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EEUU vuelve a fumar puros nicaragüenses

Agencia AP. Desde Tampa, Florida. | 14 de Noviembre de 2006 a las 00:00
Durante unos cinco años en la década del 90, el negocio de los cigarros en Estados Unidos floreció cuando las celebridades y jóvenes pudientes adoptaron la moda de fumar puros importados.

Por Mitch Stacy, agencia AP. Desde Tampa, Florida

Pero la moda se cortó cuando el suministro de tabaco de calidad no pudo mantener el ritmo de la demanda. El mercado se vio inundado de cigarros caros confeccionados a la ligera con tabaco de inferior calidad, mientras muchos de los esclavos de la moda y los neófitos se pasaron a la moda siguiente. Desde entonces, la industria ha subido lenta pero seguramente. Los productos malos han desaparecido, el mercado se ha asentado y el cultivo de tabaco significa que los puros de la República Dominicana, Nicaragua y Honduras son considerados tan buenos como los famosos cubanos cuya importación está prohibida en Estados Unidos. Los cigarros no se venden todavía como en 1997 –el año de mayor importación–, pero pocos en el negocio se quejan. Las ventas del año pasado triplicaron con creces las de principios de la década del 90 anteriores al auge, si bien nuevas leyes siguen agregando sitios donde se prohíbe fumar. "Nunca ha habido una época mejor para ser conocedor de cigarros", afirmó David "Cigar Dave" Zeplowitz, cuyo programa radial de Tampa que celebra el buen fumar se difunde a todo el país. "La industria del cigarro es vibrante y saludable, aunque hay más restricciones que nunca al derecho a disfrutar de un cigarro". Norman Sharp, presidente de la Asociación Estadounidense del Cigarro, con sede en Washington, dijo que es difícil determinar el número de fumadores de cigarros porque para muchos es sólo una afición ocasional. La industria estudia las tendencias observando el número de cigarros importados por año. En el momento del auge en 1997, las importaciones llegaron a 417,8 millones de cigarros, casi cinco veces más que en 1993, según la asociación. Después de caer a 248 millones en 1999, las cifras empezaron a subir. En el 2005 las importaciones han trepado a 319,4 millones de cigarros, y se anticipa otra ligera alza este año. "Los aumentos son mucho más manejables que en la época del auge donde era casi una locura", comentó Sharp. "Lo que estamos viendo ahora es un crecimiento mucho más manejable". Cooper Gardiner, vicepresidente de comercialización de General Cigar Co., el mayor fabricante de cigarros importados hechos a mano, dijo que no hay una cantidad de fumadores nuevos como en los años 90, pero anticipó que la industria seguirá creciendo lentamente si se mantiene al día el suministro del tabaco. "Creo que la mayoría de la gente está satisfecha", opinó Gardiner, cuya compañía produce marcas populares como Cohiba, Macanudo, Punch y Hoyo de Monterrey. Otra empresa líder en el mercado de los cigarros hechos a mano, Altadis USA, con sede en Fort Lauderdale, fabrica Don Diego, H. Upmann, Montecristo, Romeo y Julieta y otras marcas. General Cigars y Altadis producen cigarrillos finos en varios países hispanoamericanos donde los fabricantes cubanos huyeron después que Fidel Castro nacionalizó la industria del tabaco. Y aunque la prohibición que impuso Washington en 1962 a la importación de artículos cubanos significa que las marcas tradicionales cubanas de cigarros como Cohiba o H. Upmann comercializadas en Estados Unidos no son de Cuba, dichas marcas compradas en el exterior siguen siendo producidas en Cuba por la compañía tabacalera nacionalizada. Zeplowitz dijo que el auge de los cigarros a fines de la década pasada –prefiere llamarlo "renacimiento"– fue positivo para los negocios porque introdujo a mucha gente a los cigarros. Sharp dijo que el auge también impulsó la actividad. Gente más joven fumó cigarros, se lanzaron nuevos fabricantes, se introdujeron más tamaños y formas y los envases fueron más atractivos. Las ganancias generadas durante ese auge permitieron a los fabricantes financiar nueva tecnología agrícola y otros avances, dijo Gary Bahrenfus, gerente del renombrado Edwards Pipe & Tobacco en Tampa. "El producto que estamos fumando hoy no tiene rival", enfatizó Bahrenfus. "Es el mejor tabaco jamás cultivado. Tiene el mayor sabor, la textura precisa. Cuando uno va a comprar un cigarro, no encuentra uno solo que no sea bueno". Los cigarros finos, confeccionados a mano, se venden entre 3 y 7 dólares, y los "super premium" con etiqueta de ediciones limitadas pueden costar 15 dólares cada uno y aun más. Los minoristas dicen que el fumador promedio de cigarros premium fuma de uno a tres por semana. El interés renovado en los buenos cigarros repercute en Tampa, cuyo crecimiento inicial fue impulsado por la industria del cigarro cuando los fabricantes cubanos empezaron a reubicarse aquí en los años de 1880 para escapar la inestabilidad política y laboral en su país. La comunidad del este de Tampa –apodada Ciudad Ybor por el magnate de los cigarros Vincent Martínez Ybor– creció hasta sumar más de 250 fábricas de cigarros con 30.000 empleados. Durante 50 años la ciudad fue la capital del mundo de los cigarros. Varias empresas prominentes siguen basadas en Tampa, incluyendo Oliva Tobacco Co. –abastecedor de una buena parte del tabaco utilizado en cigarros premium que circulan por el mundo– y la firma de ventas por correo Thompson Cigar, uno de los mayores minoristas de cigarros en Estados Unidos. La Ciudad Ybor, ahora revitalizada como distrito de entretenimiento y turismo, presenta comercios especializados que buscan atraer nuevos fumadores con "torcedores" que enrollan los cigarros a la vista. Actualmente se fuman más cigarros, aunque las autoridades de salud pública advierten sobre sus peligros. Los fumadores de cigarros que no inhalan el humo corren menor riesgo de cáncer de pulmón o enfermedades cardíacas, pero de todos modos siguen siendo susceptibles a cáncer de boca, lengua y garganta. Zeplowitz, cuyo programa radial también celebra los elementos asociados al "estilo de vida del cigarro" como bistecs, martinis y vino, no quiere saber nada de eso. Censura a la "policía del placer" y otros que a su juicio tratan de restringir su derecho a disfrutar de un buen puro. "Es como cualquier otro producto de lujo", dijo. "La gente los disfruta más que nunca, pero lo hace con moderación".

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