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Sueños llenos de casas vacías

Por Alfredo Corchado, corresponsal en México de The Dallas Morning News. Desde San José Iturbide, México. | 25 de Noviembre de 2006 a las 00:00
A lo largo de la apagada avenida La Venta, el arquitecto Salvador Chávez señala hacia una fila de casas de dos pisos, algunas hechas de ladrillo, otras con jardines pulcros y cercas altas. Son la prueba del orgullo de los inmigrantes y también la envidia de la manzana. Pero están vacías. "Dicen que estoy construyendo casas", asegura Chávez, que ha trabajado como plomero en Georgia y Texas. "A veces siento como si estuviera construyendo museos. Estas casas casi nunca están ocupadas". ¿La razón? Todos los propietarios en esta avenida de San José Iturbide, un pueblo pintoresco a tres horas en carretera de la Ciudad de México, también tienen un hogar en Texas, a casi mil millas de distancia. La mayoría son plomeros y la mayoría están en Estados Unidos como indocumentados. Entre los propietarios de estas nuevas casas están Joel, que vive en el área de Pleasant Grove de Dallas; Catarino, en Houston; Alfredo, en Plano, y Gaspar, en Mesquite. Una de las casas tiene una placa en inglés: "Welcome to Patito's Home". Su propietario es un plomero que vive en Richardson. Mientras echan raíces en el Norte de Texas y otras zonas de EU, su ausencia lentamente termina con la vida de sus ciudades, como esta en el estado de Guanajuato. La brecha entre los inmigrantes y su patria se amplía. Alrededor de una décima parte de los 105 millones de mexicanos ahora vive afuera de sus fronteras. Aún así, muchos construyen las casas de sus sueños en México. "Es algo sicológico", explicó Chávez. "Tenemos que convencernos de que regresaremos". Otros pueblos mexicanos preparan jardineros, techadores y mucamas para trabajar en EU. San José Iturbide prepara plomeros. Un funcionario de la ciudad, José Dolores Olvera Sánchez, de 37 años, que también ha trabajado como plomero en Dallas, calcula que más de mil plomeros de su ciudad viven en EU, la mayoría en Dallas y Houston. Muchos tienen casas en ambos lados de la frontera. Entre ellos, Joel Trejo, de 41 años, quien creció en la casa más pobre de la cuadra, una choza de adobe. Los vecinos recuerdan que andaba con zapatos desgastados y ropa vieja. Pero como muchos otros, Trejo se hizo fontanero y emigró ilegalmente a Texas. Años después, con el programa de amnistía de 1986, se legalizó. Hace seis años, arrasó con su choza de adobe en San José Iturbide y construyó una casa grande, pero no le gustó, la echó abajo y la volvió a construir. A diferencia de otros inmigrantes, Trejo decidió no traer a EU a su familia, su esposa María del Carmento y sus cinco hijos. Lo que hace es viajar aproximadamente cada mes desde su otra casa en Pleasant Grove, la que comparte con otros cinco plomeros de San José Iturbide. "Pasamos el tiempo en casa, con nostalgia de montañas", dijo. "Pero con el tiempo, cuando estamos aquí, nos volvemos visitantes, extranjeros en nuestra propia tierra por el trabajo y los dólares nos llaman desde el otro lado. Si me llevo a la familia a Texas, no tengo motivos para regresar. Por eso prefiero viajar". Uno de sus vecinos, Gaspar Grimaldo, ve cada vez más difícil regresar a casa porque es indocumentado. Compró una casa en Mesquite. Hace poco sus vecinos se reunieron en San José para celebrar, con música y carne asada, un regalo que Grimaldo había enviado: una escultura del Santo Niño de Atocha. El sacerdote de la recién renovada iglesia al otro lado de la calle bendijo la estatua y rezó para que el santo proteja a los inmigrantes del pueblo en Texas. La esposa de Grimaldo, Rosalba Nieto, reza por el regreso de su esposo. Pero ahora, con la posibilidad de que se construya un muro en la frontera, teme que la distancia se haga mayor. "Gaspar dice que es demasiado difícil cruzar la frontera hoy en día. En Texas nos espera un nuevo hogar", dijo. Las políticas restrictivas migratorias de EU han roto con los patrones de traslado de los inmigrantes. Muchos indocumentados dicen sentirse atrapados y su sueño de regresar a México se está haciendo más difícil de lograr. "Estamos hablando de un sueño que nunca se hace realidad", dice Luis Miguel Rionda, experto sobre la inmigración de la Universidad de Guanajuato. "Con el tiempo, con ayuda de las políticas migratorias, irónicamente, el sueño se hace una simple ilusión". El alcalde de San José Iturbide, Javier de la Vega Velásquez, se preocupa sobre el impacto en su pueblo. A diario va a la plaza del pueblo. Orgulloso, muestra los jardines arreglados y las coloridas buganvilias. "Mi trabajo es mantener la nostalgia viva haciendo bello este pueblo, para que cuando esta gente regrese quiera quedarse, si no para siempre, al menos por un tiempo", explicó. "Estoy tratando de mantener sus ilusiones y sueños vivos. Estoy tratando de evitar que estas comunidades desaparezcan, incluso con tantas casas vacías alrededor".

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