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Constantes deportaciones preocupan a El Salvador

Comalapa, El Salvador. Reuters. | 15 de Enero de 2010 a las 00:00
Centenares de salvadoreños deportados de Estados Unidos bajan cada semana de aviones que los devuelven a su empobrecida tierra natal, donde pasan a engrosar una larga lista de desempleados. Las autoridades de la nación centroamericana les dan al llegar un plato de pupusas -las típicas tortillas de maíz-, una bolsita con jabón, un cepillo y pasta dental y los acompañan a las terminales de autobuses para que regresen a sus lugares de origen, donde el futuro es incierto. El país no puede ofrecerle mucho más que eso, mientras sufre el coletazo de la crisis mundial desatada en Estados Unidos que acabó de complicar a la economía. "Me fui por las grandes deudas que tenía acá, me estaban arrinconando las tarjetas de crédito, los bancos y me dije 'aquí no puedo hacer nada, mejor me voy'", dijo Geovanni Tejada, de 32 años, quien a comienzos de enero volvió deportado por segunda vez en su vida, en esta ocasión desde Texas. La crisis en Estados Unidos golpeó a toda Centroamérica, pero fue especialmente despiadada con El Salvador, porque los 2,5 millones de inmigrantes que viven en Estados Unidos son un histórico salvavidas que mantiene a flote a la economía. Los cientos de millones de dólares que envían a familiares suplen la falta de empleo en el país más pequeño de Centroamérica, conocido como productor de café gourmet. Pero la tormenta económica en Estados Unidos hizo caer las remesas un 8,5 por ciento el año pasado a 3.465 millones de dólares, debido a los miles de salvadoreños que perdieron su trabajo o fueron contratados por menos horas en tierra estadounidense. Cada año regresa un promedio de 20,000 personas a El Salvador. De los cientos de deportados que recibe el país semanalmente, muchos son pandilleros con antecedentes penales en Estados Unidos, un precedente que disminuye las ya de por sí pocas oportunidades de encontrar trabajo y aumenta las preocupaciones del Gobierno sobre un alza en delitos. Muchos deportados vuelven a intentar la arriesgada travesía hacia el norte viajando por Guatemala y México para cruzar ilegalmente la frontera norteamericana. Pero otros desisten y se convierten en un creciente problema para el Gobierno, que actualmente intenta conseguir de Washington una moratoria a las deportaciones, al menos hasta que la economía logre levantar cabeza. "Queremos explorar alternativas a la petición que hemos hecho como Gobierno de El Salvador de la moratoria de las deportaciones", dijo recientemente el viceministro de Relaciones Exteriores para los salvadoreños en el exterior, Juan José García. El funcionario hizo un viaje desde Texas a San Salvador, con deportados, junto con el subsecretario Adjunto de Operaciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés), Alonso Peña, para luego mantener una reunión que concluyó sin resultados. Juanita, de 25 años, viajó 16 días por Centroamérica y México desde la ciudad de Santa Ana hasta Washington. De allí planeaba llegar a Nueva York para buscar un empleo que le permitiera mantener a sus dos hijos pequeños en El Salvador. Pero su sueño americano duró poco. Una vez en la capital estadounidense, la camioneta en la que viajaba comenzó a ser seguida por la policía y volcó; la mujer fue detenida, recibió atención médica y fue devuelta a su país. "Es una situación muy difícil, uno arriesga muchas cosas para darles lo mejor a ellos (sus hijos)", dijo con tristeza la mujer al bajar de un vuelo de deportados. La joven evitó dar su apellido por temor a perjudicar a sus familiares en Estados Unidos. Mauricio Silva, funcionario de la oficina de migración salvadoreña, dijo que muchas personas son capturadas y deportadas sin que puedan siquiera avisar por teléfono a sus familiares o amigos en Estados Unidos. Muchos permanecen varios días en los centros de detención con la luz encendida y durmiendo en el suelo, comiendo sandwiches y bebiendo agua. "Nunca, jamás me volvería a ir (a Estados Unidos). Pienso ver si puedo trabajar, a lo mejor me ayudan mis familiares para poner un negocio aquí", dijo Luis Padilla, de 25 años y que vivió durante 10 en Maryland, hasta que la policía lo detuvo por conducir sin licencia. Pero otros como Geovanni Tejada lo volverían a intentar ante el futuro negro que ven en El Salvador: "Es mentira que aquí con un sueldito de unos 300 dólares voy a salir. Tengo que regresar", sostuvo.

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