que se aprovechan de los inmigrantes», para el director de la Nogales Mission, «un ilegal es un ilegal hasta que la ley no diga lo contrario. Lo cual no quiere decir que se me rompa en corazón cuando vea un necesitado y sea un buen samaritano. Pero no creo que le tengamos que dar ayuda médica a un ilegal si no está contribuyendo a los Estados Unidos». Piensa sin embargo que el muro será «una terrible pérdida de dinero, aunque servirá al menos para disuadir». Mientras Estrada, que critica a sus correligionarios en Washington por su postura sobre la inmigración, confía en que los demócratas recobren la mayoría en el Congreso, el pastor Wenke espera que «los republicanos refuercen su mayoría, porque están en peligro los valores cristianos» y respalda sin ambages al presidente Bush y la campaña de Irak: «Si no matamos a los fundamentalistas islámicos allí nos matarán al presidente y a mí aquí». El republicano Randy Graf, que defiende su candidatura a la Cámara de Representantes por Arizona machacando sobre la cuestión migratoria va a remolque en las encuestas de Gabrielle Giffords, demócrata moderada que es partidaria de atacar el problema de forma global y que, paradójicamente, coincide con la postura más abierta del presidente Bush. A pesar de haber firmado la ley del muro es menos radical que su propio partido en esta cuestión: sabe que los 17 millones de electores hispanos (7 por cien más en que 2004) pueden cambiar las tornas. El mismo esquema divide al senador republicano Jon Kyl, que opta a un tercer mandato, con un mensaje ferozmente anti-inmigrante, del demócrata Jim Pederson: ayer recibió en Tucson el espaldarazo del ex presidente Bill Clinton, que fue quien, recuerda la Defensora Legal y activista Isabel García, «demócrata desde niña», empezó en 1994 a reforzar la linde en San Diego para asegurarse el voto conservador. Desde entonces, el número anual de muertos al cruzar se ha duplicado en el sector de Arizona. García añade que el dinero supuestamente aprobado por el muro se lo llevarán Lokheed y Boeing (en el desarrollo de sistemas de vigilancia) y Halliburton (en la construcción de 300 centros de detención). Los demócratas albergan grandes esperanzas de volver a su favor el espinazo de las Rocosas, como Montana, Idaho, Wyoming, Nevada, Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México, que en 2004 votaron, en distinto grado, por Bush. El discurso de muchos candidatos demócratas del montañoso oeste podría pasar por el de muchos republicanos en cuanto a derecho a portar armas, aborto, religión y política migratoria. Incontestables mayorías, con nutrida representación demócrata, respaldaron la ley del muro cuando fue votada en la Cámara de Representantes (283 votos a favor y 138 en contra) y el Senado (80 a favor frente a 19 en contra). A pesar de que unos 400.000 inmigrantes entren en Estados Unidos cada año a través de los desiertos de Sonora y Arizona, y de que este Estado fronterizo sea con 450.000 indocumentados (de una población de casi seis millones de almas) el que más residentes ilegales acoja de todo el país, su porcentaje de desempleados era de 3,6 por ciento en agosto, frente a una media nacional de 4,7 por ciento. Basta contemplar las nuevas urbanizaciones que brotan a orillas de la carretera interestatal 19, a través del Green Valley, que une Tucson con Nogales, para ver en qué se ocupan tantos brazos morenos.

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