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Con el muro de Bush, los polleros son ahora más cotizados

Por Elliot Spagat, agencia AP. Desde San Diego, California. | 31 de Diciembre de 2006 a las 00:00
Las medidas más estrictas en la frontera de Estados Unidos han provocado un aumento sustancial en la cantidad de inmigrantes indocumentados que contratan a contrabandistas para ayudarlos a cruzar la frontera desde México. Asimismo, la competencia entre las sofisticadas redes criminales para conseguir clientes ha generado actos de violencia y en algunas ocasiones hasta la muerte. Actualmente, los hombres que trabajaban solos hace una década son secuaces en un proyecto más grande. Reciben aproximadamente 100 dólares por reclutar inmigrantes en las calles de Tijuana para las organizaciones que cobran 1,600 dólares para hacer que las personas atraviesen las montañas cerca de Tecate, 35 millas al este de San Diego. Algunos inmigrantes pagan 2,500 dólares por esconderse en la cajuela de un automóvil. "Los tiempos han cambiado, es mucho más difícil cruzar, hay muchos más problemas y hay que caminar mucho más", dice Juan Torres, de 45 años, un contrabandista que guía inmigrantes a través de las montañas. La tajada que le corresponde es aproximadamente 300 dólares de la tarifa usual de 1,600 dólares. Los conductores y las personas que gestionan los refugios en Estados Unidos también reciben una tajada. Los inmigrantes esperan dentro de los sucios hoteles de Tijuana el momento del viaje en taxi o en autobús antes del atardecer para comenzar una caminata que puede tardar hasta cuatro días. Un conductor los espera en el lado estadounidense y los lleva rápidamente a un refugio, en ocasiones con consecuencias mortales al intentar evadir los puestos de control de la Patrulla Fronteriza. Un hombre que sobrevivió a un choque en julio de 2005 en el que murieron cinco personas —entre ellas su esposa embarazada, un hijo de 13 años y una hija de 11— recuerda que había accedido a pagar 1,500 dólares a una persona para que llevara a su familia de Tijuana a la ciudad de Los Ángeles. El negocio es tan bueno que algunos agentes de la Patrulla Fronteriza están recibiendo una tajada. En una de varias sentencias recientes, dos supervisores en el sureste de California admitieron haber recibido casi 180 mil dólares en sobornos para liberar contrabandistas e inmigrantes indocumentados que estaban bajo custodia federal. Las pruebas abundan en los pueblos fronterizos que crecieron rápidamente, donde los traficantes de personas juntan grupos de inmigrantes para el viaje al norte. También hay pruebas de decenas de miles de entrevistas con inmigrantes indocumentados que cruzan la frontera en encuestas realizadas por una institución de investigación financiada por el gobierno mexicano. "Lo que antes era un gasto discrecional ahora se ha convertido en una necesidad", dice Jorge Santibáñez, supervisor de las encuestas y presidente del Colegio de la Frontera Norte en Tijuana. El análisis de esta gran cantidad de información indica un aumento en el uso de contrabandistas por parte de las personas encuestadas. Los entrevistados eran inmigrantes indocumentados que cruzaron la frontera y regresaron a México durante los siguientes tres años o fueron detenidos y expulsados por la Patrulla Fronteriza. Aproximadamente la mitad de las personas encuestadas en 2005 dijeron haber contratado a un contrabandista. El aumento es claro en comparación con 1 de 3 en 2004 y sólo 1 de 6 en 2000. El porcentaje real de inmigrantes indocumentados que contratan a contrabandistas puede ser incluso más alto que lo que indica el presente análisis. Eso se debe a que las personas pueden sentirse reticentes a admitir que contrataron a alguien para cometer un delito. Y la encuesta excluye a aquellos que lograron cruzar y permanecieron en Estados Unidos: el éxito del cruce a menudo depende de la experiencia del guía que se contrata. "Si uno usa un contrabandista, es menos probable que lo atrapen", según David Spener, experto en inmigración de Trinity University en San Antonio, Texas. Los contrabandistas cruzan a personas hacia Estados Unidos desde la década de 1880, cuando el Congreso restringió por primera vez la inmigración. Sin embargo, el aumento actual coincide con más medidas de seguridad en la frontera como consecuencia de los ataques terroristas de 2001. En este mercado en que los clientes pagan varias veces lo que pagaban hace una década, las organizaciones cada vez más audaces compiten por los clientes. Si bien la mayoría de los contrabandistas acompañan a pie a sus clientes durante las noches en que tardan en atravesar el desierto que domina la frontera de casi 2,000 millas (3,200 kilómetros), otras personas se animan a correr riesgos escalofriantes. Los inspectores del cruce