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Costa-Gavras hace película sobre migrantes en Europa

Ciudad de México. Por Adriana Fuentevilla, Diario DigitalRD.Com | 9 de Noviembre de 2010 a las 00:00
El cine del director Costa-Gavras se caracteriza por tratar temas políticos y sociales. En su más reciente obra, Edén al oeste (Eden à l’Ouest), el autor greco-francés nos habla acerca de la migración hacia Europa desde el punto de vista de Elías (interpretado por Riccardo Scarmarcio), un joven que viaja desde un país incógnito hasta la costa europea, con el anhelo de llegar a París. A lo largo de su travesía, Elías se enfrenta con numerosas dificultades que pondrán a prueba su resistencia y los límites de lo que está dispuesto a hacer con tal de sobrevivir. A partir del momento en que sube al barco que transporta emigrantes, el protagonista afronta una serie de vicisitudes, a veces cómicas y a veces crudas, que lo llevan a parajes desconocidos donde conoce un puñado de personajes que a su manera le ayudan a continuar en el camino para llegar a la ciudad luz. La película refleja la situación de millones de personas en el mundo entero, para quienes efectivamente, el edén promete encontrarse en occidente. Costa-Gavras le dio un carácter universal a su obra, por el cual la historia se puede relacionar con las de todas aquellas personas que abandonan sus hogares para dirigirse al extranjero en busca de la oportunidad de tener una vida mejor. Al hablar un idioma ficticio, que no lo asocia con ningún territorio, la lengua de Elías se vuelve ecuménica. Las situaciones por las que pasa se replican todos los días en otras latitudes, en distintas formas, ocultas bajo la clandestinidad que cobija toda clase de injusticias que las víctimas prefieren callarse para no llamar la atención sobre su estatus. Para emigrar, es necesario pagar un precio alto, que no se puede costear con ninguna divisa. Las dificultades en el camino de Elías, que se conforman por el engaño, el robo, la persecución, el abuso sexual y laboral, nos hablan de una pérdida de dignidad que el protagonista se ve obligado a asumir para asegurar su supervivencia. Como les pasa a tantos inmigrantes, el no tener papeles significa no tener derechos, muchas veces ni siquiera los más básicos. La deshumanización del migrante, siempre innoble, se muestra en su aspecto más somero en la escena de la cacería de migrantes, disfrazada de juego por el personal del hotel donde Elías se esconde, a la que invitan a participar a todos los huéspedes. Este tipo de actividades son una realidad en fronteras como la de México y Estados Unidos, donde los civiles asumen la tarea de expulsar de su territorio a las personas que tratan de comenzar una nueva vida en él. Los migrantes que al inicio de la película van en el barco donde viaja Elías dejan atrás en el mar los últimos vestigios de su vida. Abandonan su identidad para convertirse en un migrante más, sin identidad oficial, sin papeles. Cada uno de ellos tendrá una historia con su propia trama y desenlace, algunos más afortunados que otros. El de Elías queda abierto y es un misterio si conseguirá lo que busca en París, pero para cualquier emigrante, salir es jugársela y mucho queda en manos de la suerte. La premisa de Edén al oeste es atractiva, pero al final la película se queda tibia y la narrativa en forma de road trip impide que las diversas situaciones sean tratadas con suficiente profundidad, pero es una muestra de una realidad que viven cada día a su manera los más de 200 millones de migrantes que existen en el mundo.

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