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El precio del sueño americano

La Voz | 6 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Uno a uno se subieron a la camioneta Chevrolet Suburban blanca apilando sus cuerpos unos sobre otros, como una cebolla. La puerta trasera se cerró y el peso de los cuerpos de los 19 desconocidos se aplomó sobre su espalda.

Por Valeria Fernández y Samuel Murillo, La Voz

Antonio, un joven de 25 años y cabello negro, se encomendó una vez más a Dios y a todos los santos. En México dejó a su madre gravemente enferma que lo envió con una bendición, y a su hija de dos años. El plan era ahorrar dinero por 3 o 4 años y regresarse a su pueblito Penjamo, Guanajuato, donde viven 200 familias, a cultivar el terreno de su padre. Luís y Teresa, una jovencita de cuerpo menudo pese a su embarazo de 6 meses y medio, se dieron la mano. Lucy se sentó adelante de Julián en la parte trasera de la camioneta. Clarisa y Gloria, de El Salvador, también abordaron la Suburban con algún destino en los Estados Unidos. Antonio notó que la camioneta se desplazaba a alta velocidad por un camino irregular. En poco tiempo llegaron a una intersección. -Pídanle a Dios y persígnense que no vaya a haber un oficial en la brecha- les dijo el conductor. Lo primero que vieron fue una camioneta de la Patrulla Fronteriza.

Clarisa

El único sitio donde le daban trabajo a Clarisa Escobar, de 25 años, era como bailarina en un "night club". Clarisa llevaba una vida tranquila con sus dos hijas de dos y cuatro años y medio en su natal San Salvador. Vivían en la casa de su madre donde no les faltaba techo ni comida. Roxana, su hermana mayor que reside en California, les enviaba dinero para ayudar a los gastos de la casa. En ocasiones le enviaba a Clarisa un dinerito extra para que comprara juguetes y ropa a sus sobrinas. No hacía mucho que el esposo de Clarisa, un residente legal en los Estados Unidos, regresó con intenciones de volver con ella después de un largo tiempo de estar separados. Clarisa tenía algo de desconfianza por las fuertes discusiones que habían tenido en el pasado. Sin embargo, lo aceptó de nuevo y comenzaron a darse una segunda oportunidad. La voz de Clarisa se escuchaba desesperada en algunas conversaciones telefónicas, cuenta su hermana Roxana. Tenía meses batallando para conseguir empleo. "Ya me decidí hermana, me voy a los Estados Unidos, aquí no se puede. Mis hijas están creciendo y yo quiero asegurarme que tengan lo que necesitan", le dijo a Roxana en una ocasión. Roxana le envío una parte del dinero para que contratara al coyote. "Vete tú y ya cuando estés de aquel lado me llamas para irme en el avión", le dijo el esposo cuando la puso en manos del coyote. La idea de Clarisa era trabajar un tiempo en lo que juntaba un buen dinero y regresar a su pueblo a poner un negocio y estar al lado de sus hijas. Si le iba bien en los Estados Unidos a lo mejor enviaba por ellas y juntas iniciarían una nueva vida en otro país. Durante el largo recorrido a través de la República Mexicana, Clarisa se mantenía en contacto a través de llamadas telefónicas con su hermana. "Primero Dios si todo sale bien ahí te llamo mañana", le dijo Clarisa desde una caseta telefónica en San Luis Río Colorado, Sonora, la misma noche en que cruzó la frontera.

Luis y Teresa

El 30 de diciembre de 2005 Luis Olivos, de 30 años, y Teresa Chávez, de 21, celebraban su casamiento en Zamora, Michoacán, con una fiesta que congregó a decenas de familiares de ambos. Luis trabajaba en una tienda de materiales para la construcción y estaba feliz porque recién su esposa le dio la noticia de que sería papá. La felicidad que sintió Luis era equiparable a la preocupación de trabajar más duro ante las necesidades que se veían venir. Su preocupación era tener una casa propia para recibir a su primogénito, ya que desde que se casó vivía con su madre. Conforme avanzaba el embarazo de Teresa, aumentaba la preocupación de Luis. El dinero que ganaba en la ferretería no alcanzaba para llevar a cabo sus planes de formar su propio hogar por separado. Como en todos los pueblos del sur de México escuchaban historias de gente que se iba a los Estados Unidos y regresaba triunfante con "troca" del año y con dinero para construir una nueva casa. "Vamos cruzando haber para dónde vamos y cómo nos va", le dijo Luis a su esposa con seis meses de embarazo. Luis y Teresa decidieron emprender la aventura del "sueño americano" cargados con la esperanza de conseguir un mejor porvenir para su futuro hijo. "Si eso es lo que decidiste cuenta con nuestro apoyo", le dijo Víctor a su hermano Luis, antes de que partieran.

