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Mujeres en Colorado mantienen tradiciones por la comida

Denver. EFE. | 23 de Noviembre de 2009 a las 00:00
Un nuevo libro explora cómo las mujeres en Antonito, en el sur de Colorado, usan la comida para mantener viva la tradición y la cultura latina en una zona "económicamente deprimida y políticamente marginalizada". La antropóloga Carole M. Counihan estudió durante diez años la preparación y distribución de la comida en Antonito y plasmó su investigación en el libro "Una tortilla es como la vida: Alimentos y cultura en el Valle de San Luis de Colorado". Counihan, de la Universidad Millersville en Pennsylvania, entrevistó a 19 mujeres de entre 32 y 94 años de edad entre 1996 y 2006. "Usé la comida como el lente para ver la relación de estas mexicanas con su tierra, su trabajo, su familia y sus comunidad. Para ver el mundo por medio de sus ojos", escribió la antropóloga. Antonito, 424 kilómetros al sur de Denver, está geográfica y culturalmente más cerca de Nuevo México que del resto de Colorado. Aunque hoy cuenta con menos de 900 personas, en su momento esta ciudad marcaba la frontera norte del "Gran México", y mantuvo esa posición hasta la Guerra México-Americana de 1848, cuando el territorio pasó a manos estadounidenses. Entre 1821 y 1852, los pioneros mexicanos y tribus indígenas (Utes, Apaches y Navajos) se disputaron la región, hasta que en 1852 Atanacio "Tata" Trujillo, un cazador de castores y pastor de ovejas procedente de Nuevo México, se estableció permanentemente en el área. Hacia 1870, más de 3.000 personas residían en Antonito. La llegada del ferrocarril a principios del siglo XX impulsó el desarrollo económico del área, pero, como dice Counihan, "la especulación comercial y de terrenos benefició más a los anglos recién llegados que a los mexicanos locales". Hacia 1950, sólo 1.500 permanecían en Antonito. A principios de esta década, con poca actividad minera y maderera, los rancheros y ganaderos "a duras penas sobreviven", pero la vida sigue igual que hace 150 años, con un 90 por ciento de la población de origen latino o indígena, y con el español como el idioma más hablado. Para su investigación, Counihan grabó entrevistas y compiló más de 500 páginas de notas, además de recetas y fotografías. "La comida provee una voz poderosa y desata significativos recuerdos en mucha gente. Las experiencias y voces de estas mujeres, particularmente las que pertenecen a grupos étnicos política y económicamente marginalizados, han estado ausentes durante mucho tiempo de los registros de la historia", sostuvo Counihan. En sus testimonios, las mujeres explican cómo la comida conecta la identidad personal, la religión, las tradiciones (incluyendo los rituales relacionados con la muerte) y las relaciones sociales (por ejemplo, al compartir comida en tiempos de hambre o de sequía). "El libro quiere contribuir al feminismo latino y etnográfico al describir en sus propias palabras el lugar de las mujeres en esta perseverante cultura mexicana en el sur del Valle de San Luis, a la vez que busca expandir el entendimiento de la compleja experiencia de los latinos en Estados Unidos", escribió Counihan en la conclusión de su obra. Stan Perea, director de New America Consulting Group en Denver, nació y se crió en Antonito a mediados del siglo pasado. "No había un menú para la semana. Harina, papas y carne era todo lo que necesitábamos para tener una comida y para invitar a otros. La gran diferencia con otros lugares es que las familias producían su propia comida y eso acercaba a la comunidad", dijo Perea. "Los hombres mataban juntos un chivito o un becerro. Y las mujeres preparaban juntas la jalea o enlataban juntas las verduras. Hoy Antonito sigue igual. La comida se sirve en un gran plato en medio de la mesa, se trate de una cena, una boda o un funeral", concluyó. Todos los ingresos generados por las ventas de la publicación se destinarán al programa de becas del colegio estatal Adams, al norte de Antonito.

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