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Hispanos en EEUU se sienten arrastrados a suburbios

Por James B. Séller, Agencia Reuters. Desde Chicago. | 29 de Enero de 2007 a las 00:00
Durante años, el centro de la comunidad hispana de Chicago, de gran tamaño y rápido crecimiento, fue la Calle 26, una franja de 2,4 kilómetros de almacenes étnicos, restaurantes, librerías y tiendas en un barrio llamado Little Village. Pero eso está cambiando. En una tendencia que se repite en todo Estados Unidos, los inmigrantes latinos están evitando sus enclaves urbanos históricos y mudándose a los suburbios, en algunos casos en cuanto ingresan al país. En el proceso, están realizando el "sueño americano" y al mismo tiempo descubriendo sus límites. Dos fuerzas están dirigiendo el cambio, dijo Marta Tienda, profesora de sociología y asuntos públicos en la Universidad de Princeton. Primero, el crecimiento del empleo ha sido mayor fuera de los centros urbanos que dentro de los mismos. "El flujo inmigratorio es un flujo de asalariados y va hacia donde hay empleos," enunció. La segunda tiene que ver con aspiraciones: al igual que generaciones de inmigrantes antes que ellos, los recién llegados actuales se ven atraídos por los suburbios con la promesa de vecindarios más seguros y buenas escuelas. "Lugares como Little Village les dan a los inmigrantes un espacio en donde orientarse," dijo Tienda. "Pero una vez que hicieron eso, es a menudo mucho más atractivo mudarse a otra parte." Más de 1,6 millones de latinos, la mayoría de ellos con ascendencia mexicana, llaman hogar al gran Chicago. Es la tercera mayor población latina y la segunda comunidad mexicana en Estados Unidos. Little Village sigue siendo un enclave decididamente latino, como lo ha sido desde la década de 1960, cuando los mexicanos revivieron el barrio, luego de que los descendientes de europeos que lo construyeron huyeron hacia los suburbios. La recaudación de impuestos de los negocios de Little Village, en su mayoría familiares, la convierten en una de las mayores fuentes de tributos de venta de Chicago, rivalizando con la ostentosa franja de tiendas sobre la Avenida Michigan, conocida como la "Milla Magnífica." Pero más latinos viven ahora fuera del centro de la ciudad que adentro. Mientras que la población latina de la región metropolitana ha crecido en 200.000 personas desde el 2000, alimentada primariamente por la inmigración desde México, todo el resto del aumento tuvo lugar fuera de la ciudad, en pueblos como Aurora, Joilet y Elgin, en donde han surgido nuevas franjas comerciales. "Little Village ya no es más único," dice Silvia Puente, directora de la Iniciativa Metropolitana de Chicago, un proyecto del Instituto de Estudios Latinos de la Universidad de Notre Dame. Conduciendo alrededor de Little Village, Mark Doyle señala los carteles de "en arriendo" en las vidrieras, más de lo que vio en sus 26 años de carrera en el banco local Second Federal Saving. De alguna manera, Little Village es víctima de su propio éxito. Los valores de arriendo y propiedades sobre la Calle 26 se han ido por las nubes en los últimos años, ya que los propietarios comenzaron a darse cuenta de cuánto dinero estaban ganando sus inquilinos. Como resultado, los comerciantes recién llegados encuentran el precio de entrada prohibitivo. "No es fácil ganar dinero teniendo un puesto de tacos cuando tu renta mensual es de 3.000 dólares," afirmó Doyle. El surgimiento de las bandas violentas, que dividieron Little Village en territorios de guerra y atrajeron un escrutinio más severo por parte de las fuerzas de la ley incluyendo la patrulla de inmigración, han sumado urgencia a la huida a los suburbios. "No es lo que solía ser," dijo Richard De La Vega, dentro de una tienda de videos sobre la Calle 26 que opera desde mediados de la década 1980. "La gente tiene miedo de salir." Es tentador ver el crecimiento de estos enclaves suburbanos étnicos como signo de la asimilación latina. Pero los hispanos que viven en los suburbios a menudo se establecen en grupos que los dejan más segregados que sus pares que quedaron en Chicago. Y la recibida por parte de sus vecinos suburbanos no siempre ha sido con los brazos abiertos. En Carpentersville, un suburbio a aproximadamente 64 kilómetros al noroeste de Chicago, la policía comenzó a controlar el estatus de inmigración de las personas que arrestan, uniéndose a una tendencia controvertida de algunas autoridades locales en todo Estados Unidos. Tienda, de la Universidad de Princeton, observó que en los últimos años se introdujeron 570 ordenanzas anti inmigración en 32 estados en los que surgieron grandes agrupaciones suburbanas de latinos. Algunos expertos piensan que ese contragolpe podría terminar siendo una buena noticia para Little Village y otros enclaves históricos en jurisdicciones en las que no se controla el estatus inmigratorio de las personas a las que se arresta. Y a pesar de sus más recientes desafíos, muchos residentes de Little Village piensan que el viejo vecindario aún tiene vida. "Cada vez que pienso que Little Village cae en una meseta, me sorprende y pasa al siguiente nivel," dijo Juan Girón, que dirige una compañía distribuidora de libros en español y es dueño de una librería sobre la Calle 26.

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