Julián y Lucy

Julián García, de 39 años y Lucía Báez (Lucy), de 36, iban de camino a visitar a su hermana en el Condado de Riverside, en California, cuando los detuvo un agente de la Patrulla Fronteriza. En pocas horas ya estaban del otro lado de la frontera, en Tijuana, y un familiar les había conseguido un coyote para que volvieran a cruzar. Para Julián la "pasada" no era una preocupación, después de siete años de vivir en los Estados Unidos. "Lucy" llevaba 19 años viviendo en El Cajón, California, y del otro lado la esperaban sus tres hijos. Julián y Lucy vivieron juntos por dos años, y llegaron a hacerse buenos amigos. Julián trabajaba como carpintero de barcos. En realidad sus habilidades eran en la computación por su experiencia trabajando en un banco en la Ciudad de México, pero con el tiempo aprendió las labores de un carpintero. Julián dejó México en 1999 por la ambición de encontrar un futuro mejor para sus tres hijos. Cada ocho días les enviaba dinero para poder pagar por los estudios de Samanta, su hija de 7 años que sufre de autismo en una escuela especial; Julio César, de 16, y Sonia, que pronto va a cumplir sus 15 años. Cruzar la frontera les tomó minutos muy cerca del puerto de entrada de Yuma. Por la noche durmieron en un tráiler con un grupo grande de inmigrantes. Temprano a la mañana un coyote se le acercó: "¿Tú eres el que hace los barcos?". Julián asintió. Los traficantes los separaron del grupo y los subieron a la camioneta blanca en un paraje cerca de Andrade, California, un poblado fronterizo con los Algodones, Baja California.

Un viaje sin retorno

El conductor se dio la vuelta al ver el auto de la Patrulla Fronteriza y continuó acelerando por un camino con múltiples subidas y bajadas. Pidió que le "aventaran una gorra", recuerda Antonio, mientras le imploraban que se detuviera. En instantes vio como el conductor torció el volante y la camioneta se volcó. Antonio cerró los ojos y escuchó los gritos de los pasajeros. No supo cuantas veces se volcó la camioneta, lo único que sintió fueron las volteretas y los impactos sobre el pavimento. Cuando pararon de rodar se apretó la mano para que dejara de sangrar, y se dio cuenta que era el único dentro de la Suburban blanca. Un oficial le dio una venda, y se sentó. A los dos lados de la carretera vio como yacían los cuerpos de sus compañeros de viaje desparramados sobre la tierra del desierto; habían sido proyectados a través de las ventanas de la camioneta. En esos momentos pensó en su familia, mientras un despliegue de bomberos, policías, paramédicos y agentes de migración corrían como hormigas levantando a los heridos. "Me hinqué y le di gracias a Dios por darme nueva vida", recordó. Ahora porque es un testigo de cargo en este caso, la identidad de Antonio se mantiene en el anonimato. "Uno no sabe lo que va a pasar, si supiera no vendría. Nadie sabe. Sólo Dios sabe". El reporte de la Patrulla Fronteriza del sector de Yuma sobre la volcadura ocurrida el 7 de agosto en el camino Martínez Lake, paralelo a la carretera US 95 al norte de Yuma, indicó que el conductor perdió el control del vehículo al tratar de evadir una cinta de clavos. La investigación apuntó al conductor del vehículo como único responsable del accidente. No se realizó una pesquisa para determinar en qué grado la persecución contribuyó al accidente.

Persecuciones fatales

Los accidentes vehiculares son la tercera causa de muerte de inmigrantes en su intento de cruzar ilegalmente a los Estados Unidos. Un total de 441 inmigrantes murieron durante el año fiscal 2006 que culminó el pasado 30 de septiembre en la frontera sur de Estados Unidos y México. Según datos de la Patrulla Fronteriza del total de las tragedias 56 corresponden a accidentes automovilísticos. La estadística del año anterior contiene 37 fallecimientos a causa de accidentes vehiculares como choques y volcaduras. Javier Ríos, portavoz de la Patrulla Fronteriza no especificó cuántos casos estuvieron relacionados con persecuciones. Culpó a los traficantes de humanos por realizar maniobras que ponen en peligro las vidas de los inmigrantes, como sobrecargar los vehículos, conducir a exceso de velocidad y no detenerse ante las autoridades cuando éstas le ponen el alto. En declaraciones recientes, la activista de la Coalición por los Derechos Humanos Alianza Indígena sin Fronteras, Isabel García, aseguró que la Patrulla Fronteriza utiliza tácticas "asesinas" para interceptar los vehículos cargados con inmigrantes. ¿Qué delito tan grave pudieron haber cometido para que sean perseguidos como criminales y sean orillados hacia una muerte segura? cuestionó. Un grupo de activistas y abogados en California solicitó a las autoridades de la Patrulla Fronteriza la suspensión de las persecuciones a alta velocidad de vehículos con posibles indocumentados a bordo hasta no tener un reporte final de la volcadura registrada el pasado 7 de agosto. Debido al número de víctimas ese accidente vehicular es uno de los más trágicos ocurridos en los últimos cinco años. En octubre de 2004, una volcadura registrada cerca de Sierra Vista, al sur de Arizona, mató a seis personas, entre ellas el feto de una mujer embarazada.

