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En Honduras siguen muriendo campesinos por las bombas que sembraron los contras

Por Benjamín Martínez, diario El Heraldo, de Honduras. Desde La Lodosa, El Paraíso. | 11 de Abril de 2007 a las 00:00
Casi tres décadas después de que fueron enterradas y a pesar de que Honduras fue oficialmente declarado un país libre de minas antipersonal, esos aparatos de la muerte siguen sembrando el terror en las montañas cafeteras de El Paraíso. Las minas antipersonal fueron sembradas por los contrarrevolucionarios nicaragüenses a lo largo de la frontera entre nuestro país y Nicaragua a comienzos de la década de los ochenta y se han cobrado decenas de vidas solo en el departamento de El Paraíso. Otras decenas de personas sobreviven mutilados de los pies o de las manos. En San Francisco de La Lodosa, un caserío cafetalero junto a la frontera, los vecinos han estado encontrando últimamente minas de las que ellos llaman "saltarinas", así como morteros y otra basura de guerra dejada por el conflicto que tanto dolor causó a los inocentes civiles hondureños y a sus familias. Ana Sánchez, es una agricultora, madre de tres hijos y viuda precisamente porque a su hombre, Jesús Velásquez, una mina antipersonal lo mató hace apenas un año, a pesar de que la zona fue declarada libre de minas luego de que los zapadores del grupo de tarea Alpha, del ejército hondureño, y la OEA limpiaron la zona. Ella dijo que junto a sus tres hijos viven con el temor de que en algún momento una mina los atrape a ellos, pues no tienen más remedio que trabajar la tierra y cuando salen a recoger leña les tiemblan las piernas de solo pensar que van a pisar el mecanismo detonador de uno de esos explosivos. Ana recordó que su marido murió instantáneamente luego de que pisó una mina cuando iba detrás unos perros que habían acorralado un animal de monte. Cuando los zapadores pasaron por la zona nadie vivía allí, pero como declararon la zona libre de minas los antiguos propietarios volvieron a sus tierras. Hace dos semanas, Santos Ramón Martínez, hermano del fallecido Jesús Velásquez y cuñado de Ana, se encontró accidentalmente con una mima de las llamadas saltarinas, la desenterró con las puras manos y se le entregó a zapadores nicaragüenses que están desminando del otro lado de la frontera, apenas a una media hora de donde ellos viven. "Estamos llenos de temor, pero qué podemos hacer, todos los días hay que buscar la comidita y uno se juega la vida", dijo Martínez. En total unas nueve personas en dos viviendas viven solo a diez metros del lugar donde encontraron la última mina saltarina. Lo más grave es que los niños de la cercana escuela a veces salen a jugar en unos terrenos aledaños que de acuerdo con los vecinos todavía esconden minas antipersonal y los padres temen que en cualquier momento una tragedia pueda producirse, pues de vez en cuando se escuchan las explosiones que seguramente son de minas pisadas por los animales silvestres. Los habitantes reconocen que no han dado parte a ninguna autoridad, pero esperan que los oficiales de la cercana 110 Brigada de Infantería enviarán personal para investigar en la zona. Ellos creen que sería muy fácil ponerse de acuerdo con los zapadores nicaragüenses para que pasen al suelo hondureño y cumplan allí una labor de desminado, específicamente, en san Francisco de La Lodosa. Los "contras" con la complicidad de las autoridades militares de aquel momento "sembraron" a lo largo de la frontera estos aparatos de la muerte, cuando intentaban sacar del poder al gobierno izquierdista del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN). El vocero de las Fuerzas Armadas de Honduras (FF AA), Ramiro Archeaga, declaró ayer que esa institución conoce de la existencia de estos artefactos en la región. "El problema es que es una zona muy amplia, y no la podemos cubrir toda, pero siempre recibimos informaciones de la existencia de estos artefactos y trabajamos en la desactivación de los que se encuentran. El domingo 1 de abril destruimos uno en el cerro El Brasil de El Paraíso. La población debe llamarnos y no debe manipular estos artefactos", dijo. La Junta Interamericana de Defensa de la OEA sostiene que existían alrededor de 150,000 minas a lo largo de los 500 kilómetros fronterizos entre Honduras y Nicaragua. Los reportes registran varios cientos de hondureños muertos.

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