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Diputados recordaron a Sandino y Martí, cada uno a su manera

| 17 de Mayo de 2007 a las 00:00
Los liberales se recriminaron lo que en la práctica no han podido hacer por su pretendida unidad, y los sandinistas se arrogaron la posesión del testamento del General de Hombres Libres Augusto C. Sandino, durante la sesión especial del Parlamento dedicada al héroe nacional. La sesión, dedicada al 112 aniversario del nacimiento de Sandino y al 112 aniversario de la muerte de precursor de la independencia de Cuba José Martí, parece que fue vista como muy buena ocasión, principalmente para los liberales del PLC y de ALN, para recriminarse al máximo nivel, lo distante que cada día aparecen. "Debemos frenar esa lucha fratricida, la emboscada, la intriga que nos desgarra. Es preciso que termine cuanto antes la desfiguración de lo irreal, y la construcción de borrosas visiones fatalísticas y apocalípticas", dijo el presidente y diputado del PLC Jorge Castillo Quant. Casualidad o a propósito, el siguiente orador fue Eduardo Montealegre, que fustigó la práctica corrupta de "algunos", que han ocupado cargos para servirse de la patria y no para servir al pueblo, según dijo. Ambos, mencionaron al final de sus discursos, y sin mucho conocimiento, a Sandino y a Martí. Luego le tocó el turno a los sandinistas. Hugo Tórrez, general en retiro y ahora en la acera del Movimiento Renovador Sandinista, leyó un bien elaborado discurso que recoge lo más sobresaliente de Sandino, de los textos y discursos de antaño. Para Torrez, el MRS imita y sigue el legajo de Sandino, cuando critica y lucha contra las injusticia, la corrupción, los pactos y los repactos, de los que ellos se ubican fuera, por lo menos hasta que comience la campaña municipal, en la que irán aliados al PLC y a ALN. A Martí también lo mencionó y hasta hizo gala de conocer de memoria algunos de sus poemas. Fue Edwin Castro, coordinador de la bancada del FSLN, el que se encargó de cerrar la lista de oradores. Acuerpado por los 38 votos de una bancada disciplinada que lo escuchó atenta y en completo silencio, Castro habló de "los verdaderos hijos de Sandino", y evitó las referencias políticas que dieran visos de que algo cambió en la ruta que marcó el héroe nacional. Un grito de ¡Sandino vive! en la bancada rojinegra, selló el documentado discurso del nóbel militante sandinista.

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