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Inmigrantes salvadoreños quieren participar en el plan de ayuda de EEUU a su país

Por Marcela Sánchez, diario The Washington Post. | 8 de Diciembre de 2006 a las 00:00
La semana pasada El Salvador se convirtió? en el primer país de ingresos medios bajos en beneficiarse de la Cuenta del Reto del Milenio (MCC, según siglas en inglés),el programa de ayuda exterior del Presidente Bush diseñado para asistir a países en desarrollo pero bien gobernados. A través de un plan de asistencia por $461 millones de dólares, Estados Unidos se unirá así a los inmigrantes salvadoreños en el envío de dinero al sur. Esos $461 millones tal vez parezcan poco comparados con los $2,800 millones de dólares en remesas enviados el año pasado por los salvadoreños en este país, particularmente teniendo en cuenta que esa suma se repartirá en el curso de cinco años. Pero eso no quiere decir que los salvadoreños acá no tengan ciertas sugerencias para el MCC como también la esperanza de que el programa los ayudará a cambiar la forma en que las remesas están afectando a su país. Los inmigrantes salvadoreños se sienten frustrados ante el hecho de que sus dólares no están cosechando beneficios de desarrollo en su país. Aunque las remesas han demostrado ser un elemento vital para miles de familias en pobreza extrema, los inmigrantes salvadoreños temen que el dinero esté creando una cultura de dependencia en su país de origen. Carlos Castro, líder comunitario salvadoreño y dueño de un supermercado especializado en productos para latinos en el norte de Virginia, lamenta que El Salvador ahora tenga que importar trabajadores de otros países centroamericanos porque algunos salvadoreños ya no ven la necesidad de trabajar gracias al cheque que reciben mensualmente de sus parientes en el exterior. Lamentó además el corruptor consumismo que lleva, por ejemplo, a que un inmigrante salvadoreño en el área de Washington se arriesgue a trabajar en el techo de una casa cubierta de nieve solo para poder "comprar los zapatos de marca" que quieren sus hijos en El Salvador. Funcionarios salvadoreños encontraron quejas similares sobre el consumismo y la dependencia al reunirse con conciudadanos a lo largo de Estados Unidos, como parte del proceso de consultas que buscaban obtener apoyo público para su propuesta al MCC. Según documentos de las reuniones, había un sentimiento generalizado de que "es hora de poner fin a esa mentalidad de paternalismo" y de que su apoyo genere empleo y no solo dinero para gastar. En otras palabras, las remesas no son "ni maná del cielo" ni un substituto de políticas sólidas de desarrollo, según concluyó un reciente informe del Banco Mundial. En "Cerca de casa: El impacto al desarrollo de las remesas en América Latina", el Banco Mundial encontró que si el flujo de ayudas es consumido en vez de invertido su impacto en el crecimiento económico es nulo. Ese es ciertamente el caso en El Salvador: el más grande receptor de remesas per capita en Centroamérica ha tenido el más lento crecimiento económico en por lo menos cuatro años. Para revertir esa tendencia negativa, los gobiernos en países receptores debieran, según el Banco Mundial, proporcionar incentivos para la inversión y promover el desarrollo de capital humano. El plan del MCC para El Salvador parece seguir ese modelo al enfocarse en aumentar ingresos en la rezagada zona norte del país –el área de origen de la mayoría de salvadoreños en este país– a través de una combinación de inversiones en educación, servicios públicos, desarrollo empresarial e infraestructura de transporte. Lo que falta en esta ecuación, afirman los críticos, es una conexión directa entre el nuevo plan de desarrollo y los actuales flujos de ayuda. La filosofía del MCC, siguiendo el modelo del Banco Mundial, seguramente mejorará el entorno para que las remesas tengan un efecto más productivo, pero no contempla explícitamente un acercamiento a quienes las envían. Esto parece ser un tremendo descuido y una lamentable pérdida de oportunidad. La ayuda de $461 millones de dólares tendrá un efecto, pero hay que imaginarse el impacto si el MCC pudiera servir de palanca para impulsar un mejor uso de los miles de millones enviados anualmente. De acuerdo con Manuel Orozco, experto en remesas de la institución Diálogo Interamericano con sede en Washington, el plan auspiciado por el MCC pudo haber creado portafolios de inversión para proyectos de pequeña escala a los que los inmigrantes pudieran contribuir desde acá. En un pequeño grado esa inversión ya ha empezado. Iniciativas colectivas o comunitarias, organizadas a través de las asociaciones salvadoreñas, invierten ya unos $3 millones anuales principalmente en proyectos educativos y de salud. Pero algunos miembros de dichas asociaciones sospechan que los funcionarios salvadoreños los dejaron intencionalmente por fuera del MCC. Jaime Peñate de Comunidades, organización que representa asociaciones de salvadoreños residentes en el área de Los Ángeles, dijo que estuvo entre las docenas de invitados por el gobierno salvadoreño para informarlos sobre el plan. Pero luego descubrió que funcionarios salvadoreños se estaban reuniendo en otra habitación con grandes inversionistas. Aún así, algunos salvadoreños en este país no están abandonando esfuerzos para aprovechar los fondos del MCC. Luis Felipe Romero, director ejecutivo de Comunidades Unidas Salvadoreñas, la organización equivalente a la de Peñate en el área de Washington, dijo que se acercó al ministerio de relaciones exteriores salvadoreño con la propuesta de usar algunos de esos fondos para un plan piloto y que espera todavía su respuesta. "Vamos a continuar trabajando para El Salvador", dijo, "si aprovechan ellos la oportunidad de trabajar con nosotros, serán bienvenidos".

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