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Combaten en el ejército de EU, pero luego no les dan papeles

Nueva York. Por Miriam Jordan, The Wall Street Journal. | 10 de Febrero de 2011 a las 00:00
Durante los 10 años que Luis López sirvió en el Ejército de Estados Unidos en Irak y Afganistán, ganó medallas y un comandante alabó su servicio como "una parte fundamental del éxito de su unidad de combate en la guerra global contra el terrorismo". López, también es un inmigrante ilegal. A finales de diciembre, el sargento fue dado de baja del ejército tras intentar convertirse en ciudadano de EE.UU., y debido a su situación ilegal, el joven de 28 años de edad nacido en México no podía trabajar mientras esperaba que las autoridades de inmigración decidieran su destino. El caso de López refleja el complejo –y aparentemente inconsistente – enfoque del gobierno estadounidense para tratar con inmigrantes ilegales en las fuerzas armadas. A los ilegales no se les permite enlistarse voluntariamente en el servicio activo. Están sujetos a que se les reclute. Sin embargo, si encuentran una manera de entrar en el Ejército, la Ley de Inmigración y Naturalización de 1952 les proporciona un camino para que se hagan ciudadanos. La ley dice que los extranjeros que hayan "servido honorablemente" durante tiempos de guerra pueden ser naturalizados "hayan o no hayan sido admitidos legalmente a Estados Unidos para recibir residencia permanente". Esta ley ha permitido que algunos inmigrantes ilegales en las fuerzas armadas se conviertan en ciudadanos estadounidenses, aunque no se sabe exactamente cuántos. La ciudadanía no está garantizada, puede cambiar según las decisiones hechas al seno de la burocracia militar. El recluta Juan Escalante de Seattle se unió al ejército con una tarjeta verde falsificada y luchó en Irak. En 2003 confesó que había utilizado documentos falsos. Las fuerzas armadas le permitieron quedarse y EE.UU. le dio la ciudadanía. En sus cuatro años en las Fuerza Aérea, Liliana Plata de Los Ángeles ganó medallas y ascensos. En 2008, fue dada de baja después que el ejército descubriera que utilizó la identidad de otra persona para enlistarse. En diciembre de 2010, el Servicio de Inmigración y Ciudadanía estadounidense negó su solicitud de ciudadanía. Una portavoz dijo que la agencia no puede hacer comentarios sobre casos individuales. Entre septiembre de 2001 y septiembre de 2010, 64.643 miembros de las fuerzas armadas fueron naturalizados por la agencia, que no hace un seguimiento de cuántos eran indocumentados. Funcionarios militares dicen que un examen más riguroso de identificación ha dificultado que los inmigrantes ilegales se alisten en los últimos años. "Nosotros a sabiendas no permitimos que los ilegales se alisten" aseguró el portavoz del ejército, George Wright. Sin embargo, los abogados de inmigración dicen que la práctica está muy extendida, en parte, por el atractivo de la ciudadanía. "Los reclutamientos fraudulentos son bastante comunes y el gobierno puede hacer frente a esto de muchas formas. Si no quieren darles de baja hay una docena de formas de hacerse los de la vista gorda", declaró John Quinn, un abogado de inmigración en San Diego, que participó en el procesamiento de enlistamientos fraudulentos para la Infantería de Marina. Luis López tenía 8 años cuando sus padres lo trajeron a EE.UU. desde México en 1990. Ellos sobrepasaron el tiempo que permitía sus visas de turista y se quedaron fuera del sistema legal. López cuenta que tras terminar la escuela secundaria visitó una oficina de reclutamiento del Ejército en Los Ángeles, y que el reclutador le dijo que no podía alistarse a menos que presentase una tarjeta de residencia o certificado de nacimiento. Unas semanas más tarde le dio al reclutador una "partida de nacimiento" falsa que indicaba que nació en Los Ángeles. "Eso fue todo". "Fui directamente a Corea por un año". Desde principios de 2009 a 2010, también lo enviaron dos veces a Irak y luego a Afganistán, acumulando más de una docena de galardones por su servicio. El verano pasado, después de regresar a su base en Fort Richardson, en Alaska, informó a sus supervisores que era un inmigrante ilegal y estaba dando los pasos necesarios para solicitar la nacionalidad. En agosto, comenzó a llenar los formularios de inmigración para rectificar su situación legal. Uno de los formularios requería al departamento de personal de la base dar fe de que cumplía el servicio militar "honorablemente" para calificar para la ciudadanía. La directora de la división, Sharon Harris, planteó preguntas sobre el hecho de que hubiese presentado documentos falsos para darse de alta, explica López. En septiembre, en la casilla del formulario que preguntaba si "el solicitante sirvió o está sirviendo honorablemente", Harris marcó que no. En respuesta a preguntas enviadas por correo electrónico, un portavoz escribió que Harris marcó "No" porque el sargento López se había "enlistado de manera fraudulenta". El Ejército inició los procedimientos para darle de baja. El 22 de diciembre, López recibió el su documento oficial del ejército, según el cual fue dado de baja debido a "alistamiento fraudulento". Sin embargo, el documento describía su servicio como "honorable", y López presentó una copia del mismo a los funcionarios de inmigración. El oficial al mando de la división de López, el teniente coronel Frank Stanco, proporcionó a O'Donnell una carta de recomendación para la agencia de inmigración diciendo: "Recomiendo que al sargento López se le otorgue la ciudadanía por su compromiso y servicio a Estados Unidos de América." López no recibió noticias sobre su solicitud sino hasta 10 días después que The Wall Street Journal envió preguntas a las autoridades migratorias. La noche del jueves pasado, su abogado recibió la noticia de que López sería invitado a tomar el juramento de ciudadanía la semana que viene. Ahora López podría tratar de volver a alistarse en el ejército. Pero, después de su terrible experiencia dice: "Todavía lo estoy pensando".

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