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Las deportaciones de EEUU

Editorial del diario Prensa Libre, de Guatemala. | 26 de Diciembre de 2006 a las 00:00
El tema de las deportaciones ejecutadas por autoridades de Estados Unidos contra ciudadanos guatemaltecos residentes en forma ilegal en aquel territorio no se debe analizar solamente desde el punto de vista legal, porque es un criterio universalmente aceptado que la ley debe ser cumplida. Quienes se arriesgan a no acatar las disposiciones legales saben del peligro que corren. Sin embargo, la manera como se aplica esta norma es la que no sólo se encuentra en tela de juicio dentro y fuera de Estados Unidos. Las personas capturadas son tratadas como si fueran criminales peligrosos. Llegan engrilletadas, esposadas, y a veces hasta con cadenas en los tobillos. Lo inaceptable en este caso es que el hecho de no tener documentos o de haber retado leyes migratorias los convierte en criminales, casi en terroristas, cuando simplemente son personas que han dejado a su familia y su tierra en busca de un mejor nivel de vida y, de paso, contribuir con la economía del país anfitrión. Otro aspecto que provoca rechazo, aun entre las personas que tienen una posición favorable a Estados Unidos, es la deportación de una madre o de un padre que ya tiene a su familia allí y que son separados de manera violenta e inesperada. La imagen que ese país había proyectado durante mucho tiempo es la de no cometer injusticias, una actitud que se mantiene en los ciudadanos, sobre todo en los que residen en las ciudades y poblados pequeños, pero que evidentemente el Gobierno ha abandonado, y lo demuestra públicamente. Es en este ambiente, que comparte mucha gente en Guatemala, en el que deben ser analizadas las declaraciones de la secretaria de Estado, Condolezza Rice, durante la entrevista que sostuvo con el canciller guatemalteco, Gert Rosenthal, hace algunos días. El hecho de que a las pocas horas de haber conversado se efectuara una de las batidas antiinmigrantes más grandes en contra de guatemaltecos no ayuda en nada a combatir la percepción de que Estados Unidos se encuentra en este momento en una ola contra extranjeros similar a la que tuvo lugar en contra de los descendientes de ciudadanos de los países del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, hace más de 60 años. Por esa causa se justifica el temor que se ha apoderado de los guatemaltecos y, en general, de los inmigrantes centroamericanos en Estados Unidos. Empiezan a proliferar las historias de que procuran salir lo menos posible a las calles y que incluso su efectividad se está reduciendo, con la consiguiente disminución de sus ingresos, lo que en un espacio corto de tiempo significará efectos negativos en los segmentos de la economía estadounidense donde trabajan tradicionalmente estos millones de personas provenientes del Istmo. El Gobierno guatemalteco necesita actuar en conjunto con los del resto de países de donde llegan los emigrantes. Su petición debe ser simple: pedir al gobierno anfitrión que no olvide los valores sobre los cuales fue fundada aquella nación, una de cuyas características principales es haber sido formada por emigraciones.

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