Escúchenos en línea

Avatares de indocumentado hondureño por regular situación

La Voz.com. | 14 de Septiembre de 2009 a las 00:00
El hombre, de 27 años, no veía a su esposa y sus hijos --un varoncito de cuatro años y una niña de seis-- desde hacía dos años. "El varón, Hunter, era tímido, pero reconoció mi voz y sonrió. La nena se deshizo en abrazos", relató Elvis Martínez, quien pudo regresar legalmente al país donde había vivido sin papeles desde los 16 años. Vino de Honduras en 1998 para reunirse con familiares que vivían en el país para tratar de hacer una vida mejor. Su madre había muerto. "Era joven. Tenía 47 años cuando sufrió una infección renal y falleció. Yo la cuidé. Después de que murió, no quería quedarme allí. Me fui y me tomó un mes y medio llegar a Estados Unidos", expresó el centroamericano. Caminó y tomó autobuses hasta llegar a Houston, donde vivía una tía. Consiguió trabajo en un restaurante donde ganaba muy poco y luego en un negocio de chapa y pintura en el que estuvo empleado más de cuatro años. Fue allí que conoció a su esposa, Hayden, nativa de Lake Charles. "No me casé por los papeles", asegura Martínez. "Me casé por amor". El hondureño tiene tatuado el nombre de su hija en el brazo derecho y el suyo en el izquierdo. A sugerencia de un hermano, la pareja se mudó a Carolina del Norte en busca de oportunidades laborales. Pero Hayden no soportó el frío y regresaron a Lake Charles, donde Martínez comenzó a trabajar en un taller de chapa y pintura de una concesionaria automotriz. Por entonces Hayden le preguntó a su esposo si nunca había considerado la posibilidad de regularizar su situación migratoria. En una oficina de un servicio de asistencia legal, la Southwest Louisiana Legal Services, conoció a la abogada Beth Zilbert y a una famosa militante de la causa de los inmigrantes, Shannon Cox. "Dado que había venido a Estados Unidos sin un permiso legal, tenía que volver a Honduras para tramitar su visa", dijo Zilbert. Medio a regañadientes, Martínez se subió a un avión en Houston y regresó a Centroamérica. Sin dinero suficiente para pagar un alquiler, su esposa e hijos se instalaron en un refugio para desamparados. Martínez pensó que regresaría a Estados Unidos en pocos meses. Los papeles que presentó, sin embargo, se perdieron. "Me dijeron que me habían negado la visa", cuenta Martínez. "¿Por qué? No lo podía creer. Tenía mi familia en Estados Unidos. Lloré". Permaneció con su familia en San Pedro Sula, ciudad de un millón de habitantes en el noroeste de Honduras, sobre el mar Caribe. Los tatuajes le crearon problemas. "Después de un mes, comencé a salir más, iba a cafés de Internet para comunicarme con mi esposa y mis hijos. La policía me veía los tatuajes y pensaba que era un pandillero", expresó Martínez. Le costó conseguir trabajo. "En los negocios no querían gente así. Pensaban que (los tatuajes) eran cosa de pandilleros. Hasta que finalmente me empleó un tipo de Costa Rica que tenía un negocio de chapa y pintura". Cox dice que Martínez la llamaba seguido. "Me decía 'tienes que sacarme de aquí, esto es peligroso para mí'", señala la mujer. El 28 de junio --curiosamente, el día en que el presidente hondureño Manuel Zelaya fue derrocado y enviado al exilio--, Cox y Zilbert recibieron la noticia de que le darían la residencia legal. "La perseverancia da resultados", dijo Zilbert. Dos meses después, el 28 de agosto, un funcionario del consulado estadounidense llamó a Martínez. "Me sentí muy feliz", expresó el hondureño. Apenas recibió los papeles de inmigración compró un pasaje aéreo hacia Houston. "Dejaba mi familia, pero iba a reunirme con mi familia. No lo podía creer", manifestó. De vuelta en Lake Charles, Martínez iniciará los trámites para obtener un número de Seguridad Social (el sistema de pensiones y beneficios) y una licencia de conducir, abrir una cuenta bancaria y comenzar a trabajar de nuevo en el arreglo de autos. Con el tiempo, desea sacar la ciudadanía estadounidense. "Esta es la tierra de las oportunidades, un buen lugar. Pero uno no puede equivocarse. Hay que respetar las leyes", dijo Martínez. Cox señaló que la visa es válida por un año pero que en las próximas semanas iniciará el trámite para gestionar una residencia por diez años. "Su caso debió haber sido resuelto en nueve meses. El consulado básicamente perdió sus papeles, a lo que se suma una gran ineficiencia", sostuvo Cox. La activista dice que los inmigrantes deben venir al país "respetando las leyes, legalmente". "Entiendo por qué corren riesgos, pero no valen la pena", acotó. Al regresar voluntariamente a su país, Martínez tenía derecho a gestionar de inmediato una visa para poder volver. De haber sido detenido sin papales, probablemente hubiera sido deportado y hubiera tenido que espera por lo menos tres años para gestionar una visa. Cuando regresó a Houston a fines de agosto, con una visa en su pasaporte, fue entrevistado por un agente del servicio de inmigración. "Me dijo 'bienvenido a Estados Unidos'. Me sentí muy bien", cuenta Martínez.

Descarga la aplicación

en google play en google play