de San Diego encontraron a una muchacha de 14 años amarrada debajo de las barras metálicas del asiento mientras que el conductor estaba sentado encima; en otras ocasiones se ha encontrado a niños dentro de compartimentos que en algún momento funcionaron como tanques de combustible. Los contrabandistas en Arizona han quitado grandes cantidades de clientes a sus rivales; en 2003 esto causó un tiroteo en la autopista que provocó la muerte de cuatro personas. En Tijuana, al otro lado de la ciudad de San Diego, fuertemente fortificada y que constituye el cruce fronterizo más activo del mundo, se encontraron en mayo tres cuerpos baleados cubiertos con pollos asados. En español se usa popularmente el término pollero para referirse al contrabandista. "Se ha convertido en un muy buen negocio, más peligroso, pero en un buen negocio", admite Daniel Rivera, de 63 años, que recluta inmigrantes por las calles de Tijuana. La Patrulla Fronteriza ha aumentado su fuerza de 8,400 oficiales en 1999 a 12,400 en la actualidad, y las proyecciones para fines de 2008 son que alcanzará los 18 mil elementos. La primavera pasada, el presidente George W. Bush envió la Guardia Nacional a la frontera y firmó recientemente una ley para construir un cerco de 700 millas (1,126 km) de longitud desde California a Texas. Mientras tanto, el gobierno está comprando sensores, aeronaves no tripuladas y otros dispositivos para la seguridad de la frontera. Un funcionario de alto rango del Departamento de Seguridad Interna (DHS) dijo que el hecho de que los inmigrantes dependan cada vez más de los contrabandistas demuestra que están funcionando las medidas de seguridad más estrictas en la frontera. La tendencia a contratar contrabandistas es "una consecuencia natural del hecho de que tenemos más control", explica Ralph Basham, comisionado de Aduanas y Protección de la Frontera de EU, que supervisa a la Patrulla Fronteriza. Espera que continúe de esa manera. Los críticos dicen que las medidas en la frontera no están funcionando, que los cálculos del gobierno de EU sugieren que la cantidad de inmigrantes indocumentados en este país registró un aumento de dos millones entre los años 2000 y 2005 y alcanzó una cifra de 10.5 millones de personas. Los grandes beneficiados, dicen, son los contrabandistas. "Ha pasado de ser un negocio modestamente lucrativo a una industria con ganancias espectaculares", dice Wayne Cornelius, experto en inmigración de la Universidad de California en San Diego. Para esta nota, fueron analizadas las respuestas de casi 61 mil inmigrantes indocumentados entrevistados por investigadores del Colegio de la Frontera Norte durante un periodo de seis años en un estudio que finalizó en junio de 2005. Las encuestas del Colegio fueron llevadas a cabo en aeropuertos, estaciones de autobuses y cruces en las ocho ciudades fronterizas mexicanas, desde Tijuana, en el océano Pacífico, hasta Matamoros, al sur de Brownsville, Texas. El estudio es uno de los esfuerzos más ambiciosos por cuantificar el tráfico de inmigrantes entre México y Estados Unidos. De las personas encuestadas, casi la mitad fueron deportadas y la otra mitad regresó a México voluntariamente en los últimos tres años después de cruzar la frontera con éxito. Arizona es el estado donde los contrabandistas tienen mayor importancia, debido a la desolada zona central y al énfasis que pone allí el gobierno de EU en su lucha contra el cruce de inmigrantes indocumentados. Según este análisis, entre las personas que dijeron haber cruzado la frontera a través de uno de los tres corredores principales de Arizona el año pasado, 53% contrataron a un contrabandista. Esa cifra señala un claro aumento en comparación con el 28% registrado en 2003 y con el 18% de 2000. Si se considera la frontera en su totalidad, las cifras son levemente más bajas: 47% de los encuestados en 2005 contrataron a un contrabandista, un aumento en comparación con el 20% en 2003 y el 16% en 2000. Para Melitón Aurelio Sánchez, contratar a un traficante se volvió una cuestión de vida o muerte. El hombre de 42 años, padre de tres hijos, oriundo del estado mexicano de Veracruz, no contrató un contrabandista en 2001 cuando cruzó la frontera cerca de Naco, Arizona, caminando durante dos días con un amigo y finalmente se estableció en Carolina del Norte, donde ganaba 6.00 dólares la hora como carpintero. Más adelante, Sánchez regresó a casa y en mayo partió nuevamente hacia North Carolina. Se detuvo en la misma frontera que había cruzado sin ayuda, asustado por las muertes de cientos de inmigrantes que perecen cada año en el desierto y convencido de que el endurecimiento de las medidas en la frontera lo forzarían a seguir caminos tenebrosos. "Me perdería si lo intentaba solo y moriría en el desierto", dice Sánchez. Por ello, accedió a pagar 