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Latinos construyen las pirámides del imperio EU

Charlotte. Impre.com | 9 de Marzo de 2011 a las 00:00
Víctor Alfonso Gutiérrez, oriundo de Tierra Blanca en el estado mexicano de Veracruz, escuchó de un amigo que había "mucho trabajo" en una ciudad de Estados Unidos localizada a más de 2,000 millas de su pueblo. Fue así como hace 12 años este mexicano decidió "probar suerte" y buscar "el sueño americano" en Charlotte, la 'Ciudad Reina', que en aquella época comenzaba a edificar sus grandes proyectos. Gutiérrez formó parte de ese 'boom' de mano de obra de construcción hispana, que llegó en su primera oleada a Carolina del Norte en 1990 y luego en 2000, cuando los inmigrantes abandonaron el campo para ir a las metrópolis, atraídos por la abundancia de trabajo, mejores salarios y condiciones habitacionales y educación para sus hijos. "He trabajado en grandes construcciones de Charlotte. El Hotel Ritz-Carlton, dos edificios en Ballantyne, otro en Fairview, el nuevo edificio del Banco de América, que tiene 30 pisos. Nosotros levantamos principalmente los rascacielos del centro de la ciudad", apunta el mexicano. Otro constructor mexicano, Teodoro Palacios, con 11 años de estar radicado en Charlotte, enfatiza: "nuestros antepasados construyeron las pirámides aztecas, ahora construimos las pirámides de Charlotte". Según estadísticas de la Oficina de Asuntos Hispanos y Latinos del gobierno estatal, entre 2000 y 2010 la fuerza laboral de Carolina del Norte creció 22% y los hispanos representaron 35% de ese incremento. Otro rostro de la inmigración hispana en la construcción es el hondureño Mario López, que hace 13 años emigró de Nueva Jersey a Charlotte para conseguir un mejor trabajo. "Al principio no inicié en construcción pero luego un amigo me introdujo a este sector en la rama de la electricidad. Los obreros hispanos a eso se dedicaban en su mayoría, más que a otro sector. La paga era buena y abundaba el trabajo", enfatiza. López dice que los patrones de las compañías que tenían a su cargo los proyectos de rascacielos y complejos deportivos y culturales principalmente del centro de Charlotte "preferían a los hispanos" porque "eran obreros que trabajaban muy duro". "Recuerdo que laboré hasta 70 horas a la semana en la arena de baloncesto porque la querían terminar en tiempo récord. Fueron dos años y medio, cuando los hispanos pusimos desde los ladrillos hasta el concreto, el 80% éramos latinos", añade. Sin embargo, esa contribución ha tenido un costo de sufrimiento. Las estadísticas del Departamento de Trabajo de Carolina del Norte señalan que, desde 2002, un total de 135 hispanos murieron en accidentes de trabajo en el estado, con la mayoría de las fatalidades en sitios de construcción. Otra ciudad que fue un imán para los albañiles latinos fue Raleigh, capital del estado, que según cifras del Censo en 2000 contaba con 24,942 hispanos y en 2010 alcanzó los 45,868. Un reporte de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill realizado en 2006 concluyó que uno de cada tres obreros de construcción en esa ciudad eran inmigrantes hispanos. "Llegaron atraídos por la fuerte demanda que había de trabajo en esa industria, se avisaban entre ellos mismo, construían cárceles, escuelas, puentes, carreteras, el Centro de Convenciones, remodelaban los edificios comerciales y habitacionales del centro", comenta José Cusicanqui, editor del semanario 'Qué Pasa' en Raleigh. Este desarrollo de infraestructura de proyectos del sector público y privado tanto comercial como residencial ha convertido a este estado en la 'nueva frontera del sur'. "La gente se dio cuenta de la importancia de los hispanos cuando en 2006 hubo un día sin inmigrantes y las construcciones se pararon", recuerda Cusicanqui. Para Julián Arcila, director ejecutivo de la Asociación de Contratistas Hispanos de las Carolinas (HCAC), el reto de los obreros de construcción latinos del estado es dar el siguiente paso. "El objetivo como organización es capacitar a los hispanos con el objetivo de que se conviertan en empresarios, dueños de sus propias compañías, para que obtengan mejores contratos laborales", resalta Arcila. Entre 1995 y 2005 se estima que cerca de 112,000 obreros latinos en Carolina del Norte trabajaron en el sector construcción. "Con orgullo puedo decir que los hispanos contribuimos al desarrollo de esta bella ciudad de Charlotte", dice el hondureño López. Innegable que en la transformación de Charlotte, la metrópoli más grande de Carolina del Norte, cuyo nombre fue dado en honor a la Reina Carlota, esposa del rey Jorge III de Inglaterra, está la mano de obra de los latinos. Igual que el progreso de Raleigh, una ciudad adornada por preciosos árboles de roble, que fue bautizada en homenaje a sir Walter Raleigh, constructor de los sueños de Isabel I, también de Inglaterra.

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