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Tradiciones culturales de inmigrantes siguen en la muerte

La Voz.com. | 29 de Junio de 2010 a las 00:00
Cuando la policía golpeó la puerta de la casa rodante a las cinco y media de la mañana, la inmigrante guatemalteca Lety Esquivel le pidió a su hijo de 14 años José que le tradujese. Los agentes le mostraron una papeleta de pago con el nombre de Alex Vásquez y ella inmediatamente supo que no volvería a ver con vida a su hijo mayor. El hijo, de 25 años, quien pocas horas antes le había dicho "regreso enseguida", falleció cuando su camioneta Ford F-150 se estrelló contra un poste en la Spring Place Smyrna Road de Chatsworth, Georgia. A más de 1.600 kilómetros de su Guatemala natal, la mujer tuvo que buscar la forma de que sus cuatro hijas y su madre, quienes viven en su país, lo pudiesen ver. El cadáver debía ser enviado a la tierra donde nació, afirmó la señora Esquivel. "No quería que se quedase aquí. Tenía que enviarlo para que lo viesen por última vez", expresó. Muchos inmigrantes que conservan fuertes lazos con sus países natales envían los cadáveres de sus seres queridos a su tierra, un trámite que encarece el entierro, pero que es algo vital para las familias, según Beatriz Illescas, del consulado guatemalteco en Atlanta. "Para nosotros es una tradición muy importante despedirse de los seres queridos", manifestó. "Es una forma de honrar a los muertos". Pero es también algo generacional, dijo Velma Sue De León, propietaria de la funeraria Memorial Funeral Home de San Juan, Texas, y miembro de la Asociación Nacional de Directores de Funerales. "Creo que muchas familias vienen para criar sus hijos aquí, mandan a sus hijos a la escuela aquí. En el futuro va a haber menos repatriaciones", expresó. Cuesta entre 2.500 y 3.500 dólares enviar cadáveres sin servicios a Latinoamérica, según Illescas y el consulado mexicano de Atlanta. Mike Blevins, administrador de la capilla de la Chattanooga Funeral Home Crematory & Florist de East Ridge, afirmó que los costos suben a entre 5.500 y 7.000 dólares con los gastos de transporte, preparación del cadáver, papeleo, servicios fúnebres en Estados Unidos y ataúd. La señora Esquivel dijo que gastó unos 14.000 dólares por un servicio en Dalton, Georgia, y otro en Guatemala, pero que no le importan los costos. "Allí nació y se crió, y allí volveré yo algún día", comentó en la sala de estar de su casa, donde la única foto de su hijo es la de un retrato pequeño, tomada algunas semanas antes del accidente. La mayoría de las fotos se fueron con él a Guatemala. Tras el velorio en Dalton, su hijo José acompañó el cadáver a su pueblo de Guatemala, donde lo esperaban una banda típica y cientos de personas con flores rojas, amarillas y blancas. Las flores blancas, dijo Esquivel, simbolizan su condición de soltero en el momento de su muerte. Blevins dijo que su funeraria tuvo que hacer algunos ajustes desde que comenzó a servir a la comunidad latina hace unos diez años. Ahora tiene varias personas que contactar, incluido un sacerdote católico, para que hagan de traductores. Y sus empleados tienen que aprender a lidiar con distintos consulados para hacer los trámites de repatriación, y con las aerolíneas. La mayoría de los casos tienen que ponerse también en contacto con funerarias del país al que está siendo enviado el cadáver. La Asociación Nacional de Directores de Funerarias ofrece ahora un curso online sobre "Cómo servir a las familias latinas". "En comunidades de todo el país, no importa cuán grandes o pequeñas, sus casas funerarias encaran el reto de servir a familias de otros países, cuyas creencias religiosas, costumbres, tradiciones funerarias y expectativas pueden ser totalmente nuevas para nosotros", dijo la coordinadora de comunicaciones de la asociación, Emilee High, en un correo electrónico. Una diferencia es que en las comunidades de inmigrantes la muerte de uno de los suyos es una tragedia que trasciende el ámbito familiar, indicó Illescas. "Toda la comunidad se une para apoyar a la familia", señaló. "He ido a funerales en los que toda la comunidad asiste a los servicios fúnebres (en Estados Unidos) y en Guatemala el pueblo entero espera el cadáver". "La mayor parte del tiempo, las familias hacen una colecta en la comunidad para cubrir los gastos del traslado", explicó Blevins. Los consulados aportan entre 1.000 y 1.500 dólares, dijo Illescas. "Nosotros recomendamos que las familias se pongan en contacto con nosotros antes de contratar una funeraria para orientarlos y ofrecerles una lista de funerarias con las que hemos trabajado y sabemos qué tipo de servicios ofrecen", señaló. Ahora que su hijo está enterrado en Guatemala, Esquivel visita una cruz de madera colocada en el sitio del accidente a unos cinco minutos de su casa, que lleva el nombre del muchacho. Le quedan una deuda de unos 10.000 quetzales, o 1.000 dólares, y una serie de interrogantes acerca de lo que le sucedió a su hijo. "Es como si estuviese viendo con los ojos de una persona ciega", expresó entre lágrimas. "No puedo ver nada".

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