1,500 dólares a un contrabandista para que lo llevara a Phoenix. Al igual que muchos, pagaría solamente si lograba cruzar. Durante un periodo de dos semanas intentó cruzar cuatro veces en grupos de aproximadamente 20 personas, pero la Patrulla Fronteriza lo atrapó en cada una de las oportunidades. Después de que lo devolvían a México, Sánchez regresaba al pueblo de Altar, bullicioso y en continuo crecimiento, a 90 minutos en automóvil del límite estatal de Arizona. Los mexicanos que son arrestados normalmente son liberados en las siguientes 24 horas, después de un rápido pasaje por la prisión para que les tomen las huellas dactilares. Sánchez finalmente logró cruzar. En una entrevista telefónica realizada más tarde desde Durham, North Carolina, donde consiguió un trabajo de carpintería a 10 dólares la hora, dijo que había pagado 1,800 dólares a un contrabandista para que lo guiara a fin de atravesar el Río Grande cerca de Laredo, Texas, y lo enviara a Chicago en camioneta y en autobús. Al igual que un ejército en el campo de batalla, las redes de los contrabandistas requieren de distintos niveles de apoyo. Los empresarios han reconstruido Altar, donde surgieron docenas de casas de alojamiento en los últimos años y en la plaza principal, donde se reúnen los inmigrantes antes de cruzar y hay varias camionetas esperando. Puestos de venta de tacos comparten el espacio con una casa rodante de la Cruz Roja que ofrece tratamiento para ampollas, parásitos y dedos hinchados a los inmigrantes. Francisco García, un ex alcalde de Altar que ahora es dueño de un refugio para inmigrantes, contabilizó 14 hoteles, 80 casas de alojamiento y 120 taxis, todo para una comunidad de aproximadamente 16 mil residentes permanentes. "Uno pensaría que es un lugar turístico, pero no tenemos nada, no hay arquitectura, no hay playas, no hay nada para mostrar", comenta García, que describe la ciudad como "la sala de espera de los inmigrantes". Se calcula que 3,500 personas pasan cada día desde enero hasta abril, la temporada pico para cruzar, antes del verano y después de una visita a casa en Navidad. Las camionetas rodean la plaza, apiñan hasta 30 personas en el interior y cobran el equivalente a 30 dólares por persona por un viaje hasta la frontera. La zona roja de Tijuana ofrece otro vistazo del increíblemente sofisticado negocio del contrabando. Antes de las medidas a mediados de 1990, era sabido que los inmigrantes indocumentados atravesaban en grandes cantidades una frontera abierta y luego corrían en la oscuridad. A medida que aumentó la seguridad, los contrabandistas trabajaban de a uno, cobrando 300 dólares por guiar a los inmigrantes en una breve caminata hacia San Diego, donde los clientes se subían a un tranvía o los recogía un amigo o familiar. Luego se colocaron dos cercos de malla de acero y se agregaron más agentes de la Patrulla Fronteriza, iluminación de estadio y sensores de movimiento. Los contrabandistas, también llamados coyotes, han prosperado durante décadas y han sido testigos de épocas de gran crecimiento. La demanda aumentó después de que un programa con México para trabajadores temporales finalizara en 1965 y nuevamente después de las medidas que se tomaron en la década de 1990 en San Diego, California, y en El Paso, Texas. El contrabando de inmigrantes ingresó en una nueva etapa de crecimiento después de 2000, cuando la Patrulla Fronteriza trasladó agentes hacia Arizona. Las estaciones de la Patrulla Fronteriza en Arizona representaban la mitad de los 1.2 millones de arrestos a lo largo de la frontera mexicana en 2005, un aumento con respecto al 8% de los 1.2 millones de arrestos en 1992. Los funcionarios estadounidenses dicen que no realizan ningún esfuerzo sistemático por llevar la cuenta de cuántas de las personas que arrestan contrataron a un contrabandista. La Oficina de Aduanas y Protección de la Frontera no ha respondido a la petición de datos conforme a la Ley de Libertad de Información (FOIA) que AP presentó en abril para que se divulgara qué información se recoge en la base de datos de arrestos de la Patrulla Fronteriza. Bulmaro Arizméndiz del Carpio, de 22 años, fue una de las personas atrapadas por la Patrulla Fronteriza. Decidió ahorrarse los 1,600 dólares y no tener guía, por lo que caminó durante tres días con temperaturas de tres dígitos a comienzos de junio antes de ser arrestado junto con otras 17 personas en las afueras de Phoenix. Se le acabó el agua en el primer día y en dos ocasiones tuvo que llenar los recipientes con agua sucia de los tanques para las vacas. Tenía los pies cubiertos de ampollas. De regreso en una estación de autobús en México, adonde lo deportaron, Arizméndiz dijo: "Si hubiera contratado a un contrabandista habría sido diferente".

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