Escúchenos en línea

Olores y sabores de Guatemala en Semana Santa

Por Amílcar Morales, Prensa Latina. Desde ciudad Guatemala. | 7 de Abril de 2007 a las 00:00
Aún cuando la mayoría de las grandes celebraciones llegaron a Guatemala por la colonia, hoy son parte de costumbres enlazadas de lo ancestral con lo impuesto, cada una con su olor, color y sabor característicos. Por las condiciones en que ocurrió la conquista, la imposición de los rituales religiosos como forma de dominación no pudo estar acompañada de otras expresiones culturales, como es la cocina, la cual sobrevivió y existe con una gran variedad y riqueza. Más aún, la comida fue una de las primeras formas de fusión cultural cuando los conquistadores se vieron obligados a adaptarse a los usos locales debido a las enormes dificultades de transportar sus alimentos habituales desde las metrópolis. Como ocurre con civilizaciones de historia milenaria, los mayas y sus descendientes tenían dentro de sus formas de vida un sistema de culto bien determinado, el cual estaba acompañado de prácticas gastronómicas tradicionales para cada ocasión. A cinco siglos de distancia, entonces, las tradiciones de origen europeo, como la Semana Santa, van de la mano con una muy terrenal gastronomía especial de la temporada donde lo ancestral guatemalteco está siempre presente. De esta manera a las comidas cuaresmales españoles, que a su vez son una amalgama de platos árabes, romanos, godos y, en menor medida, judíos, se añaden sabores y olores muy propios de estas tierras. De allí la presencia en las mesas del pan y del pescado salado, mezclado con dulces elaborados con mieles y chocolates muy guatemaltecos que le dan una presencia nueva, por ejemplo, a los garbanzos españoles. Aquí el sobrio pan nacido en tierras árabes se transformó en el denominado pan de Semana Santa o de Yemas -por la fuerte presencia de huevos en su elaboración- el cual se consume durante toda la semana y da a las casas un aroma muy especial. Se come acompañado de miel de abejas o un buen vaso de chocolate fuerte, caliente y espumoso. El potaje de garbanzos pierde su forma y se transforma en un apetecido postre elaborado con dulce de panela, jengibre y canela, muy bienvenido tras el fuerte sabor del pescado seco a la vizcaína o la guatemalteca, rebosado en huevo y frito con manteca de cerdo. Para beber se ofrecen refrescos de frutas o flores, como la rosa de Jamaica, y horchatas de harina de arroz con canela y ajíes tostados y molidos. Del lunes al domingo los sabores y olores del interior de las viviendas se mezclan con la estela aromática que van dejando las procesiones, donde conviven el incienso oriental traído por Europa con las milenarias resinas indígenas, como el pom y el copal.

Descarga la aplicación

en google play en google play