Unidos por un sueño, divididos por la tragedia

No todos corrieron con la misma suerte que Antonio, quien fue el único que salió ileso de la volcadura del pasado 7 de agosto. Un total de once personas perdieron la vida, nueve en el lugar del accidente y uno más en el hospital. En la lista se encuentra el feto de una mujer embarazada de 8 meses y dos jovencitas de 14 y 17 años. Doce migrantes heridos de gravedad fueron transportados en helicópteros hacia los hospitales Regional Medical Center en Yuma y Banner Good Samaritan, en Phoenix. La vida de 21 inmigrantes que compartían un mismo sueño se entrelazó de manera trágica en el vehículo en que eran llevados con la esperanza de encontrar un mejor futuro. En el percance algunos perdieron a amigos y a familiares. Otros que corrieron con mejor suerte se recuperan de las múltiples heridas que sufrieron en sus cuerpos. Tal es el caso de Luis y Julián, quienes aún permanecen a la espera de saber si necesitarán ser operados nuevamente. El pronóstico de recuperación para Clarisa es incierto, debido a una lesión que sufrió en la columna vertebral que le dejó secuelas graves que podrían afectar la movilidad de varias extremidades de su cuerpo. Por medio de gestiones apoyadas por el cónsul salvadoreño, los familiares de Clarisa buscan conseguir una visa humanitaria para traer a sus hijas y que se puedan reunir de nuevo. En medio de la tragedia nació María Soledad, una bebé de seis meses y medio que fue extraída del vientre de Teresa, y a quien los doctores le agregaron el nombre "De los Milagros".

Todo por un sueño…

Los fallecidos -Areli Bonilla Aguilar, 25 años, Texmelucan, Puebla. -Gloria Hortencia Pineda Quintanilla, 55 años, Juacapa, Usulután, El Salvador. -Lucia Báez Castillejos, 36 años, Ciudad de México. -Alejandro Polanco Genchi, 46 años, Acapulco, Guerrero. -Estefanía del Toro Hernández, 14 años, Ciudad de México. -Juan Mario del Toro Hernández, 17 años, Ciudad de México. -Daniel Mejía Vázquez, 30 años, Peto, Yucatán, México. -Rosalva Rivas Vázquez, 42 años, Guanajuato, México. -Laura Torres Rodríguez, 17 años, Zamora, Michoacán, México. -Feto de 7 u 8 meses extraído del vientre de Laura Torres. -Graciela Molina Morales, 32 años, Texmelucan, Puebla. Sobrevivientes Julián García, 39 años, Ciudad de México. Luis Olivos Gómez, 30 años, Zamora, Michoacán. Teresa Chávez, 21 años, Zamora, Michoacán, México. Clarisa Escobar Morales, 25 años, San Salvador, El Salvador. Anahí Cuchillo Cortes, 31 años, Tlaxcala, México. Ana Rosales Rivas, 18 años, Guanajuato, México (hija de Rosalva Rivas Vázquez). Adán Pineda Doval, 20 años, México. (El "Coyote") Marcial Zapata Montalvo, 32 años, Yucatán, México. Dos testigos de cargo cuya identidad se mantiene bajo anonimato. Fuente: Consulados de México en Yuma y Phoenix, cónsul de El Salvador y Oficina de Protección de Aduanas y Vigilancia Fronteriza en Nogales.

Saldo mortal…

2005 2006 Deshidratación 174 94 Hipotermia 12 16 Accidente en tren 4 0 Accidente vehicular 37 56 Hacinamiento 4 2 Ahogados 46 51 Causas desconocidas 122 117 Otras causas 22 32 Restos óseos 51 73 Total 472 441 Fuente: Reporte anual de la Patrulla Fronteriza.

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