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Luego de la migración y el exilio, a seguir con mayor fortaleza

Ciudad de México. CIMAC. | 22 de Junio de 2010 a las 00:00
En México, la población extranjera representa menos de uno por ciento, se calcula que las mujeres en calidad de migrantes o refugiadas son más de la mitad. Ellas, sufren una doble discriminación debido a su condición migratoria y por ser mujeres. Así lo señaló a Cimacnoticias Erika Donoso Venegas, psicoterapeuta con perspectiva de género, quien junto con Gloria Fonnegra Juliao, trabaja el ámbito emocional con el Grupo de autoayuda para mujeres refugiadas y migrantes centroamericanas, que desde hace dos años se creó en Sin Fronteras. “Ellas han compartido el sentimiento de que por ser mujer no valen, les ha costado mucho, pero por esa misma idea son bien luchonas. Salen adelante, después de que llegaron al país de destino sin dinero, jalando a sus tres hijos, pasando hambre y frío”, refirió la psicoterapeuta. “Lo que hacemos es enseñarles a descubrir sus propias fuerzas, ese poder personal, que ha sido aplastado por el sistema, pues, la circunstancia externa es difícil y se olvidan los valores propios”, agregó. Y “al oír historias se hermanan, por lo que de entrada, baja el miedo. Además, se comparten alternativas, si su compañera pudo salir con cinco hijos, ella con dos también puede”, reflexionan. Al respecto, Mónica Godoy, encargada de la Coordinación del Área de Atención y Servicios (Cas) y facilitadora del Grupo, señaló que los cambios han sido visibles, muestra de ello son las redes de apoyo que se han creado entre las migrantes y refugiadas. En el país, un gran número de migrantes o refugiadas se encuentran en compañía de su familia, ya sea que hayan migrado juntos o que han llegado a México después, mediante reunificaciones familiares. El Cas ha proporcionado 435 asistencias mediante citas individuales a 115 mujeres. El 50.5 por ciento de las mujeres son refugiadas, el 40.9 por ciento son migrantes y el 8.7 por ciento solicitantes de asilo. En segundo lugar, el área de Integración Migratoria de Sin Fronteras, según un boletín informativo de la institución, proporcionó un total de 341 asistencias mediante citas personales a 130 mujeres migrantes y a 18 refugiadas. En tercer lugar, el área de Defensoría atendió un total de 14 casos de mujeres durante estos primeros nueve meses de 2009. Las nacionalidades de estas mujeres son diversas, 18 por ciento son originarias de Congo, Honduras, Nicaragua, China, Chile, Bolivia, Cuba, Eritrea y Senegal, 5 por ciento son de Perú, 8 por ciento de Colombia, 10 por ciento de Guatemala, 13 por ciento de El Salvador, y 46 por ciento de Haití. Además de las mujeres que migran por motivos económicos o educativos, hay personas que vivieron algún tipo de violencia en sus países de origen y han tenido que salir para salvaguardar su vida, dejando a su familia. También hay experiencias de mujeres, que no necesariamente son las implicadas directas de este tipo de violencia, o persecución, pero que al ver amenazada la integridad de algún miembro de su familia, abandonan sus países de origen. El taller se creó para que las migrantes y refugiadas que han acudido a Sin Fronteras, “reelaboren esa experiencia de migración y exilio y puedan seguir adelante con mayor fortaleza”, adquirida mediante apoyo terapéutico y formación en derechos humanos, añadió Mónica Godoy. El objetivo es el empoderamiento de estas mujeres, indicó Erika Donoso, el cual se entiende como “un proceso de adquisición de poder. En un sentido más amplio, es la expansión de la libertad de escoger y de actuar; significa aumentar la autoridad y el poder del individuo sobre los recursos y las decisiones que afectan su vida”.

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