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40 niñós piden a Bush que deje a sus padres vivir en EEUU

Agencia AFP. Desde Washington. | 4 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Un grupo de unos 40 niños caminaron por casi una hora bajo un intenso frío este viernes por las calles de Washington, hasta llegar a la Casa Blanca para entregarle al presidente George W. Bush cartas en las que piden que sus padres, inmigrantes indocumentados, no sean deportados; pero sus misivas, escritas de puño y letra, nunca llegaron a destino. "Querido presidente Bush. La razón por la cual le escribo esta carta es porque estoy tratando de persuadirlo de no deportar a mi madre a México", escribe el niño Elton Pérez en una de las cartas que los organizadores de la marcha entregaron a la prensa frente a la Casa Blanca. A cuatro días de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, que tienen como uno de los temas centrales de campaña la inmigración, los niños, todos ciudadanos estadounidenses, caminaron desde una iglesia metodista cercana al Congreso hasta la casa presidencial, por más de 45 minutos, con carteles que rezaban en inglés y español "No se lleven a mi mami o a mi papi". El pequeño contingente, que marchó flanqueado por adultos, era encabezado por Saúl Arellano, de siete años, cuya madre Elvira se encuentra refugiada desde hace tres meses en un templo metodista de Chicago para tratar de evitar que las autoridades estadounidenses la envíen de regreso a México. El caso de Arellano sacó nuevamente a la luz uno de los fenómenos más dramáticos asociados a la migración ilegal en Estados Unidos, el de las familias que se separan. Así le ocurrió a José Guadalupe, mexicano de 32 años, quien hace 17 llegó a Estados Unidos y hasta el día de hoy no tiene documentos. Guadalupe dijo a la AFP que concurrió a la marcha desde Charleston, Carolina del Sur (este), para pedir que después de tanto tiempo de vivir en Estados Unidos y tras siete años sin ver a su padre, madre y hermanos, le permitan obtener documentos para salir del país, visitar a su familia en México, y regresar al lugar donde trabaja y donde nacieron sus hijos, Juliana y Andrés, que también participaron de la caminata. Mientras los organizadores cantaban himnos religiosos o "Born in the USA" (nacido en Estados Unidos), viejo éxito del cantautor estadounidense Bruce Springsteen en los años ochenta, Imelda Millán, mexicana de 31 años, se mantenía discretamente avanzando a un lado de la pequeña comitiva, empujando un carrito de bebé cubierto con una manta rosa. Millán tiene tres hijos, todos nacidos en suelo estadounidense. Su mensaje, que aclaró es para el presidente Bush, es simple: "Necesitamos quedarnos aquí por nuestros hijos". La mujer no tiene papeles y aseguró a la AFP que tiene miedo a que la deporten un día. Consultada sobre qué haría con sus niños si eso ocurriera, si se irían con ella a su país o no, la respuesta fue: "Quizá sí, quizá no. No tendría allá con qué mantenerlos". La mayoría de los niños que participaron en la marcha son hijos de latinoamericanos inmigrados a Estados Unidos, pero muchos prácticamente no hablan castellano. Incluso muchas de las cartas preparadas para entregar al mandatario están escritas en inglés. La marcha alcanzó el portón frontal de la Casa Blanca al caer la tarde. Bajo una lluvia de flashes de la prensa que cubría la marcha, Saúl Arellano ‑con un sobre amarillo en su mano que contenía las misivas al presidente Bush‑, y la niña Luz Zapata, sonaron el timbre de la gran mansión presidencial. Luego de algunos minutos de espera, nadie respondió. Los organizadores del evento dijeron que estaba previsto que alguien de la Casa Blanca saliera a recibir las cartas, extremo que no pudo ser confirmado por la AFP. "¿Hay algún buzón de correo?", preguntó uno de los adultos a uno de los guardias de seguridad, que a su turno sugirió a los visitantes que se dirigieran a una oficina de correo cercana. La delegación infantil y sus tutores se retiraron del frente de la Casa Blanca tras hacer una plegaria cargada de críticas al presidente Bush, llevándose sus cartas consigo. El número de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos alcanza los 12 millones según fuentes coincidentes.

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